Oraciones y novenas marianas · Sevilla
Nueve días de oración a Nuestra Señora de Valme, patrona de Dos Hermanas (Sevilla), ligada por la tradición al voto de san Fernando.
Nueve días previos a su fiesta · Romería de Valme en octubre

Novena original de rezaelrosario.org.
Las meditaciones y oraciones propias de esta página han sido preparadas expresamente para acompañar durante nueve días esta devoción. No son transcripción ni adaptación encubierta de ediciones ajenas.
Válme: la Virgen que socorre a quien la invoca
Nuestra Señora de Valme, venerada en Dos Hermanas (provincia de Sevilla, Archidiócesis de Sevilla), es una advocación de raíz medieval cuyo nombre mismo —«válme», forma antigua de «válgame», «ayúdame»— resume la actitud del corazón que se acerca a Dios pidiendo auxilio. Esta novena quiere ser nueve días de oración serena y confiada al calor de esa invocación, para que quien la reza aprenda a decir con verdad, ante cualquier dificultad: «Señor, válgame; Madre, ayúdame a llegar hasta tu Hijo».
Conviene recordar desde el inicio, con claridad, que la adoración se debe solo a Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo. A María la honramos, la veneramos y le pedimos su intercesión, que no sustituye ni compite con la mediación única de Cristo, sino que a ella nos remite. Cuando invocamos a Nuestra Señora de Valme, no adoramos una imagen ni ponemos en la Virgen una confianza que corresponde a Dios: pedimos que Ella, la primera creyente, ruegue por nosotros y nos acompañe, como una madre, en el camino hacia el Señor.
Datos esenciales
- Advocación: Nuestra Señora de Valme.
- Lugar: Dos Hermanas (provincia de Sevilla, España); su santuario es la ermita de Valme.
- Custodios: la comunidad parroquial de Dos Hermanas y la hermandad dedicada a su culto, dentro de la vida diocesana.
- Marco eclesial: Archidiócesis de Sevilla.
- Fiesta: su celebración mayor se asocia al mes de octubre, con la conocida romería de Valme.
- Coronación: según la tradición devocional local, la imagen ha recibido coronación canónica; conviene comprobar la fecha exacta en las fuentes eclesiales de la propia hermandad y archidiócesis.
- Devoción: patronazgo sobre Dos Hermanas, honda piedad popular y una romería muy arraigada que congrega cada año al pueblo nazareno.
Cómo prepararse para rezar la novena
Rezar una novena es sostener una misma súplica durante nueve días, a imitación de los discípulos que perseveraron en oración con María, la Madre de Jesús, esperando el don del Espíritu (cf. Hechos 1,14). No se trata de repetir fórmulas de manera mecánica, sino de mantener el corazón abierto y constante, dejando que la oración vaya modelando por dentro nuestra confianza en Dios. La invocación «Valme» —«ayúdame»— es, en sí misma, una escuela de humildad orante.
Busca cada día un momento y un lugar de silencio, aunque sean breves. Puedes encender una vela, colocar una imagen sencilla o simplemente recogerte unos minutos. Lo esencial no es el ornato, sino la disposición interior: acudir como quien de verdad necesita ayuda y sabe que solo Dios la da en plenitud. Si algún día no puedes cumplir el rato previsto, no lo abandones: retómalo con paz al siguiente.
Prepara también el corazón mediante un examen sereno y, si es posible, acércate durante estos días al sacramento de la Reconciliación y a la Eucaristía. La novena florece cuando se une a la vida sacramental de la Iglesia y a obras concretas de caridad. Que estos nueve días no queden solo en palabras, sino que se traduzcan en gestos hacia quienes también necesitan que alguien les diga, con hechos, «te ayudo».
Orden propuesto para cada día
- En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
- Un breve momento de silencio para ponerte en presencia de Dios.
- Zazivanje Duha Svetoga.
- Oración inicial, común a todos los días.
- Lectura de la memoria histórica y de la meditación del día.
- Proclamación pausada de la Palabra de Dios sugerida.
- Oración del día, propósito y unos minutos de oración personal.
- Oración final y, si se desea, un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.
