Letanía · Madre admirable
Nueve días de oración con María, Madre admirable, en quien Dios obró maravillas, para alabar sus obras e imitar sus virtudes.
Letanía de la Virgen · Mater admirabilis

Novena original de rezaelrosario.org.
Las meditaciones y oraciones propias de esta página han sido preparadas expresamente para acompañar durante nueve días esta devoción. No son transcripción ni adaptación encubierta de ediciones ajenas.
María, Madre admirable
«Madre admirable» (Mater admirabilis) es una de las invocaciones de la Letanía de la Virgen. La Iglesia llama admirable a María porque en ella Dios obró maravillas: la eligió Madre de su Hijo, la llenó de gracia y la asoció de modo único a la obra de la salvación. Ella misma reconoció que «el Poderoso ha hecho por mí maravillas» (Lucas 1,49). Contemplar a la Madre admirable no es quedarse en la admiración, sino dejarse llevar de ella a la alabanza de Dios, que hace grandes cosas en los humildes, y al deseo de imitar sus virtudes. No la adoramos: veneramos en ella la obra admirable de Dios y acudimos a su intercesión, que nos conduce a Cristo. Esta novena es una súplica confiada para admirar y alabar las maravillas de Dios, y para dejarnos transformar por su gracia.
Al comenzar esta novena conviene recordar, con verdad y sencillez, que a la Virgen María no la adoramos: la adoración se debe únicamente a Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo. A María la veneramos como Madre del Señor y Madre nuestra, y acudimos a su intercesión, que jamás se detiene en ella, sino que nos conduce a Cristo. Cuanto pidamos en estos nueve días será para amar más a Jesús: «haced lo que Él os diga» (Juan 2,5).
Datos esenciales de la advocación
- Invocación: María, Madre admirable (Mater admirabilis), de la Letanía de la Virgen.
- Origen: invocación de la Letanía Lauretana que alaba las maravillas obradas por Dios en María; la tradición la ha unido también al venerado fresco romano de la «Mater Admirabilis».
- Sentido: María es admirable por la obra de Dios en ella: Madre del Verbo, llena de gracia; la admiración lleva a alabar a Dios y a imitar sus virtudes.
- Fundamento evangélico: «El Poderoso ha hecho por mí maravillas: santo es su nombre» (Lucas 1,49); «me felicitarán todas las generaciones» (Lucas 1,48).
- Para quién: por cuantos desean alabar las maravillas de Dios, dejarse transformar por su gracia e imitar las virtudes de María.
Cómo prepararse para rezar la novena
La novena es un camino sereno de nueve días. Ante María, Madre admirable, no buscamos un rito mágico, sino disponer el corazón a admirar y alabar las maravillas de Dios. Escoge un lugar y una hora fijos, aparta el ruido y prepárate con recogimiento. Si es posible, acompaña la oración con una imagen de la Virgen, una vela encendida y la Sagrada Escritura abierta.
Reza sin prisa, dejando que las palabras calen hondo. Trae cada día una intención concreta: por los que han perdido la capacidad de admirar y agradecer, por tu familia, por los enfermos y por la Iglesia entera. Recuerda que pedir la intercesión de María es pedir que ella, la primera creyente, ruegue por nosotros ante su Hijo; por eso toda súplica termina en Cristo. La devoción de la Madre admirable nos enseña que la admiración verdadera no se queda en María, sino que sube a Dios y se traduce en imitación.
Si puedes, une a la novena la confesión y la comunión. Así la devoción no se queda en sentimiento, sino que fructifica en vida cristiana: fe, esperanza y caridad. María, Madre admirable, no busca admiradores ociosos, sino discípulos de su Hijo.
Orden propuesto para cada día
- Señal de la cruz y un breve silencio para ponerse en presencia de Dios.
- Oración inicial para todos los días.
- Invocación al Espíritu Santo.
- Lectura de la memoria histórica del día.
- Meditación del día.
- Lectura pausada de la Palabra de Dios sugerida.
- Formulación del propósito concreto del día.
- Oración del día a María, Madre admirable.
- Un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria, y la Salve final.
