Nuestra Señora del Buen Éxito de las Purísimas Manos
Quito, Ecuador · Apariciones 1594–1634 · Convento de la Inmaculada Concepción
Una religiosa española en la América colonial
En el año 1576 llegó a Quito, capital de la Real Audiencia de Quito (hoy Ecuador), un grupo de religiosas franciscanas concepcionistas procedentes de España. Fundaban la primera comunidad contemplativa femenina de América del Sur. Entre ellas venía una joven de dieciséis años nacida en Madrid: Mariana de Jesús Torres y Berriochoa. Nadie podía imaginar en ese momento que aquella muchacha se convertiría en protagonista de uno de los fenómenos místicos más extraordinarios y, a la vez, más olvidados de la historia de la Iglesia en el Nuevo Mundo.
Mariana ingresó en el convento de la Inmaculada Concepción de Quito y allí pasó toda su vida. Profesó los votos religiosos y fue elegida en varias ocasiones superiora de la comunidad. Desde los primeros años de su vida religiosa experimentó fenómenos místicos de carácter extraordinario: éxtasis, visiones, locuciones interiores y una vida ascética de notable intensidad. Era conocida en el convento por su caridad, su humildad y su capacidad de irradiar una paz que las demás religiosas describían como sobrenatural.
El Quito del siglo XVI y comienzos del XVII era una ciudad en formación: a medio camino entre la tradición indígena andina y la cultura española trasplantada al Nuevo Mundo. La evangelización avanzaba entre dificultades; la Iglesia intentaba arraigar el cristianismo en un suelo cultural profundamente diferente. Las comunidades contemplativas como la de Mariana eran, en ese contexto, centros de oración y de vida espiritual que sostenían con su intercesión el trabajo misionero en la periferia.
Las apariciones de Nuestra Señora del Buen Éxito
Las primeras apariciones se produjeron en torno a 1594. Mariana afirmó ver a la Virgen María bajo el título de «Nuestra Señora del Buen Éxito de las Purísimas Manos», un título que hacía referencia a la providencia divina que guía hacia el buen fin todos los asuntos que se le encomiendan. Las apariciones se prolongaron durante décadas, con particular intensidad entre 1594 y 1634.
El elemento que distingue las apariciones de Quito de la mayor parte de los fenómenos marianos medievales y modernos es su contenido profético orientado al futuro distante. La Virgen no hablaba a Mariana sobre su época —el siglo XVI— sino sobre los siglos venideros. En particular, le describía con detalle lo que acontecería en el siglo XX: una crisis profunda de la fe, la decadencia de las vocaciones religiosas, el avance de la inmoralidad, el debilitamiento de la disciplina eclesiástica y una lucha encarnizada en la Iglesia entre la fidelidad y la apostasía.
«Llegarán tiempos de gran tribulación para la Iglesia. Muchos sacerdotes abandonarán su vocación. La inmoralidad dominará las costumbres. Pero la Virgen no abandonará a sus hijos. En el momento más oscuro, la luz volverá.»
Este carácter profético de los mensajes —su orientación a épocas muy posteriores a la vida de Mariana— los convierte en un objeto de estudio fascinante y, al mismo tiempo, metodológicamente delicado. La pregunta inevitable es: ¿cuándo fueron redactados los textos que contienen las profecías? ¿Son contemporáneos de Mariana o fueron elaborados posteriormente y atribuidos a ella de manera retroactiva?
Las profecías sobre el siglo XX
El corpus de profecías atribuidas a la Madre Mariana cubre varios ámbitos de la vida de la Iglesia y de la sociedad. Los que han recibido mayor atención de los devotos son los que tratan sobre la crisis religiosa del siglo XX: la disminución de las vocaciones sacerdotales y religiosas, la pérdida del sentido de lo sagrado, la extensión de la inmoralidad pública, el desafío a la autoridad eclesiástica y el debilitamiento de la fe en el pueblo.
Estos temas son, evidentemente, los mismos que preocuparon a los pontífices del siglo XX desde Pío X hasta Juan Pablo II, y que siguen siendo objeto de debate pastoral en el siglo XXI. Lo que hace llamativa la atribución de estas preocupaciones a una religiosa del siglo XVI es la especificidad con la que algunos textos describen problemas que eran difícilmente previsibles cuatro siglos antes.
