Nuestra Señora del Divino Amor

Advocación mariana

Nuestra Señora del Divino Amor

Advocación mariana de Roma (Lacio)

Según la tradición, la devoción a Nuestra Señora del Divino Amor nace en el siglo XVIII, cuando un peregrino que se dirigía hacia la tumba de los apóstoles en Roma, pasando por una torre fortificada cerca de Castel di Leva, fue sorprendido por una manada de perros amenazadores. Ante el peligro, el hombre levantó la mirada hacia un fresco de la Virgen con el Niño, pintado en la torre, e invocó su auxilio; de forma prodigiosa, los animales se calmaron y se retiraron. A partir de este hecho, considerado milagroso por la piedad popular, comenzó a difundirse la fama de la “Madonna del Divino Amore” como poderosa intercesora.

Datos principales

Lugar: Roma (Lacio, Italia)
Coronación canónica: 1883

Origen e historia

Según la tradición, la devoción a Nuestra Señora del Divino Amor nace en el siglo XVIII, cuando un peregrino que se dirigía hacia la tumba de los apóstoles en Roma, pasando por una torre fortificada cerca de Castel di Leva, fue sorprendido por una manada de perros amenazadores. Ante el peligro, el hombre levantó la mirada hacia un fresco de la Virgen con el Niño, pintado en la torre, e invocó su auxilio; de forma prodigiosa, los animales se calmaron y se retiraron. A partir de este hecho, considerado milagroso por la piedad popular, comenzó a difundirse la fama de la “Madonna del Divino Amore” como poderosa intercesora.

En la historia documentada, la advocación “Madonna (o Nuestra Señora) del Divino Amor” se refiere a un icono de estilo bizantino de la Virgen y el Niño al que se da este nombre en el siglo XVII. El santuario se erige canónicamente como lugar de culto mariano en 1744, pocos años después del acontecimiento del peregrino (datado en 1740), y desde entonces se convierte en meta de peregrinaciones constantes para los fieles romanos. Durante la Segunda Guerra Mundial, el pueblo de Roma renovó su confianza en esta advocación: en 1944 se hizo un voto de protección a la Virgen del Divino Amor y se le atribuyó su intercesión en la preservación de la ciudad, momento en que el papa Pío XII le confiere el título de “Salvadora de la ciudad de Roma”.

La imagen y el santuario

La imagen originaria de Nuestra Señora del Divino Amor es un icono bizantino de la Virgen con el Niño Jesús, de procedencia medieval. Se trata de una representación mariana de estilo oriental, en la que María sostiene al Niño y expresa, según la interpretación teológica contemporánea, la relación singular de la Virgen con el Espíritu Santo y su maternidad espiritual sobre la Iglesia. El fresco antiguo, que se hallaba en la torre de Castel di Leva, fue trasladado más tarde al interior del santuario para su mejor custodia y veneración.

El lugar de culto principal es el Santuario della Madonna del Divino Amore, situado en Castel di Leva, en la periferia de Roma. El primer santuario se erige en 1744 y se convierte pronto en un importante destino de peregrinaciones para los romanos. Con el paso del tiempo, y especialmente tras los hechos de la Segunda Guerra Mundial, el complejo ha sido ampliado y renovado, hasta configurarse hoy como un amplio santuario mariano con templo histórico y nuevo santuario, con intensa vida litúrgica y sacramental. Las fuentes consultadas lo mencionan como santuario mariano y lugar de peregrinación, pero no consta en ellas, de modo explícito, el título formal de basílica menor o santuario nacional; se menciona su carácter de “importante meta de peregrinación” en la diócesis de Roma.

(En la ficha solicitada se indica “Ubicación: Roma, departamento de Lacio, Colombia”. En las fuentes consultadas solo consta con claridad el santuario de Castel di Leva, Roma, Italia como referencia propia de esta advocación, sin datos específicos de un santuario homónimo en el departamento del Lacio en Colombia. Por tanto, cualquier detalle arquitectónico o canónico sobre un posible templo en Colombia no consta.)