Uvodna molitva za svaki dan
Señor Dios, fuente de todo auxilio, que quisiste darnos en María una madre atenta a nuestras necesidades, míranos en estos días de novena bajo la advocación de Nuestra Señora de Valme. A ti solo adoramos y a ti dirigimos nuestra súplica; y confiados en la intercesión de la Santísima Virgen, te pedimos que aumentes nuestra fe, sostengas nuestra esperanza y enciendas nuestra caridad. Enséñanos a decir, con humildad verdadera, «válgame Dios», sabiendo que tú nunca abandonas a quien te llama. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Invocación al Espíritu Santo
Ven, Espíritu Santo, y llena nuestro corazón de tu luz. Tú que cubriste con tu sombra a la Virgen María y la hiciste morada del Verbo, dispón también nuestra alma para escuchar y obedecer la Palabra. Purifica nuestra oración de toda tibieza, danos docilidad para dejarnos guiar y fortaleza para perseverar estos nueve días. Que, como María, aprendamos a decir «hágase» y a servir a los demás. Amén.
Día primero — Dos Hermanas y su patrona
Memoria histórica
La devoción a Nuestra Señora de Valme está profundamente enraizada en Dos Hermanas, localidad de la provincia de Sevilla que la venera como patrona. La imagen, de factura medieval, ha sido a lo largo de los siglos el centro de una piedad popular que ha marcado la identidad del pueblo nazareno. Como en tantos lugares de la campiña sevillana, la fe se ha transmitido de generación en generación en torno a su ermita y a las celebraciones que la acompañan, en comunión con la Archidiócesis de Sevilla.
Meditación
Comenzamos esta novena reconociendo que la fe no es algo abstracto: nace y crece en un lugar concreto, en un pueblo, en una familia, en una comunidad que reza junta. Nuestra Señora de Valme nos recuerda que Dios se hace cercano a través de rostros, historias y tradiciones. Al mirar a la Virgen venerada por tantas generaciones, damos gracias por quienes nos transmitieron la fe y pedimos custodiarla y transmitirla nosotros con hechos y con oración.
Palabra de Dios sugerida
«Todos perseveraban en la oración, con un mismo espíritu, en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos» (Hechos 1,14).
Propósito
Hoy daré gracias por las personas que me enseñaron a rezar y ofreceré esta novena por mi comunidad y por quienes comparten conmigo la fe.
Oración del día
Nuestra Señora de Valme, madre del pueblo que te venera, alcánzanos de tu Hijo el don de una fe viva y agradecida. Que sepamos guardar como un tesoro lo que hemos recibido y transmitirlo a quienes vienen detrás. Ruega por nosotros ante el Señor, a quien solo adoramos y en quien ponemos nuestra confianza. Amén.
Día segundo — El nombre «Válme»: una tradición que invita a orar
Memoria histórica
La tradición piadosa vincula la advocación de Valme al rey Fernando III el Santo, quien la habría invocado en su empresa hacia la conquista de Sevilla, en el siglo XIII, pronunciando «válme» —«ayúdame»—, de donde derivaría el nombre. Conviene decirlo con honradez: esto pertenece al terreno de la tradición devocional y de la etimología popular, no de la crónica documentada con certeza histórica. La Iglesia respeta y valora estas tradiciones cuando alimentan una fe recta, distinguiéndolas siempre de los hechos rigurosamente probados.
Meditación
Más allá de si la etimología es exacta, el nombre «Valme» encierra una verdad espiritual luminosa: la oración más honda suele ser la más breve. «Ayúdame», «válgame Dios», «Señor, sálvame» son gritos del corazón que Dios escucha. No necesitamos discursos elaborados para acercarnos a Él; basta la humildad de reconocer que le necesitamos. La tradición del voto de san Fernando, sea cual sea su exactitud, nos deja esa lección: invocar el auxilio de lo alto antes que confiar solo en las propias fuerzas.
Palabra de Dios sugerida
«Señor, sálvame. Al instante, Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: hombre de poca fe, ¿por qué has dudado?» (Mateo 14,30-31).
Propósito
Hoy haré mía, a lo largo del día, una jaculatoria breve —«válgame Dios», «Jesús, ayúdame»— para acostumbrar mi corazón a pedir auxilio con sencillez.
Oración del día
Señor, que en el nombre de Valme resuena la súplica de quien pide ayuda, enséñanos a invocarte con humildad en cada instante. Por la intercesión de tu Madre, líbranos de la soberbia de bastarnos a nosotros mismos y danos la paz de quien confía en ti. Amén.
