Oraciones y novenas marianas · Argentina
Nueve días para acompañar a la Virgen que quiso quedarse a orillas del río Luján, pidiendo su intercesión materna por la fe y la unidad de los pueblos del Plata.
29 de abril – 7 de mayo · Fiesta: 8 de mayo

Novena original de rezaelrosario.org.
Las meditaciones y oraciones propias de esta página han sido preparadas expresamente para acompañar durante nueve días esta devoción. No son transcripción ni adaptación encubierta de ediciones ajenas.
Entradilla
A orillas del río Luján, en la llanura bonaerense, se levanta una de las mayores casas marianas de América: el santuario de Nuestra Señora de Luján, patrona de la República Argentina y venerada también en el Uruguay y el Paraguay. Allí se custodia una pequeña imagen de terracota de la Inmaculada Concepción, de apenas unos treinta y ocho centímetros, ante la cual desde hace casi cuatro siglos oran peregrinos de toda condición.
Esta novena quiere ser un camino sencillo de nueve días para acercarnos a la Madre por medio de la memoria de su historia y de la meditación del Evangelio. No adoramos a María —la adoración se debe solo a Dios—, sino que pedimos su intercesión, como quien pide a la propia madre que rece por sus hijos. A través de ella miramos siempre a Jesús, su Hijo, camino, verdad y vida.
Datos esenciales
- Advocación: Nuestra Señora de Luján, bajo el título de la Inmaculada Concepción.
- Patronazgo: Patrona de la República Argentina; su patronazgo se extiende también al Uruguay y al Paraguay (proclamación de 1930).
- Lugar: Basílica Nacional de Luján, provincia de Buenos Aires (Argentina).
- Días de la novena: nueve jornadas, habitualmente del 29 de abril al 7 de mayo, como preparación a la fiesta.
- Fiesta: 8 de mayo (celebración fijada por el papa León XIII para el sábado anterior al cuarto domingo después de Pascua; en Argentina se guarda el 8 de mayo).
- Propósito: pedir por medio de la intercesión de María el don de la fe, la conversión del corazón y la unidad de los pueblos.
Cómo prepararse para rezar la novena
Conviene elegir un momento tranquilo del día y un lugar recogido. Puede ayudar tener a la vista una imagen de la Virgen de Luján o, sencillamente, una vela encendida y una cruz. La novena no es una fórmula mágica ni una cadena de peticiones: es un tiempo de oración confiada, en el que dejamos que la Madre nos lleve de la mano hasta su Hijo.
Cada jornada ofrece una breve memoria histórica, una meditación, un pasaje de la Palabra de Dios, un propósito concreto y una oración final. Se recomienda leer con calma, hacer silencio y, si se desea, añadir un misterio del Santo Rosario o el rezo del Ángelus.
Quien rece esta novena en familia o en comunidad puede repartir las lecturas y compartir después, con sencillez, lo que el Señor haya puesto en el corazón. Lo esencial no es cumplir, sino orar con fe y salir de la oración con el ánimo de amar más a Dios y al prójimo.
Orden propuesto para cada día
- Señal de la cruz y breve silencio para ponerse en presencia de Dios.
- Oración inicial (la misma todos los días) e invocación al Espíritu Santo.
- Lectura de la memoria histórica del día.
- Meditación pausada y lectura de la Palabra de Dios sugerida.
- Formulación del propósito del día.
- Oración del día y oración final común.
- Peticiones comunitarias y un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.
Oración inicial para todos los días
Virgen de Luján, Madre nuestra, que quisiste quedarte junto a este río para acompañar la fe de tus hijos: aquí estamos, pequeños y confiados, para comenzar esta novena. Vuelve a nosotros tus ojos de misericordia y condúcenos, como buena Madre, hasta tu Hijo Jesucristo, único Salvador. Alcánzanos de él un corazón dócil, humilde y agradecido, para que estos nueve días nos acerquen de veras a Dios. Amén.
Invocación al Espíritu Santo
Ven, Espíritu Santo, y enciende en nosotros el fuego de tu amor. Ilumina esta oración, purifica nuestras intenciones y haznos dóciles a tu voz, como lo fue María, la llena de gracia. Que cuanto pidamos sea para gloria de Dios y bien de las almas. Amén.
