Sagrada Escritura
La semilla era buena; el desenlace reveló qué estaba ocurriendo en cada terreno.
Jesús habló de un sembrador que salió a sembrar. Una parte de la semilla cayó junto al camino y las aves se la comieron; otra cayó en terreno pedregoso, brotó pronto y se secó por falta de raíz; otra quedó ahogada entre espinos. Solo la que cayó en tierra buena dio fruto. Al principio era fácil mirar únicamente la semilla y preguntarse por qué el resultado era tan desigual.
Después, Jesús explicó a sus discípulos que los terrenos representaban distintas maneras de acoger la palabra del Reino. La misma palabra podía ser arrebatada, recibida sin raíz, ahogada por preocupaciones y seducciones, o escuchada hasta dar fruto. La parábola desplazó la pregunta: no solo «¿por qué Dios no me habla?», sino «¿qué sucede dentro de mí con lo que ya he oído?». No todo depende de una emoción inicial. El corazón puede necesitar escucha, raíces, libertad frente a los espinos y perseverancia para que una palabra recibida llegue a transformar la vida.
01
Lo que parecía
Parecía que la falta de fruto debía atribuirse simplemente a una semilla insuficiente o a un sembrador que no hablaba.
02
Lo que descubrimos
Después se comprendió que la Palabra es recibida de modos distintos y que el corazón necesita profundidad, cuidado y perseverancia.
03
Para tu vida
Hoy identificaré mi terreno: retiraré un espino concreto o reservaré tiempo para que una palabra de Jesús eche raíz.
Oración
Una oración para hoy
Señor, haz de mi corazón tierra que escucha, guarda y persevera hasta dar el fruto que tú esperas. Amén.
Origen y referencias
Origen de esta meditación: Sagrada Escritura. La etiqueta ayuda a distinguir la Escritura, la memoria de una vida, una tradición y la reflexión editorial, sin presentar unas como si fueran las otras.
- Evangelio según san Mateo 13,1-23
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