Día tercero — María, auxilio de los que piden ayuda
Memoria histórica
Bajo muchas advocaciones —Auxiliadora, Socorro, Amparo, y también Valme— la Iglesia ha reconocido a María como aquella que acude en ayuda de sus hijos. No porque la Virgen tenga un poder propio al margen de Dios, sino porque, unida a su Hijo, intercede por nosotros y nos conduce a Él. La piedad popular sevillana ha expresado esta confianza con hondura, haciendo de la Madre un refugio seguro en las horas de necesidad.
Meditación
En las bodas de Caná, María advierte la carencia —«no tienen vino»— y se dirige a los sirvientes con una indicación que resume toda su misión: «Haced lo que él os diga» (Juan 2,5). Ese es el auxilio de María: no atraer hacia sí, sino llevarnos a Jesús y disponernos a obedecer su palabra. Cuando pedimos a Nuestra Señora de Valme que nos ayude, en realidad le pedimos que nos acerque a su Hijo, único que puede transformar el agua de nuestra vida en el vino de la gracia.
Palabra de Dios sugerida
«Su madre dijo a los sirvientes: haced lo que él os diga» (Juan 2,5).
Propósito
Hoy, ante una dificultad concreta, pediré la intercesión de María y me preguntaré: ¿qué me está diciendo Jesús que haga en esta situación?
Oración del día
Nuestra Señora de Valme, auxilio de los que te invocan, condúcenos siempre a tu Hijo. Que nunca busquemos en ti lo que solo Dios puede dar, sino que, de tu mano, aprendamos a hacer lo que Él nos diga. Ruega por nosotros, Madre, ahora y en la hora de nuestra necesidad. Amén.
Día cuarto — Pedir ayuda a Dios con humildad
Memoria histórica
Los pueblos que veneran a la Virgen bajo advocaciones como la de Valme han acudido a ella en tiempos de sequía, epidemia, guerra o penuria, no como a una fuerza mágica, sino como a una madre que presenta a Dios las necesidades de sus hijos. La romería y las plegarias del pueblo nazareno son, en el fondo, un modo colectivo de decir: «Señor, tú eres nuestro auxilio». Esa súplica humilde ha sostenido la fe sencilla de muchas generaciones.
Meditación
Pedir ayuda es, para muchos, lo más difícil. Nos cuesta reconocer que no podemos solos, que somos frágiles, que necesitamos. Sin embargo, el salmo lo proclama sin rodeos: «Mi auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra» (Salmo 121,2). La humildad de pedir no es debilidad, sino verdad: la verdad de la criatura ante su Creador. Nuestra Señora de Valme, cuyo nombre es una petición de ayuda, nos enseña esta libertad de los sencillos que saben apoyarse en Dios.
Palabra de Dios sugerida
«Mi auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra» (Salmo 121,2).
Propósito
Hoy reconoceré ante Dios, en oración sincera, aquella parte de mi vida donde más me cuesta pedir ayuda, y se la entregaré a Él.
Oración del día
Dios y Señor nuestro, único auxilio verdadero, danos la humildad de pedirte ayuda sin avergonzarnos de nuestra pobreza. Por intercesión de Nuestra Señora de Valme, enséñanos a confiar en ti en lo pequeño y en lo grande, seguros de que nunca abandonas a quien te llama. Amén.
Día quinto — La fe del pueblo nazareno
Memoria histórica
Dos Hermanas, cuyos vecinos son llamados nazarenos, ha mostrado a lo largo del tiempo un cariño singular por su patrona. La devoción a Nuestra Señora de Valme forma parte del alma del pueblo: se transmite en las familias, se celebra en la ermita y culmina cada año en la romería. Esta fe popular, con sus cantos, sus promesas y sus gestos, es una riqueza que la Iglesia acoge y purifica, ayudándola a mantenerse centrada en Cristo.
Meditación
La fe del pueblo sencillo tiene una sabiduría propia. Sabe que la vida está llena de necesidades y que solo Dios sostiene de verdad. En María de la Visitación reconocemos ese caminar apresurado de la fe que no se guarda para sí, sino que se pone en camino para servir (cf. Lucas 1,39). La piedad popular en torno a Valme, cuando es auténtica, hace precisamente eso: mueve a las personas a rezar, a peregrinar y a ayudarse unas a otras. Pidamos que nuestra fe no sea solo sentimiento, sino camino que se pone en marcha.
