Vida de un santo
Agustín llevaba años buscando la verdad y pensaba que aún necesitaba otra respuesta. En un jardín comprendió que ya no le faltaban argumentos, sino dar el paso que temía.
Entonces, Agustín era un brillante profesor de retórica nacido en Tagaste, en el norte de África. Desde joven buscaba una verdad capaz de sostener su vida, pero las respuestas que probaba terminaban dejándolo insatisfecho. En Milán comenzó a escuchar al obispo Ambrosio: al principio le atraía su manera de hablar; poco a poco, lo que decía le ayudó a comprender una Escritura que antes le parecía pobre y llena de dificultades. La filosofía también lo había acercado a la idea de una razón creadora, pero todavía no sabía cómo entregar su vida al Dios que empezaba a reconocer.
Durante mucho tiempo creyó que aplazaba su decisión porque aún no tenía suficiente certeza. Sin embargo, él mismo contó después en las Confesiones que llegó un momento en que sus argumentos ya se habían agotado. Sabía hacia dónde quería ir, pero le asustaba dejar sus costumbres y la vida que conocía. La pregunta dejó de ser solamente «¿será verdad?» y pasó a ser «¿por qué no hoy?». Aquello que parecía una falta de luz escondía también el miedo concreto a responder a la luz que ya había recibido.
En agosto del año 386, abatido por aquella lucha interior, se apartó llorando bajo una higuera en un jardín de Milán. Según su propio relato, oyó desde una casa cercana una voz infantil que repetía: «Toma y lee, toma y lee». No reconoció la frase como parte de ningún juego y la interpretó como una invitación a abrir el códice de las cartas de san Pablo. Leyó el pasaje de Romanos 13,13-14, que llama a abandonar una vida desordenada y a revestirse de Jesucristo. Agustín escribió que, al terminar, la oscuridad de la duda se disipó. El relato expresa cómo vivió él aquel instante; no exige convertir el origen de la voz en un hecho sobrenatural demostrable.
Después comprendió que aquel momento no borraba los años anteriores: los recogía. Las preguntas, las decepciones, la paciencia de su madre Mónica, la predicación de Ambrosio, la filosofía y la lectura de san Pablo habían ido preparando una libertad que todavía debía decidir. Fue bautizado por Ambrosio en la Vigilia Pascual del año 387 y llegó a ser sacerdote, obispo de Hipona y doctor de la Iglesia. Su conversión tampoco quedó terminada de una vez para siempre: continuó aprendiendo a vivir para Cristo y para los demás hasta el final de su vida. A veces comprender más tarde no significa recibir una explicación nueva, sino descubrir que ha llegado la hora de responder a lo que ya vemos.
La experiencia de Agustín ayuda a distinguir la búsqueda sincera de la demora que nace del miedo. Hay preguntas que necesitan estudio, acompañamiento y tiempo; la fe cristiana no pide fingir certezas que no tenemos. Pero también llega un momento en que seguir esperando otra señal puede ser una manera de no escoger. Comprender más tarde fue, para Agustín, reconocer con humildad qué dudas pedían todavía luz y cuál de ellas ya estaba pidiendo una decisión.
01
Lo que parecía
Agustín pensaba que no podía cambiar porque aún le faltaba encontrar una certeza definitiva que resolviera todas sus dudas.
02
Lo que descubrimos
Tras años de búsqueda comprendió que muchas respuestas ya habían llegado y que lo que quedaba era vencer el miedo a abandonar sus costumbres y responder libremente.
03
Para tu vida
Puedo buscar con honestidad sin exigirme entenderlo todo; pero cuando la verdad ya me muestra el siguiente paso, no necesito aplazar para siempre la decisión de vivirla.
Molitva
Una oración para hoy
Señor Jesús, tú conoces las preguntas que todavía necesitan tiempo y también las respuestas que aplazo por miedo. Dame honestidad para seguir buscando, humildad para dejarme ayudar y libertad para dar el paso que ya puedo ver. Como a san Agustín, enséñame a encontrarte en tu Palabra y a convertir lo comprendido en una vida entregada a los demás. Amén.
Origen y referencias
Origen de esta meditación: Vida de un santo. La etiqueta ayuda a distinguir la Escritura, la memoria de una vida, una tradición y la reflexión editorial, sin presentar unas como si fueran las otras.
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