Oración inicial para todos los días
Dios y Padre nuestro, que obraste maravillas en la Virgen María, haciéndola Madre de tu Hijo, mira con bondad a cuantos nos acogemos a esta advocación. Concédenos, por su intercesión, admirar y alabar tus obras, dejarnos transformar por tu gracia e imitar las virtudes de María, y crecer en fe, esperanza y caridad. Que estos nueve días nos preparen a reconocer tus maravillas en nuestra vida. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Invocación al Espíritu Santo
Ven, Espíritu Santo, y llena el corazón de tus fieles; enciende en nosotros el fuego de tu amor. Tú que cubriste con tu sombra a la Virgen María y obraste en ella tu maravilla, alcánzanos ojos para reconocer tus obras y corazón para alabarte e imitar a la Madre admirable. Guía nuestra novena y haz que, con María, digamos siempre «hágase en mí según tu palabra» (Lucas 1,38). Amén.
Día primero — Madre admirable
Memoria histórica
La Iglesia llama a María «Madre admirable» porque en ella Dios obró maravillas: la eligió Madre de su Hijo y la llenó de gracia. La invocación pasó a la Letanía de la Virgen como canto de admiración agradecida.
Meditación
Admirar es reconocer, con asombro, algo grande y hermoso. María es admirable, pero no por sí misma, sino por lo que Dios hizo en ella: una humilde muchacha de Nazaret convertida en Madre de Dios. Ella fue la primera en admirarse: «ha hecho por mí maravillas el Poderoso». Llamarla admirable no es adularla, sino alabar a Dios que la hizo así. Y la verdadera admiración no se queda en la contemplación, sino que lleva a imitar y a dar gracias. Pedir su intercesión es pedir un corazón que sepa admirar y alabar las obras de Dios.
Palabra de Dios sugerida
«El Poderoso ha hecho por mí maravillas: santo es su nombre» (Lucas 1,49).
Propósito
Hoy me detendré a admirar y agradecer una obra de Dios en mi vida o a mi alrededor.
Oración del día
María, Madre admirable, en quien Dios obró maravillas, enséñanos a admirar y alabar sus obras. Ruega por nosotros. Amén.
Día segundo — Cristo, la mayor maravilla de Dios
Memoria histórica
La mayor obra de Dios es la encarnación de su Hijo: «tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único» (Juan 3,16). En María, esa maravilla se hizo carne.
Meditación
La Iglesia llama a María «Madre admirable» sin olvidar que la maravilla mayor es Cristo, y que toda la grandeza de María viene de ser su Madre. Admirar a María es admirar la obra de Dios que en ella culmina: el Verbo hecho carne para nuestra salvación. Si nos maravillan las obras de la creación, cuánto más el amor de Dios que se hace hombre y muere por nosotros. La admiración cristiana desemboca siempre en Cristo. Pedir la intercesión de María es pedir que nos lleve a admirar y amar a su Hijo, la maravilla de Dios.
Palabra de Dios sugerida
«Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único» (Juan 3,16).
Propósito
Contemplaré hoy con asombro el amor de Cristo por mí, en un rato de oración ante Él.
Oración del día
María, Madre admirable, llévanos a admirar y amar a Cristo, la mayor maravilla del amor de Dios. Ruega por nosotros. Amén.
Día tercero — «Ha hecho en mí maravillas»
Memoria histórica
En el Magníficat, María reconoce el origen de su grandeza: «ha hecho por mí maravillas el Poderoso; santo es su nombre». No se atribuye nada a sí misma: todo lo remite a Dios.
Meditación
La admiración de María por sí misma es, en realidad, alabanza a Dios. No se envanece de ser Madre del Señor, sino que reconoce que todo es gracia y da gloria a Dios. Nos enseña la humildad verdadera: reconocer con verdad el bien que hay en nosotros, sabiendo que es don de Dios, sin orgullo ni falsa modestia. Cada uno puede decir, en su medida, «ha hecho en mí maravillas»: la vida, la fe, el amor recibido. Pedir la intercesión de María es pedir un corazón humilde y agradecido, que atribuya a Dios el bien.
Palabra de Dios sugerida
«Ha hecho por mí maravillas el Poderoso; santo es su nombre» (Lucas 1,49).
Propósito
Reconoceré hoy con humildad un don que Dios ha puesto en mí y se lo agradeceré, poniéndolo a su servicio.
Oración del día
María, Madre admirable, que atribuiste a Dios todas tus maravillas, enséñanos la humildad agradecida que da gloria a Dios. Ruega por nosotros. Amén.
Día cuarto — La maternidad divina, misterio admirable
Memoria histórica
El Concilio de Éfeso (año 431) confesó a María «Madre de Dios» (Theotokos), porque el que nació de ella es verdadero Dios y verdadero hombre. Es el fundamento de todos sus títulos.
