Debosyon kay Maria
Mahal na Birhen ng Rosaryo ng Pompeii
«¡Oh Rosario bendito de María, cadena dulce que nos une a Dios!»
De entre todas las advocaciones marianas, pocas están tan unidas al Santo Rosario como la Virgen de Pompeya. Su santuario, levantado en el valle del Vesubio por el beato Bartolo Longo, es hoy uno de los grandes centros mundiales del rezo del Rosario.
Origen de la devoción
La devoción nació de la mano del beato Bartolo Longo (1841-1926), abogado convertido que llegó al valle de Pompeya en 1872 y comenzó a promover el rezo del Rosario entre los campesinos. En 1875 obtuvo una antigua imagen de la Virgen del Rosario, de estilo bizantino-napolitano, que se colocó en una pequeña iglesia; pronto se difundieron relatos de gracias atribuidas a su intercesión.
El creciente flujo de peregrinos llevó a construir un gran santuario, cuya primera piedra se bendijo en 1876. El papa León XIII apoyó la obra, elevó el templo a basílica pontificia y aprobó la célebre Súplica a la Reina del Santísimo Rosario de Pompeya, compuesta por Bartolo Longo. Más tarde lo visitarían san Juan Pablo II (1979 y 2003) y el papa Francisco (2015).
La Súplica de Pompeya
El rasgo más propio de esta advocación es la Súplica a la Virgen de Pompeya, oración solemne que se recita en todo el mundo cada 8 de mayo y el primer domingo de octubre, a mediodía, como acto de confianza y consagración al Rosario.
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