Sagrada Escritura
Antes de la curación hubo un gesto inesperado: Jesús extendió la mano y tocó al excluido.
Un leproso se acercó a Jesús, se arrodilló y le dijo que, si quería, podía limpiarlo. Su enfermedad no era solo una herida del cuerpo: lo mantenía apartado y hacía que otros temieran su cercanía. Podía parecer que incluso quien deseaba ayudarlo debía conservar la distancia. Jesús, compadecido, extendió la mano, lo tocó y afirmó: «Quiero: queda limpio». La lepra desapareció.
Solo después de aquel contacto se vio toda la fuerza del gesto. Cristo no había tratado al hombre como un problema impuro del que protegerse, sino como una persona a la que acercarse. El relato no autoriza a ignorar cuidados médicos ni explica por qué alguien enferma; tampoco promete la misma curación temporal en cada caso. Revela quién es Jesús ante la herida: no siente repugnancia, no reduce a nadie a aquello que lo marca y su misericordia salva la distancia. Lo que parecía intocable encontró una mano que no tuvo miedo de acercarse.
01
Lo que parecía
Parecía que la herida de aquel hombre obligaba a mantenerlo lejos y lo convertía en alguien intocable.
02
Lo que descubrimos
Después se reveló que la misericordia de Cristo se acerca sin repugnancia y devuelve a la persona su dignidad.
03
Para tu vida
Hoy no esconderé de Jesús mi herida más vergonzosa; dejaré que se acerque a ese lugar que otros no saben tocar.
Oración
Una oración para hoy
Jesús, tú no retrocedes ante mis heridas; tócame con tu misericordia y enséñame a acercarme con respeto al herido. Amén.
Origen y referencias
Origen de esta meditación: Sagrada Escritura. La etiqueta ayuda a distinguir la Escritura, la memoria de una vida, una tradición y la reflexión editorial, sin presentar unas como si fueran las otras.
- Evangelio según san Marcos 1,40-45
Guardado anónimo y local: no se crea una cuenta ni se envía este dato al servidor.
