Sagrada Escritura
La multitud quería silenciar su grito, pero Jesús escuchó la necesidad que otros consideraban molesta.
Bartimeo, ciego y mendigo, estaba sentado junto al camino a la salida de Jericó. Al saber que pasaba Jesús de Nazaret, comenzó a gritar: «Hijo de David, ten compasión de mí». Muchos lo reprendían para que callara. Desde el borde del camino, rodeado por voces que lo consideraban una molestia, parecía que su necesidad no merecía interrumpir la marcha.
Bartimeo gritó todavía más. Jesús se detuvo, mandó llamarlo y la misma gente que antes lo silenciaba le dijo que se levantara. Él arrojó el manto, fue hasta Jesús y expresó lo que deseaba: recobrar la vista. Jesús reconoció su fe; el hombre recuperó la vista y lo siguió por el camino. Después se vio que la multitud no tenía autoridad para decidir cuánto podía pedir ni si Cristo quería escucharlo. El relato no convierte la insistencia en una técnica que garantiza cualquier resultado. Muestra que la vergüenza, el fracaso o las voces interiores no deben ocupar el lugar de Jesús ni sofocar la oración.
01
Lo que parecía
Parecía que la multitud podía decidir que el grito de Bartimeo era excesivo y que Jesús no debía ser molestado.
02
Lo que descubrimos
Después se vio que Cristo se detiene, llama y escucha a quien persevera sin dejar que otros silencien su necesidad.
03
Para tu vida
Hoy nombraré ante Jesús eso que necesito, aunque una voz me diga que no moleste; no entregaré mi oración a la vergüenza.
Oración
Una oración para hoy
Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí; detén mis miedos y ayúdame a responder cuando me llamas. Amén.
Origen y referencias
Origen de esta meditación: Sagrada Escritura. La etiqueta ayuda a distinguir la Escritura, la memoria de una vida, una tradición y la reflexión editorial, sin presentar unas como si fueran las otras.
- Evangelio según san Marcos 10,46-52
Guardado anónimo y local: no se crea una cuenta ni se envía este dato al servidor.