Día primero — Dios camina con su pueblo
Memoria histórica
La historia de Luján comienza con un largo viaje. Hacia 1630, una pequeña imagen de la Inmaculada, moldeada en terracota en el actual Brasil, fue traída por el Río de la Plata a petición de un hacendado que la quería para su capilla. Como el pueblo de Israel caminó por el desierto guiado por Dios, también aquella imagen recorrió caminos de tierra y de río hasta llegar a la pampa. Detrás de los relatos piadosos late una verdad de fe: Dios nunca abandona a los suyos y camina con ellos.
Meditación
Toda vida es un camino, y a menudo no sabemos del todo adónde nos lleva. La Virgen nos enseña a caminar sin miedo, porque quien confía en Dios no anda solo. Hoy pedimos aprender a reconocer la presencia del Señor en las jornadas ordinarias, en los trabajos y en las esperas.
Palabra de Dios sugerida
«Yo estoy contigo: te guardaré por dondequiera que vayas» (Génesis 28, 15).
Propósito
Ofrecer hoy mis caminos —los pasos, los viajes, las tareas— como una pequeña peregrinación confiada a Dios.
Oración del día
Señor, que guiaste a tu pueblo por el desierto y no dejaste de acompañarlo: guíame también a mí. Por la intercesión de la Virgen de Luján, enséñame a caminar en tu presencia, seguro de que nunca me sueltas de la mano. Amén.
Día segundo — La imagen que quiso quedarse
Memoria histórica
Cuenta la tradición que las carretas que transportaban la imagen se detuvieron a orillas del río Luján y que los bueyes no lograban moverlas; solo al bajar la caja que contenía a la Virgen, el carro pudo continuar. Los presentes lo entendieron como signo de que la Madre deseaba quedarse allí. La Iglesia no lo presenta como milagro definido, sino como piadosa tradición; pero su mensaje es hermoso: María quiere permanecer cerca de sus hijos.
Meditación
Que la Virgen «quiera quedarse» habla, ante todo, del Dios que quiso quedarse entre nosotros haciéndose hombre y permaneciendo en la Eucaristía. María nos recuerda esa cercanía. Hoy meditamos en el deseo de Dios de habitar entre los suyos y en nuestra respuesta: hacerle sitio en la vida.
Palabra de Dios sugerida
«El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros» (Juan 1, 14).
Propósito
Preparar en mi jornada un espacio de silencio para que el Señor «se quede», por ejemplo con una breve visita al Santísimo o un rato de oración.
Oración del día
Madre de Luján, que permaneces junto a tu pueblo: enséñame a acoger a tu Hijo, que quiso quedarse con nosotros hasta el fin del mundo. Que nunca le cierre la puerta de mi corazón. Amén.
Día tercero — El cuidado humilde: Ana de Matos y Manuel
Memoria histórica
La primitiva devoción creció al amparo de personas concretas. La tradición recuerda a doña Ana de Matos, viuda que acogió y custodió la imagen, y sobre todo al llamado Negro Manuel, un hombre esclavizado que se consagró al cuidado de la Virgen y del pequeño santuario. Su figura, sencilla y fiel, es memoria de tantos humildes que, sin nombre en los libros, sostienen la fe con su servicio callado.
Meditación
Dios se fija en los pequeños. La devoción a Luján nació del cuidado paciente de gente sencilla, no del poder ni de la riqueza. Hoy pedimos un corazón servicial, capaz de cuidar lo santo y de honrar la dignidad de cada persona, especialmente de los más olvidados.
Palabra de Dios sugerida
«El que quiera ser el primero entre vosotros, que sea vuestro servidor» (Mateo 20, 27).
Propósito
Realizar hoy un servicio humilde y escondido por alguien que lo necesite, sin buscar reconocimiento.
Oración del día
Señor, que miras con amor a los pequeños y humildes: por la intercesión de la Virgen de Luján, hazme servidor de mis hermanos, atento a los que nadie mira. Que aprenda de los sencillos a cuidar de ti en el prójimo. Amén.
