La oración es un combate

La oración es un combate

Por qué cuesta rezar, y por qué precisamente por eso no hay que dejarlo

Basta que nos decidamos a rezar para que se nos crucen por la cabeza mil cosas pendientes, el desgano y la pregunta de para qué rezamos. No es casualidad ni es un defecto nuestro sin remedio: la oración es un combate. Y conviene saberlo, porque quien lo entiende ya no se rinde cuando llega la desgana.

Por qué cuesta tanto rezar

Basta que nos decidamos a rezar, para que se nos crucen por la cabeza ideas de cosas pendientes que tenemos que hacer, desgano, y preguntas de para qué estamos rezando.

Es lógico que nos cueste rezar, porque la oración es un combate, contra las fuerzas del mal, pero también contra nosotros mismos.

«La oración es un combate. ¿Contra quién? Contra nosotros mismos y contra las astucias del Tentador, que hace todo para apartar al hombre de la oración, de la unión con su Dios.» — Catecismo de la Iglesia Católica, n.º 2725

Un alma que ora está perdida para el demonio

La Virgen ha dicho en numerosos mensajes que si nos diéramos cuenta todas las gracias y favores de todo tipo que recibimos mientras oramos, no dejaríamos de orar ni por un instante. Esto lo debemos saber y tener siempre presente, porque hay alguien que también lo sabe: el demonio, y por eso hará lo imposible para apartarnos de la oración, porque sabe que un alma que ora, está perdida para él.

No te dejes llevar solo por las ganas

Así que no nos dejemos llevar sólo por las ganas. Si tengo ganas de rezar, bienvenido sea; pero si estoy desganado y no siento ganas de rezar, tratemos de rezar igualmente, aunque sea con pequeñas jaculatorias, o diciéndole a Dios que lo amamos, alabando al Señor y elevando nuestro corazón al Cielo.

Y si perseveramos en la oración, a pesar de no tener ganas y no «sentirlo», Dios nos premiará grandemente, y nos recompensará por el sacrificio hecho para rezar, e incluso nos dará el consuelo y el gusto para que perseveremos en la oración.

La oración, en primer lugar

No nos olvidemos nunca que la oración es un combate, y que tenemos que ponerla en primer lugar en nuestra vida, en nuestro día. Porque de la oración depende nuestra salvación, que las cosas nos vayan bien, que nuestros seres queridos estén protegidos, que nuestra patria sea librada de muchos males, y tantas y tantas gracias que Dios concede por medio de la oración.

Más potente que la bomba atómica

La Virgen ha dicho también que la oración es más potente que la reacción en cadena que genera la bomba atómica. Es decir, que nuestra oración genera ondas que van hasta los confines del mundo, al Purgatorio y a todo el universo.

🙏 No dejes la oración

No dejemos la oración. Recemos, aunque no lo sintamos. Oremos, aunque no tengamos ganas. Que el premio que nos está reservado es la paz y el bienestar en este mundo, y en el más allá la Felicidad eterna.

Reflexión sobre el combate de la oración. La cita doctrinal procede del Catecismo de la Iglesia Católica (n.º 2725, «El combate de la oración»). Las referencias a los mensajes marianos pertenecen a la tradición devocional y no sustituyen la doctrina de la Iglesia.

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