Palabra de Dios sugerida
«En aquellos días, María se levantó y se puso en camino de prisa hacia la montaña, a una ciudad de Judá» (Lucas 1,39).
Propósito
Hoy cuidaré alguna expresión concreta de mi fe —una oración en familia, un gesto de devoción— procurando que me lleve de verdad a Dios y al prójimo.
Oración del día
Nuestra Señora de Valme, honra y consuelo del pueblo que te venera, purifica y aviva nuestra fe. Que, como tú, sepamos ponernos en camino de prisa para servir, y que nuestra devoción nos acerque cada día más a tu Hijo. Ruega por nosotros ante Dios. Amén.
Día sexto — María en la enfermedad y la prueba
Memoria histórica
En torno a las advocaciones marianas, y también en la devoción a Valme, ha sido constante la costumbre de encomendar a la Virgen a los enfermos y a quienes atraviesan pruebas. Sin atribuir a esta advocación milagros no reconocidos, sí podemos afirmar lo que la Iglesia enseña de manera general: que María acompaña con su intercesión a los que sufren, como estuvo junto a la cruz de su Hijo, sin huir del dolor.
Meditación
La enfermedad y la prueba son horas en que el nombre «Valme» se hace especialmente propio en nuestros labios: «ayúdame». No siempre Dios quita la cruz, pero nunca deja solo a quien la lleva. María, que permaneció firme junto a Jesús crucificado, nos enseña a estar de pie en el sufrimiento, unidos a Cristo, ofreciendo el dolor y sin perder la esperanza. Encomendemos hoy a todos los enfermos, a quienes los cuidan y a quienes se sienten abrumados por la prueba.
Palabra de Dios sugerida
«Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, y la hermana de su madre, María la de Cleofás, y María Magdalena» (Juan 19,25).
Propósito
Hoy rezaré por un enfermo concreto y, si puedo, le haré llegar una palabra o un gesto de cercanía.
Oración del día
Nuestra Señora de Valme, que permaneciste junto a la cruz de tu Hijo, acompaña a cuantos sufren en el cuerpo o en el alma. Alcánzales de Dios fortaleza, consuelo y esperanza, y enséñanos a nosotros a no dejarlos solos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Día séptimo — La caridad que nace de la oración
Memoria histórica
La devoción a la Virgen no ha quedado nunca en el ámbito privado del sentimiento. En las hermandades y comunidades que veneran advocaciones como la de Valme, la piedad se ha traducido tradicionalmente en obras de caridad: atención a los pobres, ayuda a los necesitados, solidaridad en tiempos difíciles. Honrar a la Madre lleva, por su propia lógica, a amar a aquellos a quienes Ella ama: los más pequeños.
Meditación
Pedir «válme» a Dios sería incoherente si nosotros negáramos nuestra ayuda a quien nos la pide. La oración verdadera desemboca siempre en caridad. Quien de verdad ha experimentado que Dios le socorre, se convierte en socorro para los demás. La invocación de Valme, «ayúdame», nos coloca a la vez en el lugar de quien pide y de quien está llamado a dar. Recibir el auxilio de Dios y no compartirlo sería cerrar el manantial de la gracia.
Palabra de Dios sugerida
«Cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis» (Mateo 25,40).
Propósito
Hoy realizaré una obra concreta de caridad, por pequeña que sea, ofreciéndola como fruto de esta novena.
Oración del día
Señor, que nos socorres sin cansarte, haz que la ayuda que recibimos de ti se convierta en ayuda para nuestros hermanos. Por intercesión de Nuestra Señora de Valme, danos un corazón atento a quien sufre y manos dispuestas a servir. Amén.
Día octavo — La esperanza que no defrauda
Memoria histórica
Durante siglos, el pueblo que venera a Nuestra Señora de Valme ha llevado ante ella sus esperanzas: las cosechas, la salud, la paz de las familias, el porvenir de los hijos. La romería anual es también una gran expresión de esperanza: el pueblo se pone en camino, con alegría y confianza, hacia la Madre. Esa esperanza no se apoya en la Virgen como fin último, sino en Dios, del que María es signo e imagen luminosa.