Día cuarto — El santuario y la villa de Luján
Memoria histórica
Alrededor de la imagen y del culto que inspiraba fue creciendo un poblado, hasta formarse la villa de Luján, en la provincia de Buenos Aires. Lo que empezó siendo una modesta ermita se convirtió con los siglos en centro de peregrinación de todo un país. La ciudad nació, en buena parte, en torno a la Madre.
Meditación
Donde se acoge a Dios, florece la vida. La comunidad cristiana se congrega en torno a la fe y, desde ella, construye fraternidad. Hoy pedimos por nuestras ciudades y barrios: que sepan tener a Dios en el centro y crecer en solidaridad y paz.
Palabra de Dios sugerida
«Donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos» (Mateo 18, 20).
Propósito
Rezar hoy expresamente por mi ciudad o mi pueblo y por quienes trabajan por el bien común.
Oración del día
Virgen de Luján, que reúnes a un pueblo entero en torno a tu santuario: intercede por nuestras ciudades. Que en ellas se busque a Dios, se respete a cada persona y crezca la concordia. Amén.
Día quinto — Patrona de Argentina
Memoria histórica
Con el tiempo, Nuestra Señora de Luján fue reconocida como patrona de la República Argentina; su patronazgo se extiende también al Uruguay y al Paraguay, proclamado por la Santa Sede en 1930. Bajo su manto se han reunido generaciones enteras en horas de alegría y de prueba, haciendo de ella un signo de identidad y de fe compartida.
Meditación
Confiar una nación a la Virgen no es un gesto de nacionalismo, sino de esperanza: es pedir que la Madre acompañe a un pueblo por el camino del Evangelio. Hoy oramos por nuestra patria y por todas las naciones, para que caminen en la justicia, la verdad y la paz.
Palabra de Dios sugerida
«Ahí tienes a tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa» (Juan 19, 27).
Propósito
Ofrecer hoy una oración por mi país y por los gobernantes, pidiendo el bien de todos.
Oración del día
Madre y Patrona, que cobijas bajo tu manto a los pueblos del Plata: intercede por nuestras naciones. Alcánzales el don de la fe, el amor a la verdad y la paz que solo viene de tu Hijo. Amén.
Día sexto — La coronación de la imagen (1887)
Memoria histórica
Impulsada por el sacerdote Jorge María Salvaire, gran promotor del santuario, la imagen de Luján recibió la coronación canónica en mayo de 1887, con el beneplácito del papa León XIII, que bendijo la corona y concedió oficio y misa propios. Coronar a María es reconocer con gratitud lo que Dios ha hecho en la humilde esclava del Señor.
Meditación
La verdadera grandeza de María es su humildad: la que se llamó esclava del Señor es exaltada por Dios. Al honrarla, aprendemos que el camino de la corona pasa por la entrega y el servicio. Hoy pedimos la gracia de la humildad que engrandece.
Palabra de Dios sugerida
«Ha mirado la humildad de su esclava; por eso me felicitarán todas las generaciones» (Lucas 1, 48).
Propósito
Rezar hoy con calma el Magníficat (Lucas 1, 46-55), agradeciendo a Dios sus dones.
Oración del día
Señor, que exaltaste a la humilde Virgen de Nazaret y la coronaste de gloria: por la intercesión de la Virgen de Luján, enséñame el camino de la humildad, para servirte con alegría y sin buscarme a mí mismo. Amén.
Día séptimo — María de los peregrinos
Memoria histórica
Cada año, multitudes recorren a pie los caminos hacia Luján en peregrinaciones que congregan a jóvenes, familias y gentes de toda condición. La imagen que un día se detuvo junto al río sigue convocando a un pueblo en marcha, que camina rezando y cantando hacia la casa de la Madre.
Meditación
La peregrinación es imagen de la vida cristiana: un caminar juntos hacia Dios, con cansancio y esperanza. María, que se puso «de prisa» en camino para servir a su prima Isabel, es modelo del peregrino que no anda por andar, sino para amar. Hoy pedimos no cansarnos en el camino de la fe.
