Santuario de Nuestra Señora de La Salette — Dossier completo

Santuario de Nuestra Señora de La Salette

En 1846, la Virgen Dolorosa se apareció llorando a dos pastorcillos en lo alto de los Alpes franceses, a 1770 metros de altitud, con un mensaje de urgente conversión para un pueblo que se había alejado de Dios. Primera aparición mariana reconocida de la era contemporánea y mensaje profético para la Iglesia entera. Dossier completo con la historia, los secretos y la espiritualidad del Santuario de La Salette.

Aparición reconocida por la Iglesia en 1851 1770 metros de altitud · Alpes franceses Primer gran mensaje mariano de la era moderna

I. Introducción: la Virgen que lloraba en los Alpes

El Santuario de Nuestra Señora de La Salette se alza a 1770 metros de altitud en el macizo del Taillefer, en el departamento de Isère, en los Alpes franceses, a unos veintinueve kilómetros de la ciudad de Corps y a setenta y cinco de Grenoble. Es el santuario mariano situado a mayor altitud de Europa occidental, y es también, en muchos sentidos, el más austero y el más dramáticamente bello: un lugar de montaña, de silencio y de roca, donde el viento arrastra las nubes y la nieve permanece varios meses al año, y donde una fuente manar junto al lugar donde la Virgen se apareció llorando a dos humildes pastorcillos alpinos el 19 de septiembre de 1846.

La aparición de La Salette es singular en la historia de las apariciones marianas por la intensidad de su mensaje, que es ante todo un mensaje de dolor materno: la Virgen aparece llorando, sentada sobre una roca, con la cara entre las manos, en actitud de profunda aflicción. No es la Virgen gloriosa de Guadalupe ni la Inmaculada radiante de Lourdes ni la Señora luminosa de Fátima: es la Madre Dolorosa que llora por sus hijos que la han olvidado y que se han alejado de Dios, la que intercede por ellos ante su Hijo Jesús y que viene a advertirles, con amor, de las consecuencias de ese alejamiento.

El mensaje de La Salette tiene una urgencia particular para el mundo de hoy: el trabajo dominical, la blasfemia, el abandono de la oración y el descuido de los sacramentos son exactamente los mismos fenómenos que la Virgen señaló en 1846 como causas del alejamiento de Dios. El santuario de La Salette, con sus más de 200.000 peregrinos anuales, sigue siendo un lugar de peregrinación activa, de conversión y de escucha silenciosa del llanto de la Madre.

II. El contexto histórico: Francia en 1846

Francia en 1846 estaba sumida en una profunda crisis social y religiosa que era al mismo tiempo una herencia de la Revolución de 1789 y una consecuencia del proceso de industrialización y urbanización acelerada del siglo XIX. El reinado de Luis Felipe (la Monarquía de Julio, 1830-1848) representaba el triunfo de la burguesía liberal, laicista y antirreligiosa. El clero había perdido mucho de su influencia en las ciudades, y en el campo, aunque la práctica religiosa era más sólida, el descuido de los sacramentos, el trabajo en días festivos y la blasfemia habitual eran fenómenos extendidos.

La región de Corps y el Oisans, en el departamento de Isère, era una zona rural y montañosa, de economía ganadera, con una población campesina de fe sencilla pero frecuentemente descuidada. El trabajo en domingo era habitual en épocas de cosecha. La blasfemia —especialmente los «juramentos en nombre del Hijo de Dios»— era una costumbre tan arraigada que prácticamente nadie la percibía ya como pecado.

En ese contexto, las advertencias de la Señora de La Salette tienen una precisión sociológica asombrosa: no habla de herejías ni de persecuciones políticas, sino de las infracciones morales cotidianas y concretas de aquella comunidad agrícola alpina. Lo que la Virgen llora en La Salette no es una abstracción: es la realidad de la vida de los campesinos de Isère en 1846.

III. Los dos pastorcillos

Mélanie Calvat (Mélanie Mathieu)

Nacimiento: 7 de noviembre de 1831, Corps (Isère)

Fallecimiento: 15 de diciembre de 1904, Altamura (Italia)

Hija mayor de una familia de jornaleros muy pobres. Desde muy pequeña fue puesta a servir como pastora en distintas granjas del Oisans. Apenas sabía leer. Vivió una infancia de soledad y pobreza extrema. Tenía catorce años en el momento de la aparición. Su vida posterior fue azarosa y sufrida: entró en religión en varias comunidades sin poder establecerse, vivió largos períodos en el extranjero (Gran Bretaña, Italia, Palestina) y publicó su versión extendida del secreto, que suscitó controversias. Murió sola en Altamura, Italia, en 1904.