Patronazgo y coronación

En el ámbito eclesial, Nuestra Señora del Divino Amor es una advocación particularmente vinculada a la ciudad de Roma. Pío XII la proclamó “Salvadora de la ciudad de Roma” tras la experiencia de la protección atribuida a su intercesión durante la Segunda Guerra Mundial. Además, diversas fuentes de divulgación mariana la presentan como patrona (o patrona secundaria) de Roma, aunque las referencias oficiales completas de la diócesis de Roma no se recogen en las fuentes citadas más allá del título de “Salvadora de la Urbe”. Para el ámbito concreto de “patrona secundaria de Roma” se apoya en la tradición reciente, pero en la documentación consultada no se ofrece un decreto explícito que pueda citarse textualmente.

En cuanto a la coronación canónica, las fuentes son convergentes: la imagen recibió la coronación el 13 de mayo de 1883, realizada por el Capítulo Vaticano. Catholic.net refiere expresamente que fue el “Capítulo Vaticano” quien coronó la imagen en esa fecha. Por tanto, puede afirmarse con seguridad que sí consta una coronación canónica documentada en 1883, aunque las fuentes no precisan el nombre concreto del pontífice como actor directo de la ceremonia (en ese momento el papa era León XIII, pero no se indica que presidiera personalmente el rito).

Fiesta y devoción

La fiesta principal vinculada a esta advocación se celebra el primer domingo después de Pascua, según señalan las fuentes litúrgicas y devocionales, y coincide con el inicio de un ciclo de peregrinaciones nocturnas muy arraigadas en Roma. Desde ese primer domingo después de Pascua hasta el último sábado de octubre, cada sábado a medianoche parte una peregrinación desde la zona de la Puerta Capena (cerca del Circo Máximo) hasta el nuevo santuario del Divino Amor, culminando con la Misa de la madrugada. Esta tradición expresa el carácter popular y penitencial de la devoción, marcando el tiempo pascual y los meses marianos.

El santuario se distingue por una afluencia constante de peregrinos, especialmente los fines de semana y en las grandes solemnidades marianas. Se celebran varias Misas diarias, se ofrecen confesiones y hay adoración prolongada, lo que convierte el lugar en un centro de oración continua por las familias, los enfermos y quienes atraviesan momentos de dificultad. La memoria de la protección de Roma en 1944 sigue viva: el voto del pueblo romano y las peregrinaciones anuales recuerdan ese gesto de confianza en la Virgen del Divino Amor como Madre solícita.

Vínculo con el Rosario

Las fuentes específicas sobre la advocación del Divino Amor no señalan un vínculo exclusivo o particular con el rezo del Rosario (como podría ocurrir, por ejemplo, en Lourdes o Fátima); es decir, no consta una práctica rosariana propia o singular asociada solo a este título. Sin embargo, en la vida ordinaria del santuario y de las peregrinaciones, el Rosario tiene un lugar central como oración mariana por excelencia: se reza en las peregrinaciones nocturnas, en las jornadas de retiro y, de modo especial, en las vigilias y tiempos fuertes del año litúrgico.

Desde una perspectiva mariológica, la advocación del Divino Amor armoniza profundamente con el Rosario: los misterios contemplados en esta oración recorren precisamente la historia del Amor divino manifestado en Cristo y acogido por María. Meditar los misterios gozosos, dolorosos, gloriosos y luminosos uniendo la propia oración a la Virgen del Divino Amor ayuda a comprender cómo María, llena del Espíritu Santo, coopera de manera única al designio de salvación. Así, aunque no exista una forma “propia” de rosario del Divino Amor, el rezo del Rosario se presenta como el camino ordinario por el que los devotos de esta advocación se unen al misterio de la redención y confían sus necesidades a la intercesión de la Madre de Dios.

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Fuentes: tradición del santuario, información diocesana y Wikipedia en español. La distinción entre la piedad popular y la historia eclesial documentada es propia de esta ficha; los relatos extraordinarios se presentan como devoción y no como pronunciamiento doctrinal.

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