Entre las profecías más citadas por los devotos está la relativa a la masonería: la Madre Mariana habría anunciado que una organización secreta se infiltraría en la Iglesia para destruirla desde dentro. También se menciona el desafío a la moral sexual cristiana, la crisis del matrimonio y la familia, y la apostasía de naciones enteras. Los que defienden la autenticidad de las profecías señalan la coherencia entre estos anuncios y los desarrollos históricos del siglo XX; los escépticos responden que las tribulaciones de la Iglesia son un tema recurrente en cualquier época y que no se requiere profecía para anticiparlas.
La imagen milagrosa de 1611
Uno de los episodios más documentados de la vida de la Madre Mariana es el relacionado con la imagen de Nuestra Señora del Buen Éxito que se venera en el convento de la Inmaculada Concepción de Quito. Según la tradición, en la noche del 2 de febrero de 1611 —festividad de la Presentación del Señor— la Virgen apareció a Mariana y le comunicó que deseaba que se esculpiera una imagen suya para el convento.
El escultor encargado fue Francisco del Castillo, artista destacado del Quito colonial. Según el relato hagiográfico, mientras trabajaba en la imagen encontró dificultades para reproducir el rostro que Mariana le había descrito. En un momento dado, Mariana tuvo una visión durante la cual vio a tres ángeles que terminaban el rostro de la imagen por encargo del Cielo. Al regresar al taller, el escultor encontró el rostro completamente terminado de manera que él no había ejecutado.
El rostro de la imagen resultante presenta una expresión de tristeza que ha llamado la atención de todos los que la contemplan. Según la tradición mariana de Quito, la Virgen explicó a Mariana por qué su imagen tenía ese gesto: el rostro triste refleja el dolor de la Madre de Dios ante los pecados del mundo y, en particular, ante las tribulaciones que sufrirá la Iglesia en los tiempos venideros.
La imagen de Nuestra Señora del Buen Éxito sigue siendo venerada en el convento de la Inmaculada Concepción de Quito. Tiene un lugar de honor en la capilla del convento y es objeto de una devoción intensa entre los fieles quiteños y entre los peregrinos que llegan de todo Ecuador y de otros países latinoamericanos.
La Madre Mariana: ascetismo y mística
La vida de Mariana de Jesús Torres presenta los rasgos típicos de la mística cristiana de su época: penitencias corporales intensas, ayunos prolongados, vigilias nocturnas y una búsqueda constante de la unión con Dios. Estos elementos, que en la espiritualidad contemporánea se evalúan con mayor cautela que en el pasado, eran en el siglo XVI y XVII señales reconocidas de santidad en el contexto de la reforma tridentina.
Mariana fue superiora del convento en varias ocasiones, lo que implica que sus compañeras la reconocían como persona de autoridad espiritual y de capacidad de gobierno. No era una mística retirada en su celda sin relación con la comunidad: era una mujer activa en la vida conventual, capaz de dirigir una comunidad religiosa y de tomar decisiones prácticas.
Murió el 16 de enero de 1635. Las religiosas que la conocieron dejaron testimonios escritos sobre sus virtudes y sobre los fenómenos extraordinarios que habían observado durante su vida. Estos testimonios son la base documental principal sobre la que se sustenta la causa de beatificación.
- 1576Mariana de Jesús Torres llega a Quito con las primeras religiosas concepcionistas. Tiene 16 años.
- 1594Primeras apariciones de Nuestra Señora del Buen Éxito a Mariana en el convento de la Inmaculada Concepción.
- 2 feb. 1611Aparición vinculada a la escultura de la imagen: el rostro de la Virgen, según la tradición, es completado de manera extraordinaria.
- 1634Última aparición documentada.
- 16 ene. 1635Muerte de Mariana de Jesús Torres en el convento de Quito.
- Siglo XVIIEl padre Manuel Sousa Pereira escribe la primera biografía de Mariana, que recoge los mensajes y las profecías.