Maximin Giraud

Nacimiento: 26 de agosto de 1835, Corps (Isère)

Fallecimiento: 1 de marzo de 1875, Corps (39 años)

Hijo de un guarnicionero. De carácter vivo y espontáneo, apenas tenía escolarización. Tenía once años en el momento de la aparición. Su vida posterior fue difícil: intentó estudiar para sacerdote sin conseguirlo, se alistó en el ejército pontificio, vendió por un tiempo unas «pastillas de La Salette» que causaron escándalo, y vivió en pobreza. Regresó a Corps, donde murió de tuberculosis a los treinta y nueve años. Fue siempre coherente en su testimonio de la aparición.

Los dos pastorcillos se habían conocido apenas unos días antes de la aparición. Mélanie llevaba varias semanas trabajando para el granjero Pierre Selme en los pastos de montaña de la Planeau. Maximin había llegado a esa zona el día anterior, el 18 de septiembre, para acompañar temporalmente a la hija del granjero Baptiste Pra. Los dos niños no eran amigos íntimos ni habían tenido relación previa. Este detalle es relevante para la evaluación de la credibilidad del testimonio: sus relatos de la aparición, recogidos por separado, coinciden en todos los puntos esenciales pese a la brevedad de su trato.

IV. La aparición: 19 de septiembre de 1846

El lugar y la hora

El 19 de septiembre de 1846, que era viernes, los dos niños subieron con sus rebaños a los pastos de la Planeau, a unos 1850 metros de altitud, en las laderas del monte Gargas, en el término municipal de La Salette-Fallavaux. Era una jornada fría y despejada, típica de los Alpes a finales de septiembre. A mediodía, los niños comieron su almuerzo junto a una fuente que manaba entre las rocas, y luego se echaron a dormir durante una hora aproximadamente.

Al despertar, alarmados porque las vacas habían desaparecido del lugar, los niños subieron una pequeña cima para buscarlas, y al bajar de regreso vieron junto a la fuente una luz de extraordinaria intensidad, como «un sol caído», mucho más brillante que el sol mismo. Mélanie, asustada, soltó su cayado; Maximin la animó a que lo recogiera, diciendo: «Tengo mi cayado, puedo defenderme.»

La descripción de la Señora

De entre aquella luz surgió la figura de una mujer sentada sobre la roca donde los niños habían comido, con los codos apoyados en las rodillas y la cabeza entre las manos, en actitud de llanto. Estaba vestida con un traje largo y blanco con destellos de luz; llevaba un delantal de oro, unas flores a modo de guirnalda alrededor de la cabeza, una capuchina de color más brillante y, sobre los hombros, una cadena de flores que sostenía un crucifijo rodeado de instrumentos de la Pasión: un martillo a la derecha y unas tenazas a la izquierda. Sus zapatos eran blancos con rosas doradas, y su corona relucía como el sol.

Cuando los niños se acercaron —ella les dijo: «Venid, hijos míos, no tengáis miedo; estoy aquí para contaros una gran noticia»—, pudieron ver su rostro: era hermoso pero cubierto de lágrimas. La Señora no dejó de llorar durante toda la aparición, incluso mientras hablaba.

El discurso de la Señora en patois

La Señora comenzó a hablar en francés, pero luego continuó en el dialecto patois del Oisans, la lengua que los niños comprendían mejor. El hecho de que la Virgen se comunicara en el dialecto local de aquellos campesinos alpinos fue interpretado desde el principio como un signo de su condescendencia materna y de la autenticidad de la aparición: ninguna persona cultivada de la época habría imaginado una aparición celestial en patois.

El discurso de la Señora, tal como lo recordaron y transcribieron los niños, se articulaba en varias partes:

Las quejas de la Madre

«Si mi pueblo no quiere someterse, me veo obligada a dejar caer el brazo de mi Hijo. Es tan fuerte y tan pesado que ya no puedo sostenerlo. Hace tanto tiempo que sufro por vosotros. Si quiero que mi Hijo no os abandone, tengo que rogárselo sin cesar; y vosotros no hacéis caso de eso. Aunque recéis bien, aunque obréis bien, no podréis compensar la pena que me tomé por mi Hijo. Os he dado seis días para trabajar; me he reservado el séptimo, y no me lo quieren dar. Esto es lo que hace tan pesado el brazo de mi Hijo. Los que llevan carretas no pueden jurar sin poner el nombre de mi Hijo. Estas son las dos cosas que hacen tan pesado el brazo de mi Hijo.»

