Sagrada Escritura
Las lágrimas le ocultaban a quien tenía delante, hasta que oyó su propio nombre.
María Magdalena permanecía llorando junto al sepulcro vacío. Había perdido a Jesús y ahora tampoco encontraba su cuerpo. Vio a dos ángeles y después a Jesús de pie, pero no supo que era Él; creyó que hablaba con el jardinero y le pidió información. El dolor podía tener delante precisamente a quien buscaba y, sin embargo, impedirle reconocerlo.
Jesús no le reprochó las lágrimas ni exigió que adivinara. Pronunció su nombre: «María». Entonces ella se volvió y lo reconoció como Maestro. Recibió de Él una misión y fue a anunciar a los discípulos que había visto al Señor. Después, el jardín de la pérdida se convirtió en lugar de encuentro y envío. El Evangelio no enseña que todo duelo esconda una explicación ni que la tristeza sea falta de fe. Muestra al Resucitado entrando en el llanto, acercándose antes de ser reconocido y llamando personalmente a quien no conseguía verlo.
01
Lo que parecía
Que el sepulcro vacío añadía una ausencia definitiva y que sus lágrimas confirmaban que Jesús ya no podía estar cerca.
02
Lo que descubrimos
Que el Resucitado puede estar presente antes de que el dolor permita reconocerlo; no desprecia el llanto y llama a María por su nombre.
03
Para tu vida
Si el dolor me impide reconocer a Jesús, recordaré hoy que Él puede estar delante y llamarme por mi nombre.
Oración
Una oración para hoy
Señor Jesús, maría magdalena — llamada por su nombre. Sostén mi fe cuando no comprenda, enséñame a recibir tu luz y a responder hoy con verdad y amor. Amén.
Origen y referencias
Origen de esta meditación: Sagrada Escritura. La etiqueta ayuda a distinguir la Escritura, la memoria de una vida, una tradición y la reflexión editorial, sin presentar unas como si fueran las otras.
- Evangelio según san Juan 20,11-18
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