Meditación
La maternidad divina es la maravilla que hace a María admirable: una criatura llega a ser Madre de su Creador. No porque diera a Cristo su divinidad —que tiene del Padre desde la eternidad—, sino porque de ella tomó la humanidad. Este misterio, que la razón no alcanza a agotar, llena de asombro: Dios quiso necesitar de una madre. Contemplarlo aumenta la veneración a María y, sobre todo, la adoración a Cristo, Dios hecho hombre. Pedir la intercesión de la Madre de Dios es acogerse a la que llevó en su seno al Salvador.
Palabra de Dios sugerida
«¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?» (Lucas 1,43).
Propósito
Adoraré hoy a Cristo, Dios hecho hombre, y honraré a María como Madre de Dios con un Avemaría rezado despacio.
Oración del día
María, Madre admirable y Madre de Dios, que llevaste en tu seno al Salvador, acércanos al misterio admirable de tu Hijo. Ruega por nosotros. Amén.
Día quinto — María junto a los enfermos
Memoria histórica
También en la debilidad y la enfermedad obra Dios maravillas de gracia, fortaleza y paz. A María, Madre admirable, acuden los enfermos buscando consuelo y esperanza.
Meditación
En las bodas de Caná, María advierte la necesidad y acude a su Hijo: «no tienen vino». Así intercede por los enfermos: presenta ante Cristo nuestras carencias y nos remite a Él, «haced lo que Él os diga». No es ella quien sana, sino su Hijo; pero su intercesión de Madre alcanza a los enfermos la fortaleza para llevar la cruz. A veces la mayor maravilla no es la curación, sino la paz y la fe que Dios da en medio del dolor, cuando la salud no llega como quisiéramos.
Palabra de Dios sugerida
«La madre de Jesús le dijo: “No tienen vino”» (Juan 2,3).
Propósito
Rezaré hoy por un enfermo concreto y, si me es posible, le haré una visita, una llamada o un gesto de cercanía.
Oración del día
María, Madre admirable y consuelo de los afligidos, lleva ante tu Hijo el clamor de los enfermos y de quienes los cuidan. Alcánzales alivio, paciencia y paz. Que en la cruz reconozcamos el amor de Cristo, salud verdadera. Amén.
Día sexto — Admirar para imitar
Memoria histórica
San Agustín enseñaba que hay que admirar a los santos, pero sobre todo imitarlos. La admiración a María, Madre admirable, no debe quedarse en sentimiento, sino llevar a imitar sus virtudes.
Meditación
Es fácil admirar sin imitar: aplaudir la santidad de lejos sin cambiar la propia vida. Pero la verdadera devoción a la Madre admirable pide dar un paso más: imitar su fe, su humildad, su caridad, su obediencia a Dios. Dios obra también en nosotros maravillas, si le dejamos: la mayor es hacer de un pecador un santo. Admirar a María es dejarse mover a ser mejores, sabiendo que la misma gracia que la hizo admirable se nos ofrece. Pedir su intercesión es pedir imitar de veras sus virtudes.
Palabra de Dios sugerida
«Sed imitadores míos, como yo lo soy de Cristo» (1 Corintios 11,1).
Propósito
Imitaré hoy una virtud concreta de María —humildad, fe o caridad— en una situación real.
Oración del día
María, Madre admirable, que no buscas admiradores ociosos sino imitadores de tu Hijo, alcánzanos imitar tus virtudes. Ruega por nosotros. Amén.
Día séptimo — Reina coronada y Madre
Memoria histórica
La Iglesia venera a María como Reina, coronada en el cielo junto a su Hijo. La coronación de la Madre admirable es la más alta de las maravillas que Dios obró en ella, primicia de la gloria prometida a los humildes.
Meditación
María es Reina porque es Madre del Rey, y su realeza es servicio, como la de su Hijo, que «no vino a ser servido, sino a servir». Su glorificación es la culminación de las maravillas de Dios en ella: la humilde de Nazaret, coronada Reina del cielo. Y esa maravilla es promesa para nosotros: Dios quiere obrar también en sus hijos cosas grandes y llevarlos a la gloria. Contemplar a la Reina admirable llena de esperanza. Honrar a María Reina es alabar a Dios que enaltece a los humildes y confiar en que hará maravillas también en nosotros.
Palabra de Dios sugerida
«Derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes» (Lucas 1,52).
Propósito
Alabaré hoy a Dios por las maravillas que obra en los humildes y practicaré un acto de humildad.
Oración del día
María, Madre admirable y Reina coronada, en quien Dios obró su maravilla mayor, aumenta nuestra esperanza. Intercede por nosotros ante Cristo, Rey del universo. Amén.