«Si mi pueblo no se convierte, seré forzada a soltar el brazo de mi Hijo. Él es tan fuerte y tan pesado que no puedo ya sostenerlo.»

— Nuestra Señora de La Salette, 19 de septiembre de 1846

Las advertencias de hambre y enfermedad

«Si la cosecha se pudre, no es más que por culpa vuestra. Os lo hice ver el año pasado con las patatas; vosotros no hicisteis caso de ello. Al contrario, cuando encontrasteis las patatas podridas, maldijisteis, echando el nombre de mi Hijo. Van a seguir pudriendo; por la Navidad no quedará ninguna.»

Los niños no entendían la palabra «patatas» en francés (la Señora dijo pommes de terre); Maximin preguntó a Mélanie en patois qué significaba eso, y la Señora les contestó en patois: «Ah, vosotros no lo comprendéis, hijos míos; os lo voy a decir de otro modo.» Y continuó: «Si tenéis trigo, no sembréis. Lo que sembréis los insectos se lo comerán, y lo que quede se desmigará al trillarlo. Habrá una grande hambre. Antes de que llegue el hambre, los niños menores de siete años serán acometidos de temblores y morirán en los brazos de las personas que los tengan. Los demás harán penitencia por el hambre. Las nueces se apolillarán, las uvas se pudrirán.»

A continuación, la Señora comunicó en secreto a cada uno de los niños un mensaje particular —los llamados «secretos»—, que Mélanie y Maximin prometieron no revelar el uno al otro ni a nadie más por el momento.

La promesa y la despedida

Después de los secretos, la Señora reanudó su discurso en voz alta: «Si se convierten, las piedras y las rocas se convertirán en montones de trigo, y las patatas se encontrarán sembradas solas en los campos.» Luego preguntó a los niños si rezaban bien, y ellos, con la franqueza de la infancia, respondieron que casi no. La Señora les dijo que debían rezar por la mañana y por la noche, aunque fuera solo un padrenuestro y un avemaría, y que si no podían hacer más, rezaran siquiera eso. Les encargó también que transmitieran su mensaje al pueblo entero.

Luego cruzó el arroyo que corría junto a la fuente, se elevó suavemente por el monte, de cara a los niños, sin darles la espalda, y se disolvió en la luz. Mélanie recordó que al final solo veían la cabeza, luego nada.

La fuente y las flores

Un detalle llamativo de la aparición es que la fuente junto a la cual se sentó la Señora, que en esa época del año estaba seca —los niños lo confirmaron—, empezó a manar agua abundante a partir del día de la aparición. Esta agua, analizada posteriormente sin que se encontrara ninguna composición mineral especial, fue utilizada por los peregrinos desde el principio y se han documentado numerosas curaciones atribuidas a ella.

V. El mensaje de La Salette: el llanto de la Madre

El mensaje de La Salette tiene una estructura teológica profunda que los teólogos han analizado a lo largo de más de ciento setenta años. Sus elementos principales son:

El «brazo de mi Hijo»

La imagen del «brazo de su Hijo» que la Virgen apenas puede sostener es la imagen central del mensaje. Cristo, el juez, está a punto de dejar caer su brazo —es decir, de dejar de contener la acción de la justicia divina— sobre un pueblo que le ha ofendido gravemente. La Virgen intercede entre la justicia de Cristo y la misericordia: lleva ya siglos sosteniendo ese brazo, rogando por nosotros. Pero hay un límite más allá del cual la intercesión materna no puede evitar las consecuencias de las opciones libremente elegidas por los hombres.

Esta imagen no es nueva: está enraizada en la teología medieval de María como «medianera» y «corredentora», y tiene paralelos en visiones de santa Hildegarda de Bingen, santa Brígida de Suecia y santa Catalina de Siena. Lo que la hace nueva en La Salette es la crudeza y la humanidad de la imagen: María no está gloriosamente entronizada, sino extenuada por la tarea de la intercesión, al borde del agotamiento.