Meditación
La esperanza cristiana no es un vago optimismo, sino la certeza de que Dios cumple sus promesas. María es llamada dichosa porque creyó que se cumpliría lo que le fue dicho de parte del Señor (cf. Lucas 1,45). Al acercarnos al final de la novena, renovemos nuestra esperanza: por muchas que sean las dificultades, quien invoca a Dios diciendo «válme» no queda defraudado, porque «la esperanza no defrauda» (Romanos 5,5). Pongamos en manos de Dios lo que aún esperamos y aguardemos con paciencia.
Palabra de Dios sugerida
«Y la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones» (Romanos 5,5).
Propósito
Hoy pondré por escrito, ante Dios, una esperanza concreta que llevo en el corazón, y se la confiaré con paciencia.
Oración del día
Nuestra Señora de Valme, madre de la santa esperanza, sostén nuestra confianza en los momentos oscuros. Que, apoyados en Dios, sepamos esperar contra toda esperanza y caminar con paz hacia lo que Él nos tiene prometido. Ruega por nosotros. Amén.
Día noveno — Envío hacia la romería
Memoria histórica
La celebración mayor de Nuestra Señora de Valme se asocia al mes de octubre, con la célebre romería que reúne al pueblo de Dos Hermanas en torno a su patrona. Más allá de su valor festivo y cultural, la romería es una peregrinación: un caminar del pueblo creyente hacia el lugar donde se venera a la Madre, para darle gracias, renovar la fe y pedir su auxilio. Con este noveno día, nuestra novena se abre hacia esa dimensión gozosa y comunitaria de la devoción.
Meditación
Toda la vida cristiana es una romería hacia el encuentro definitivo con Dios. Estos nueve días nos han enseñado a invocar el auxilio del Señor, a pedir ayuda con humildad, a servir a los demás y a esperar con firmeza. Ahora somos enviados: no para guardar la gracia recibida, sino para vivirla en el camino de cada día. Que la invocación de Valme —«ayúdame»— siga en nuestros labios y que, como el pueblo nazareno en su romería, avancemos con alegría hacia la casa del Padre, acompañados por María.
Palabra de Dios sugerida
«¡Qué alegría cuando me dijeron: vamos a la casa del Señor!» (Salmo 122,1).
Propósito
Al terminar la novena, me propondré un compromiso duradero de oración y de caridad, para que estos días den fruto en el tiempo.
Oración del día
Nuestra Señora de Valme, meta y compañía de nuestro caminar, condúcenos hacia tu Hijo por el sendero de la fe, la esperanza y la caridad. Que, terminada esta novena, no dejemos de invocar el auxilio de Dios ni de servir a nuestros hermanos, hasta llegar contigo a la casa del Padre. Amén.
Završna molitva
Dios todopoderoso y eterno, a quien solo adoramos y de quien nos viene todo auxilio, te damos gracias por estos nueve días de oración bajo la advocación de Nuestra Señora de Valme. Te pedimos, por su intercesión maternal, que arraigues en nosotros la humildad de saber pedir ayuda, la generosidad de saber darla y la esperanza de quien confía plenamente en ti. Que el nombre de Valme —«ayúdame»— siga siendo la súplica sencilla de nuestro corazón en toda hora, y que, guiados por la Virgen María, lleguemos un día a contemplarte cara a cara. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Peticiones de la comunidad
- Por la Iglesia y por la Archidiócesis de Sevilla, para que anuncie con fidelidad el Evangelio y sostenga la fe sencilla del pueblo.
- Por el pueblo de Dos Hermanas y por todos los devotos de Nuestra Señora de Valme, para que su piedad los acerque siempre más a Cristo.
- Por los enfermos, los que sufren y quienes se sienten solos, para que encuentren en Dios el auxilio que su corazón implora.
- Por quienes no se atreven a pedir ayuda, para que reciban la humildad y la confianza de acudir a Dios y a los hermanos.
- Por los que preparan y viven la romería de octubre, para que sea una verdadera peregrinación de fe, y no solo fiesta.
- Por nuestras familias y nuestras necesidades concretas, que ahora presentamos en silencio ante el Señor, confiados en la intercesión de la Virgen María.
Novena preparada por el equipo de rezaelrosario.org como material devocional original. Los datos históricos se ofrecen conforme a la tradición y al magisterio de la Iglesia; la devoción se dirige a Dios, y a María se le pide su intercesión.

