Anekdoták Szűz Máriáról
Az Almudena felfedezése: a falba rejtett Szűzanya

Una de las tradiciones más queridas de Madrid cuenta que, al llegar la dominación musulmana a la ciudad, los cristianos escondieron una imagen de la Virgen en un cubo de la muralla para protegerla. Allí habría permanecido oculta durante más de tres siglos, hasta que en 1085, tras la reconquista de Madrid por Alfonso VI ligada a la toma de Toledo, el rey organizó una procesión de rogativas alrededor del recinto amurallado pidiendo encontrar la sagrada imagen. Según el relato, un lienzo de muralla se abrió o se derrumbó y apareció la Virgen con el Niño, flanqueada por dos velas que seguían encendidas pese al tiempo transcurrido; al humo de aquellas velas se atribuye el tono oscurecido de la imagen.
El propio nombre lo recuerda: «Almudena» se relaciona con el árabe al-mudayna, «ciudadela» o recinto fortificado, en alusión al lugar de la muralla donde la imagen habría estado escondida. Una antigua inscripción rezaba: «Imagen de María Santísima de la Almudena, ocultada en este sitio en el año 712 y descubierta milagrosamente en el de 1085».
Es justo decirlo con claridad: este relato es una leyenda piadosa, hermosa y muy arraigada, pero sin base documental contemporánea a los hechos que narra. La propia Archidiócesis de Madrid y la Real Esclavitud de Santa María la Real de la Almudena la reconocen como «tradición antiquísima», no como suceso históricamente comprobable; igualmente legendaria es la versión que remonta la imagen a tiempos apostólicos. La talla que hoy se venera es, de hecho, una obra gótica tardía, en torno al siglo XV.
Lo que sí es historia firme es el amor de Madrid a su patrona. Pío X la declaró oficialmente patrona de la ciudad en 1908, y en 1993 san Juan Pablo II consagró la Catedral de Santa María la Real de la Almudena, donde la imagen recibió solemne entronización. Cada 9 de noviembre, su fiesta, el pueblo madrileño la acompaña en procesión y la cubre de flores y promesas. La leyenda del cubo de la muralla, más que dato arqueológico, vale como catequesis: expresa poéticamente que la Virgen vela escondida sobre su ciudad y nunca la abandona.
Esa misma confianza es la que ponemos en sus manos al rezar el Rosario, seguros de que María Madre, como velas que no se apagan, sigue alumbrando a quienes la invocan.
🌹 Egy virág a Szűzanyának
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