El trabajo en domingo y la blasfemia

Los dos pecados concretos que la Virgen señala como causas del «peso del brazo de su Hijo» son el trabajo en domingo y la blasfemia. El primero es la violación del precepto del descanso dominical, que el Concilio de Trento había confirmado y que la Revolución Industrial estaba ya comenzando a erosionar. El segundo —«los que llevan carretas no pueden jurar sin poner el nombre de mi Hijo»— es la blasfemia habitual de los muleros y conductores de carros, que juraban rutinariamente en el nombre de Jesucristo. Ambos fenómenos eran hechos documentados en la región de Corps y el Oisans en 1846.

Los anuncios de carestía

La Señora anuncia con precisión las consecuencias de la infidelidad: la podredumbre de las cosechas de patatas y trigo, la enfermedad de los niños menores de siete años, el hambre. Estos anuncios tienen una notable precisión histórica: en 1845-1846 se había producido ya en toda Europa la gran epidemia de Phytophthora infestans, el hongo que destruyó las cosechas de patatas en Irlanda (donde provocó la Gran Hambruna, con más de un millón de muertos) y en el continente. En Francia, la cosecha de patatas de 1846 fue en efecto desastrosa. La Señora habla de lo que el pueblo de Corps ya ha empezado a ver, pero sin relacionarlo aún con sus propias conductas morales.

La condición de la promesa

La Señora cierra el mensaje con una promesa implícita: «Si se convierten, las piedras y las rocas se convertirán en montones de trigo.» Esta promesa de abundancia como recompensa de la conversión es característica de la profecía bíblica (Ez 36,29; Jl 2,23-24) y enraíza el mensaje de La Salette en la tradición veterotestamentaria de los profetas que anuncian la catástrofe y llaman a la conversión para evitarla.

VI. Los secretos de La Salette

Uno de los aspectos más debatidos y fascinantes de La Salette son los «secretos» que la Señora confió por separado a Mélanie y Maximin. Los niños prometieron no revelárselos el uno al otro, y durante varios años mantuvieron ese secreto con una fidelidad que asombró a cuantos los interrogaron.

Los secretos ante las autoridades

En 1851, tras años de presiones por parte de las autoridades eclesiásticas que querían conocer el contenido de los secretos para completar la investigación sobre las apariciones, el Papa Pío IX recibió cartas selladas de ambos niños con sus respectivos secretos. El Papa las leyó y declaró: «Estos secretos no son para mí», dejando entender que su contenido le concernía personalmente como jefe de la Iglesia.

El secreto de Maximin

El texto del secreto de Maximin, redactado en 1851, es breve y de contenido críptico. Habla de una «prueba para la fe» que se acerca, de la corrupción del clero, y termina con palabras de aliento para el Papa y la Iglesia. Fue publicado en parte en el siglo XIX por el obispo de Montpellier sin autorización romana, lo que causó polémica. El texto íntegro no fue publicado de manera oficial.

El secreto de Mélanie y sus versiones

El secreto de Mélanie es mucho más extenso y complejo. Su primer texto, entregado al Papa en 1851, fue breve. Pero en 1879, ya en Italia, Mélanie publicó en Lecce una versión muy extensa de su secreto, que incluía referencias a la inminencia de grandes tribulaciones para la Iglesia, la corrupción del clero y la jerarquía, el advenimiento del anticristo y la purificación del mundo. Esta versión extensa fue puesta en el Índice de libros prohibidos por la Congregación del Santo Oficio en 1923. La Iglesia nunca ha pronunciado un juicio definitivo sobre los secretos de La Salette más allá del reconocimiento general de la autenticidad de la aparición.

Nota sobre los secretos

La Iglesia reconoce la autenticidad de la aparición de La Salette (decreto episcopal de 1851, confirmado repetidamente por la Santa Sede), pero no se pronuncia sobre el contenido de los secretos como mensaje de fe obligatorio. Los secretos forman parte del patrimonio devocional de La Salette, pero no son artículo de fe. La versión extensa del secreto de Mélanie publicada en 1879 está formalmente prohibida en su edición impresa original (Index de 1923), aunque hay ediciones posteriores que han circulado.

VII. El proceso eclesiástico y el reconocimiento (1851)

La investigación eclesiástica sobre las apariciones de La Salette fue una de las más rigurosas y exhaustivas de la historia. Estuvo dirigida por el obispo de Grenoble, Mons. Philibert de Bruillard, que nombró una comisión de dieciséis miembros —teólogos, médicos y juristas— para examinar el hecho.

