Vida de un santo
Se negó en conciencia al juramento impuesto por el régimen napoleónico. La cárcel y el destierro ocuparon cuatro años de su juventud, pero no determinaron lo que hizo al volver.
Gaspar del Búfalo nació en Roma en 1786 y fue ordenado sacerdote en 1808. Se dedicó a la evangelización popular y a la atención de los pobres en una ciudad sometida poco después al poder napoleónico. En 1810 las autoridades exigieron al clero un juramento de fidelidad al nuevo régimen.
Gaspar juzgó en conciencia que no podía prestarlo. Su negativa quedó resumida en una frase transmitida por sus biografías: «No debo, no puedo, no quiero». El 13 de junio de 1810 fue detenido. Pasó por cárceles y lugares de destierro en Piacenza, Bolonia, Imola y Lugo. Hasta 1814, durante cuatro años decisivos de su juventud sacerdotal, no pudo desarrollar la vida apostólica que había comenzado.
No necesitamos decir que Dios quiso aquella prisión ni convertir una decisión concreta en consigna para cualquier conflicto con la autoridad. La conciencia cristiana debe formarse, contrastar los hechos y asumir que no toda preferencia personal posee el mismo peso moral. En su caso, Gaspar sostuvo su negativa sin violencia y aceptó las consecuencias que el poder le impuso.
Cuando regresó a Roma, no hizo de la cárcel el único argumento de su vida. Pío VII le confió misiones populares en territorios afectados por años de guerra y desorden. En agosto de 1815 fundó en la abadía de San Felice de Giano la congregación de los Misioneros de la Preciosísima Sangre. Predicó, formó sacerdotes y trabajó por la conversión y la reconciliación de comunidades heridas.
Su libertad recuperada no borró los cuatro años perdidos ni convirtió la injusticia en bien. Le permitió, sin embargo, responder a ella con algo más grande que el resentimiento. Continuó las misiones hasta sus últimos años y murió en Roma en 1837, mientras atendía espiritualmente a los afectados por una epidemia. Pío XII lo canonizó en 1954.
Si una negativa necesaria te cuesta oportunidades, libertad o reputación, no estás obligado a llamar bueno al daño sufrido. Busca asesoramiento, examina honestamente tu conciencia y utiliza los medios legítimos de defensa. Después vigila otra pérdida posible: que quien te castigó termine decidiendo también en qué persona te conviertes. El mal recibido merece verdad y justicia, pero no tiene derecho a gobernar todo tu futuro.
01
Lo que parecía
Que la cárcel y el destierro impuestos por su negativa habían interrumpido definitivamente el comienzo de su vida sacerdotal y misionera.
02
Lo que descubrimos
Que, al recuperar la libertad, no quedó encerrado en el daño recibido: inició misiones de reconciliación y una congregación al servicio de ellas.
03
Para tu vida
Formaré y contrastaré mi conciencia antes de una negativa grave, asumiré sus consecuencias y buscaré justicia por medios legítimos. No permitiré que la persona o institución que me dañó decida también el sentido de todo lo que haga después.
Molitva
Una oración para hoy
Señor Jesús, por intercesión de san Gaspar del Búfalo, fortalece a quienes deben sostener una conciencia recta bajo presión. Dales luz para discernir, mansedumbre sin cobardía, justicia sin venganza y libertad para que el daño recibido no gobierne su futuro. Santa María, mujer fiel, condúcenos a Cristo. Amén.
Origen y referencias
Origen de esta meditación: Vida de un santo. La etiqueta ayuda a distinguir la Escritura, la memoria de una vida, una tradición y la reflexión editorial, sin presentar unas como si fueran las otras.
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