- Siglo XXRedescubrimiento de la figura de la Madre Mariana y crecimiento de la devoción a Nuestra Señora del Buen Éxito, especialmente en Latinoamérica.
- Siglo XXILa causa de beatificación sigue su curso en la diócesis de Quito. La devoción se extiende a España, Estados Unidos y otros países.
El convento de la Inmaculada Concepción de Quito
El convento donde vivió y murió la Madre Mariana es uno de los más antiguos y significativos del Ecuador. Fundado en 1577 —un año después de la llegada del grupo de religiosas del que formaba parte Mariana—, ha mantenido ininterrumpidamente su vida comunitaria durante más de cuatrocientos cincuenta años. Es, en ese sentido, una de las instituciones religiosas más antiguas de América del Sur.
El convento se encuentra en el centro histórico de Quito, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1978. El conjunto arquitectónico es notable: claustros barrocos, jardines coloniales, una iglesia de grandes dimensiones y una galería de arte que conserva obras importantes de la escuela quiteña de pintura y escultura. La imagen de Nuestra Señora del Buen Éxito ocupa un lugar destacado en la capilla del convento y es accesible para los visitantes en los horarios establecidos por la comunidad.
Las religiosas concepcionistas que habitan hoy el convento son las sucesoras directas de la comunidad fundada en el siglo XVI. Mantienen la vida contemplativa y cuidan de la imagen y del legado espiritual de la Madre Mariana. La causa de beatificación de esta última es una de sus preocupaciones pastorales prioritarias.
El proceso de beatificación
La causa de beatificación de la Madre Mariana de Jesús Torres fue abierta por la diócesis de Quito. El proceso diocesano recogió los testimonios disponibles, estudió los escritos atribuidos a Mariana y analizó los fenómenos extraordinarios descritos en las fuentes históricas. El expediente fue enviado a la Congregación para las Causas de los Santos en Roma, donde sigue su curso.
Los promotores de la causa señalan varias dificultades específicas: la antigüedad de las fuentes (del siglo XVII), la necesidad de separar los hechos históricos verificables de los elementos legendarios acumulados a lo largo de los siglos, y la cuestión del contenido profético de los mensajes, cuya autenticidad no ha sido objeto de declaración eclesiástica formal.
La devoción a la Madre Mariana y a Nuestra Señora del Buen Éxito ha crecido notablemente en las últimas décadas, especialmente en los círculos católicos más tradicionales que ven en las supuestas profecías sobre el siglo XX una descripción precisa de los desafíos que enfrenta la Iglesia contemporánea. Esta base devocional es un apoyo informal para la causa, aunque la beatificación formal depende exclusivamente del proceso canónico en Roma.
Nuestra Señora del Buen Éxito y la espiritualidad latinoamericana
La devoción a Nuestra Señora del Buen Éxito tiene una difusión especial en los círculos católicos latinoamericanos que se sienten llamados a una espiritualidad más tradicional. Los grupos de oración dedicados a esta advocación se reúnen regularmente en Ecuador, Colombia, Perú, Brasil, México, España y Estados Unidos. Organizan peregrinaciones al convento de Quito y difunden los textos de la Madre Mariana en diversos formatos.
El título mismo de la advocación —«del Buen Éxito»— tiene un significado que trasciende la piedad individual: hace referencia al buen desenlace, al éxito en sentido antiguo, de los grandes asuntos que se ponen bajo la protección de la Virgen. Los devotos encomiendan a Nuestra Señora del Buen Éxito los asuntos de la Iglesia, las causas de la fe y los problemas más difíciles de la vida personal y social. Hay en esta devoción una confianza radical en la providencia divina que actúa a través de la intercesión mariana.
La ciudad de Quito, por su parte, conserva en la figura de la Madre Mariana y en la imagen del convento concepcionista un patrimonio espiritual de primera magnitud. En una ciudad que es a la vez capital política de Ecuador y uno de los centros históricos del catolicismo latinoamericano, la presencia de esta mística del siglo XVI añade una dimensión contemplativa y profética que enriquece el conjunto de una tradición religiosa viva y plural.