  • Octubre de 1846: Primeros interrogatorios a los niños por parte del párroco de Corps, el padre Mélin, y del obispo de Grenoble. Los testimonios de Mélanie y Maximin, tomados por separado, coinciden en todos los puntos esenciales.
  • Noviembre de 1846: El obispo de Grenoble autoriza provisionalmente las peregrinaciones. El canal de la fuente que maná junto al lugar de la aparición se limpia y se encauza.
  • 1847-1848: Primeras peregrinaciones organizadas. Se documentan numerosas curaciones atribuidas al agua de la fuente. La primera, acaecida el 1 de octubre de 1846 —a doce días de la aparición—, fue la curación repentina de Louis Bouillet, un niño de cuatro años de Corps, paralítico e incapaz de caminar, que fue llevado a la fuente por su madre.
  • 19 de septiembre de 1851: Quinto aniversario de la aparición. El obispo Philibert de Bruillard emite el decreto episcopal que declara las apariciones «dignas de fe» y autoriza el culto litúrgico a Nuestra Señora de La Salette. El texto del decreto reconoce «la realidad de la aparición» y declara que los hechos «llevan en sí mismos todos los caracteres de la verdad y que los fieles están justificados en creer en ella con certeza».
  • 1852: El sucesor de Bruillard, Mons. Ginoulhiac, confirma el reconocimiento y autoriza la construcción del santuario en la montaña.
  • 1879: La Congregación de Ritos aprueba el Oficio litúrgico propio de Nuestra Señora de La Salette.
  • 1904: Coronación pontificia de la imagen de Nuestra Señora de La Salette, por delegación del Papa Pío X.

VIII. Historia del Santuario

Los primeros años (1846-1860)

Desde los días inmediatamente posteriores a la aparición, la montaña de La Salette se convirtió en un lugar de peregrinación. Los primeros peregrinos eran vecinos de Corps y del Oisans que subían a pie a los pastos de la Planeau para rezar junto a la fuente y llevarse agua. En el invierno de 1846-1847 ya se construyó una primera capilla provisional. En 1852, el obispo de Grenoble autorizó la construcción de un santuario definitivo.

La basílica fue construida entre 1852 y 1865 bajo la dirección del arquitecto Pierre-Charles Bossan —el mismo que más tarde diseñaría la basílica de Fourvière en Lyon—. La primera piedra fue bendecida el 25 de mayo de 1852 por el obispo Ginoulhiac. La basílica fue consagrada el 21 de agosto de 1879 por el cardenal Guibert, arzobispo de París.

Las controversias del siglo XIX

La historia de La Salette no estuvo exenta de turbulencias. El proceso de reconocimiento eclesiástico fue complicado por la vida posterior de los dos videntes: Maximin tuvo episodios de conducta escandalosa que suscitaron dudas sobre su credibilidad; Mélanie publicó versiones cada vez más extensas de su secreto, que generaron controversias teológicas y fueron finalmente condenadas. Además, en 1854, el padre Charles Déléon escribió un folleto atacando la autenticidad de las apariciones que tuvo gran difusión; fue respondido por el obispo de Grenoble y sus argumentos fueron refutados uno a uno. En 1857, un sacerdote alsaciano, el padre Cartellier, afirmó que el supuesto origen sobrenatural de la fuente era falso y que él mismo la había visto manar antes de 1846; su testimonio fue desacreditado.

El santuario en el siglo XX

En el siglo XX, el santuario de La Salette vivió varias fases de renovación y crecimiento. Durante la Segunda Guerra Mundial, el acceso a la montaña fue muy difícil, y las peregrinaciones se redujeron drásticamente. En la posguerra, el santuario experimentó un notable renacimiento espiritual. Juan Pablo II visitó La Salette en 1983, durante su primer viaje pastoral a Francia, y rezó ante la imagen de la Virgen Dolorosa en la basílica. En 1996, el cardenal Ratzinger (futuro Benedicto XVI) presidió las celebraciones del 150 aniversario de la aparición.

IX. Los Misioneros de Nuestra Señora de La Salette

En 1852, el obispo de Grenoble fundó una congregación religiosa para atender el santuario de La Salette: los Misioneros de Nuestra Señora de La Salette (MS). La congregación fue aprobada por la Santa Sede en 1890 y tiene actualmente presencia en más de veinticinco países de todos los continentes. Su carisma específico es la misión evangelizadora inspirada en el mensaje de La Salette: ir al encuentro de las personas más alejadas de la Iglesia, como la Virgen fue al encuentro de los dos pastorcillos que apenas sabían rezar, y llamarlos a la conversión con paciencia y amor materno.

