Anecdote despre Fecioara Maria
„Fresca care a ajuns la Genazzano pe un nor”
En Genazzano, pequeño pueblo del Lacio a unos cincuenta kilómetros de Roma, los agustinos custodian el santuario de Nuestra Señora del Buen Consejo, la Madonna del Buon Consiglio. Su historia une la fe terca de una mujer pobre con uno de los relatos marianos más célebres de Italia.
Existía allí desde 1356 una iglesia dedicada a la Virgen, muy deteriorada en el siglo XV. Una terciaria agustina ya anciana y viuda, Petruccia de Genazzano, gastó toda su fortuna en restaurarla, y se quedó sin recursos, objeto de las burlas del pueblo. Ella respondía con confianza: «Antes de que yo muera, la Santísima Virgen y san Agustín terminarán la obra». El 25 de abril de 1467, día de san Marcos, cuenta la tradición que las campanas sonaron solas, una nube blanca descendió sobre un muro inacabado, y al disiparse apareció, sobre una finísima capa de estuco, la imagen de la Virgen con el Niño. Poco después llegaron dos peregrinos albaneses que decían haber seguido la imagen desde Escútari, en Albania, huyendo de la invasión turca.
Hay que distinguir lo firme de lo legendario. El vuelo del fresco por los aires cruzando el Adriático, el seguimiento «a pie sobre las aguas» de los dos albaneses y el toque automático de las campanas pertenecen a la tradición devota, sin documentación contemporánea. En cambio, está sólidamente documentado que en 1467 llegó a Genazzano una imagen muy venerada, que comenzaron grandes peregrinaciones y que entre abril y agosto de aquel año se registraron ante notarios 161 milagros, examinados por enviados del papa Pablo II y recogidos en el Códice Bombacino.
Los Papas confirmaron el culto: Inocencio XI la proclamó patrona de Genazzano en 1682, y Benedicto XIV insertó la invocación «Mater Boni Consilii, ora pro nobis» en las Letanías Lauretanas en 1753. No consta un vínculo fundacional con el Rosario, aunque la advocación se extendió en siglos de gran difusión de esta oración.
🌹 O floare pentru Fecioară
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