Palabra de Dios sugerida
«En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña» (Lucas 1, 39).
Propósito
Acompañar hoy en la oración a quienes peregrinan, y dar un paso concreto hacia alguien que necesite mi ayuda.
Oración del día
Virgen de Luján, Madre de los peregrinos: sostén a cuantos caminan hacia ti. Que no nos cansemos de buscar a Dios y de servir a los hermanos por el camino de la vida. Amén.
Día octavo — La basílica, casa de todos
Memoria histórica
Sobre el lugar de la antigua devoción se levantó la gran Basílica Nacional de Luján, de estilo neogótico, con dos altas torres de piedra que se elevan por encima de los cien metros. Es hoy santuario nacional y casa abierta a peregrinos de toda procedencia, donde la piedra habla del anhelo de un pueblo que quiso construir a Dios una morada digna.
Meditación
El templo material es signo del templo vivo: la Iglesia, hecha de piedras vivas que somos cada uno de nosotros. En la casa de la Madre nos descubrimos hermanos. Hoy pedimos ser piedras vivas, unidas por la fe y el amor, en el único templo que es Cristo.
Palabra de Dios sugerida
«También vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción de un templo espiritual» (1 Pedro 2, 5).
Propósito
Cuidar hoy la comunión con los demás: reconciliarme con alguien o dar un gesto de unidad en mi familia o comunidad.
Oración del día
Madre de Luján, que reúnes a tus hijos en tu casa: haznos piedras vivas de la Iglesia de tu Hijo. Que la unidad y la caridad nos edifiquen como un solo pueblo en camino hacia el cielo. Amén.
Día noveno — Renovar la fe y la unidad
Memoria histórica
Al término de la novena, la Iglesia se dispone a celebrar la fiesta de Nuestra Señora de Luján. La misma imagen que un día quiso quedarse a orillas del río sigue congregando a Argentina, al Uruguay y al Paraguay bajo el manto de la Madre, invitando a cada generación a renovar su fe y su compromiso fraterno.
Meditación
María nos remite siempre a su Hijo: «Haced lo que él os diga». Terminar la novena no es cerrar un libro, sino salir a vivir con más fe. Hoy pedimos la gracia de renovar nuestra vida cristiana y de trabajar por la unidad, empezando por los más cercanos.
Palabra de Dios sugerida
«Su madre dijo a los sirvientes: “Haced lo que él os diga”» (Juan 2, 5).
Propósito
Tomar un compromiso concreto y duradero de vida cristiana (oración diaria, sacramentos, caridad) como fruto de esta novena.
Oración del día
Virgen de Luján, al concluir esta novena te damos gracias. Renueva nuestra fe, enciende nuestra caridad y haznos artífices de unidad. Que, haciendo lo que tu Hijo nos diga, seamos verdaderos testigos del Evangelio. Amén.
Oración final para todos los días
Nuestra Señora de Luján, Madre y Patrona, te encomendamos nuestras vidas, nuestras familias y nuestros pueblos. No pedimos que te adoremos, pues la adoración se debe solo a Dios; pedimos que ruegues por nosotros a tu Hijo Jesucristo. Alcánzanos un corazón fiel, esperanza en la prueba y caridad sin medida. Guárdanos bajo tu manto y condúcenos, al fin de la peregrinación, a la casa del Padre. Amén.
Peticiones comunitarias
- Por la Iglesia, para que anuncie con fidelidad y alegría el Evangelio de Cristo.
- Por los pueblos de Argentina, el Uruguay y el Paraguay, para que caminen en la justicia y la paz.
- Por las familias, para que sean hogares de fe, de perdón y de amor.
- Por los peregrinos y por cuantos buscan a Dios con corazón sincero.
- Por los pobres, los enfermos y los que sufren, para que encuentren consuelo y ayuda.
- Por los difuntos, para que la Madre los acompañe hacia la luz de su Hijo.
Novena preparada por el equipo de rezaelrosario.org como material devocional original. Los datos históricos se ofrecen conforme a la tradición y al magisterio de la Iglesia; la devoción se dirige a Dios, y a María se le pide su intercesión.