Los misioneros salecianos —como se les llama a veces— han desarrollado una espiritualidad propia centrada en tres pilares: la reconciliación (el mensaje de penitencia de La Salette), la evangelización (transmitir el mensaje a los más alejados) y la comunidad (vivir el mensaje en fraternidad). Su espiritualidad ha influido profundamente en la renovación litúrgica y pastoral del siglo XX.

X. Influencia en la espiritualidad y la literatura

La aparición de La Salette ha tenido una influencia cultural y literaria sorprendentemente amplia, especialmente en Francia.

La Salette y el catolicismo literario francés

El escritor y filósofo católico Léon Bloy fue uno de los grandes apóstoles del mensaje de La Salette en el mundo literario. En 1879 publicó Le salut par les Juifs, donde La Salette ocupa un lugar central, y en 1892 Je m’accuse, donde defiende apasionadamente la autenticidad de la aparición. Para Bloy, La Salette era el «Evangelio jamás terminado» de la época moderna: la Virgen que llora es la imagen de la Iglesia que sufre por los pecados de sus hijos.

Joris-Karl Huysmans, el novelista de À rebours, tuvo su conversión definitiva al catolicismo a través, en parte, del contacto con la espiritualidad de La Salette. El poeta Paul Claudel citó a La Salette en varios de sus escritos. El escritor Georges Bernanos, autor de Diario de un cura rural, vivió también marcado por la espiritualidad de La Salette: la imagen de la Virgen dolorosa atraviesa toda su obra.

La Salette y la teología contemporánea

El Papa Benedicto XVI, en su encíclica Deus Caritas Est (2005) y en numerosos discursos, ha evocado implícitamente el tema del «llanto de María» como imagen de la misericordia divina que sufre por los pecados de sus hijos. La Salette ofrece a la teología contemporánea una imagen particularmente vívida y concreta de la intercesión materna, que complementa y enriquece la imagen más luminosa de Lourdes y Fátima.

XI. Datos del Santuario actual

1770 mAltitud del santuario
200.000+Peregrinos al año
1851Año del reconocimiento ecl.
25+Países con Misioneros de La Salette
1846Año de la aparición
19 sep.Fiesta litúrgica anual

Localización: Commune de La Salette-Fallavaux, département d’Isère, Francia. Coordenadas: 44°51′21″N 5°58′47″E. A 29 km de Corps y a 75 km de Grenoble.

Acceso: Por carretera desde Corps (D212A), 16 km por una carretera de montaña muy sinuosa (D212 cerrada en invierno). El santuario es accesible en verano y hasta finales de otoño. En invierno, los accesos suelen estar cortados por la nieve.

Fiesta litúrgica: 19 de septiembre (fecha de la aparición). Es la peregrinación principal del año. El santuario está abierto al culto de finales de mayo a principios de octubre.

La fuente: El manantial que brotó el día de la aparición sigue manando. Sus aguas son recogidas por los peregrinos. Se documenta desde 1846 una serie continua de curaciones y gracias atribuidas a esta agua.

La imagen venerada: La imagen de Nuestra Señora de La Salette es una escultura de piedra que representa a la Virgen sentada, llorando, con el crucifijo sobre el pecho. Fue coronada pontificalmente en 1904.

Acogida: El santuario dispone de hostelería y casa de retiros. Es frecuente que grupos parroquiales y movimientos religiosos realicen retiros espirituales en el lugar.

XII. Oración a Nuestra Señora de La Salette

Reconciliadora de los pecadores,
Madre Dolorosa de La Salette,
que descendiste de los Cielos a esta montaña
para llorar con nosotros y por nosotros,
que nos pediste la conversión con el corazón en la mano:

Perdónanos, Madre,
los domingos desperdiciados,
las palabras que te hieren,
el alejamiento de tu Hijo
que tanto te cuesta sostener.

Tú que no has dejado de interceder por nosotros
desde aquella tarde de septiembre de 1846,
no dejes caer el brazo de tu Hijo sobre nosotros:
sigue rogando, sigue llorando,
hasta que te convirtamos el llanto en sonrisa.
Amén.

🙏 Nuestra Señora de La Salette, Reconciliadora de los pecadores, ruega por nosotros.


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