Saint André Kim Taegon, le premier prêtre d'un peuple épris de Marie

Anecdotes sur la Vierge Marie

Saint André Kim Taegon, le premier prêtre d'un peuple épris de Marie

Solmoe et Mirinae (Corée)

San Andrés Kim Taegon, el primer sacerdote de un pueblo enamorado de María
Estatua de san Andrés Kim Taegon en Jeoldusan, Seúl (Corea). Foto: Hijin6908, Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0)

La Iglesia en Corea tiene un origen poco común: a finales del siglo XVIII fueron unos laicos quienes, leyendo libros cristianos llegados de China, abrazaron la fe antes de que llegaran misioneros residentes. Aquellos catecismos y manuales traían la doctrina y las oraciones de la tradición católica, y con ellas el nombre y el amor a María. De esa primera comunidad, regada después por décadas de persecución, brotaría una de las Iglesias más vivas de Asia.

En ese suelo nació san Andrés Kim Taegon, en Solmoe, considerada cuna de su familia y uno de los primeros núcleos católicos del país. Es históricamente seguro que fue el primer sacerdote coreano y que murió mártir en 1846, todavía joven. Su cuerpo reposa en Mirinae, hoy lugar de peregrinación. Pertenece al grupo de los 103 mártires coreanos canonizados por san Juan Pablo II en Seúl, en 1984: un dato del magisterio universal, plenamente cierto, y un gesto eclesial hermoso, pues la canonización se celebró en la propia tierra regada por su sangre.

Conviene ser honestos con la devoción: las fuentes generales atestiguan con firmeza su santidad, su sacerdocio y su martirio, pero no consta en ellas una escena concreta de rosario escondido o de oración mariana explícita atribuida a san Andrés Kim. No se inventa lo que no está documentado. Lo que sí puede decirse con verdad es que vivió y murió dentro de una comunidad cuya catequesis incluía la piedad mariana, y que esa misma comunidad lo venera hoy junto a la Virgen.

Ainsi, un pèlerinage à Solmoe ou Mirinae, c'est pénétrer au cœur d'une foi née presque dans le silence, nourrie par les laïcs et scellée par les martyrs. Marie, présente dès les premiers livres qui ont éveillé les consciences, apparaît comme la Mère qui a accompagné un peuple dans ses heures les plus sombres. Le Rosaire, si répandu aujourd'hui dans les familles coréennes, perpétue cet héritage : méditer sur les mystères du Christ en communion avec sa Mère, c'est suivre jusqu'au bout le chemin parcouru par le premier prêtre de Corée.

La fe que entró por unos libros se hizo sangre de mártires; y junto a esa sangre, callada y fiel, estaba la Madre.
Fuentes: actos del magisterio sobre la canonización de los 103 mártires coreanos (san Juan Pablo II, Seúl, 1984); historiografía general sobre el origen laical de la Iglesia coreana; datos sobre san Andrés Kim Taegon como primer sacerdote y mártir (1846) y los lugares de Solmoe y Mirinae. Se indica como «no consta» cualquier escena mariana concreta atribuida personalmente al santo.

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