Anécdotas de la Virgen María
La estatua de Kolbe y el terreno de la Inmaculada

A las afueras de Varsovia, el franciscano polaco san Maximiliano María Kolbe soñaba con levantar toda una «Ciudad de la Inmaculada» —Niepokalanów, «el lugar de la Inmaculada»— desde donde difundir por el mundo el amor a la Virgen María a través de la Milicia de la Inmaculada y de la imprenta.
Necesitaba un terreno amplio cerca de la capital. La tierra pertenecía a un noble polaco, el príncipe Jan Drucki-Lubecki. Lo que la historia documenta con certeza es que el príncipe, movido por la obra mariana del fraile, no le vendió la tierra: se la donó para que naciera allí la ciudad de la Virgen, en 1927.
Sobre ese terreno donado creció en pocos años uno de los conventos más grandes del mundo, con cientos de frailes entregados a la oración, al Rosario y a la prensa mariana. De allí saldría también el testimonio supremo de Kolbe, que años después daría su vida por otro hombre en Auschwitz.
Conviene distinguir con cariño lo cierto de lo bello: está documentado que el príncipe donó el terreno por amor a la obra de la Inmaculada; el gesto de la imagen colocada en el campo y la respuesta del príncipe pertenecen a la tradición piadosa que rodea la fundación —no a un acta histórica—, pero expresan con verdad el alma de Niepokalanów: una tierra entregada por entero a María.
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