Advocación mariana
San Juan Diego Cuauhtlatoatzin
Vidente del Tepeyac · Nuestra Señora de Guadalupe (México, 1531)
Un humilde indígena al que la Virgen se apareció en el Tepeyac llamándole «el más pequeño de mis hijos»; en su tilma quedó estampada la imagen de Guadalupe, que evangelizó a un continente.

Quién era
Juan Diego Cuauhtlatoatzin —nombre náhuatl que suele traducirse «el que habla como águila»— nació hacia 1474 en Cuautitlán, en el señorío de Texcoco. Indígena de condición humilde, campesino, fue bautizado hacia 1524-1525 por los primeros misioneros franciscanos. Viudo, vivía su fe con sencillez, caminando cada sábado largas distancias para asistir a la catequesis y a la misa. Murió hacia 1548. San Juan Pablo II lo beatificó en 1990 y lo canonizó en 2002, como primer santo indígena de América.
La aparición
En la madrugada del sábado 9 de diciembre de 1531, camino de la catequesis, Juan Diego oyó un canto suave en el cerro del Tepeyac y vio a una Señora resplandeciente que lo llamaba. Las apariciones se sucedieron entre el 9 y el 12 de diciembre, apenas diez años después de la caída de Tenochtitlán, en plena evangelización de los pueblos indígenas.
Las palabras de la Virgen
La Señora se dirigió a él con ternura, en náhuatl, llamándole «Juantzin, Juan Diegotzin» —«Juanito, Juan Dieguito»—, «el más pequeño de mis hijos». Se presentó así: «Yo soy la perfecta siempre Virgen Santa María, Madre del verdadero Dios por quien se vive». Le pidió que se edificara un templo en aquel lugar para mostrar y dar su amor y auxilio a cuantos la invocaran. Cuando Juan Diego, angustiado por la enfermedad de su tío, quiso evitarla, la Virgen le dijo las palabras que son consuelo de generaciones: «¿No estoy yo aquí, que soy tu Madre? ¿No estás bajo mi sombra y amparo? ¿No soy yo tu salud? ¿No estás por ventura en mi regazo?». Como señal para el obispo, le mandó cortar rosas florecidas fuera de tiempo en lo alto del cerro y llevarlas en su tilma.
Anécdotas y vida posterior
El obispo Zumárraga había pedido una prueba. Cuando Juan Diego desplegó su tilma ante él, las rosas cayeron al suelo y en el burdo tejido había quedado estampada la imagen de la Virgen morena, vestida como una princesa indígena y encinta. Juan Diego pasó el resto de su vida humildemente, cuidando la primera ermita junto a la imagen y contando a cuantos llegaban lo que la «Niña Celestial» le había dicho.
Frutos
La imagen de Guadalupe en la tilma propició la conversión de millones de indígenas y se convirtió en el gran símbolo mariano de América; el santuario del Tepeyac es hoy el más visitado del mundo, y Santa María de Guadalupe es patrona de México y de toda Hispanoamérica.
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