Día octavo — Las maravillas de Dios en lo cotidiano y en el hogar
Memoria histórica
En el hogar oculto de Nazaret, sin hechos llamativos a los ojos del mundo, se obraba la mayor maravilla: Dios crecía como niño. Allí «Jesús crecía en sabiduría, en estatura y en gracia» (Lucas 2,52).
Meditación
Las mayores maravillas de Dios suelen ser silenciosas y ocultas, como en Nazaret. También en nuestras familias y en la vida cotidiana Dios obra prodigios que solo la fe reconoce: un amor que perdona, una fidelidad que persevera, una fe que se transmite, una vida que nace. La cultura de hoy admira lo espectacular y desprecia lo pequeño; la Madre admirable enseña a descubrir a Dios en lo sencillo del hogar. Encomendarle la familia es pedir ojos de fe para reconocer y agradecer las maravillas que Dios obra cada día en casa.
Palabra de Dios sugerida
«Bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad… y Jesús crecía en sabiduría» (Lucas 2,51-52).
Propósito
Descubriré y agradeceré hoy una «pequeña maravilla» de Dios en mi familia o en mi día ordinario.
Oración del día
María, Madre admirable y Madre de la Sagrada Familia, danos ojos de fe para reconocer las maravillas de Dios en lo cotidiano. Alcánzanos gratitud y amor; consuela a los que viven solos y bendice a nuestros mayores. Que Cristo crezca en cada familia. Amén.
Día noveno — Envío a la vida
Memoria histórica
Terminada la novena, los fieles vuelven a su vida diaria con el corazón lleno de admiración agradecida y el propósito de alabar a Dios e imitar a la Madre admirable. Toda la vida cristiana es alabanza de las maravillas de Dios.
Meditación
La novena no es el final, sino el envío. Habiendo contemplado nueve días a María, Madre admirable, somos enviados a vivir admirando y alabando las obras de Dios, y a dejar que Él obre también en nosotros su maravilla: hacernos santos. No con una admiración vana que se queda en palabras, sino con una vida transformada que imita las virtudes de María. Como ella, que proclamó las maravillas de Dios y las vivió, también nosotros, tras la novena, volvemos a la vida para alabar a Dios con la voz y con las obras.
Palabra de Dios sugerida
«Contad entre los pueblos sus maravillas» (Salmo 96,3).
Propósito
Alabaré hoy las maravillas de Dios con una obra concreta de imitación de María, y acudiré, si puedo, a la Eucaristía.
Oración del día
María, Madre admirable, envíanos renovados a la vida de cada día. Que, admirando y alabando las obras de Dios, dejemos que Él haga en nosotros su maravilla e imitemos tus virtudes, hasta contemplarlo en la gloria. Ruega por nosotros ahora y siempre. Amén.
Oración final
María, Madre admirable, al terminar esta novena te damos gracias por habernos acompañado estos nueve días. Tú, en quien Dios obró sus maravillas, condúcenos siempre a tu Hijo Jesucristo, único Salvador y Señor, la mayor maravilla del amor de Dios. No permitas que nuestra devoción se quede en admiración vacía; hazla vida de fe, esperanza y caridad. Danos ojos para reconocer las obras de Dios, corazón para alabarlas y voluntad para imitar tus virtudes; consuela a los enfermos y haz de nuestras familias lugar de sus maravillas cotidianas. Y cuando termine nuestro camino en la tierra, muéstranos, después de este destierro, a Jesús, fruto bendito de tu vientre. Por Cristo, nuestro Señor. Amén.
Peticiones de la comunidad
- Por la Iglesia y por el Papa, para que anuncien al mundo las maravillas del amor de Dios. Roguemos al Señor.
- Por cuantos han perdido la capacidad de admirar y agradecer, para que redescubran las obras de Dios en la creación y en la vida. Roguemos al Señor.
- Por que sepamos imitar, y no solo admirar, las virtudes de María y de los santos. Roguemos al Señor.
- Por los enfermos, para que reconozcan la maravilla de la gracia y la paz de Dios en medio del dolor. Roguemos al Señor.
- Por las familias, para que descubran las maravillas de Dios en lo cotidiano de su hogar. Roguemos al Señor.
- Por nuestros difuntos, para que la Madre admirable los presente ante su Hijo y contemplen para siempre las maravillas de Dios. Roguemos al Señor.
Novena preparada por el equipo de rezaelrosario.org como material devocional original. Los datos históricos se ofrecen conforme a la tradición y al magisterio de la Iglesia; la devoción se dirige a Dios, y a María se le pide su intercesión.
