Sagrada Escritura
Jesús no ocultó su angustia: pidió que pasara la copa y se puso en manos del Padre.
En Getsemaní, Jesús se apartó con sus discípulos y comenzó a sentir tristeza y angustia. Les pidió que velaran con Él. Postrado en tierra, rogó al Padre que, si era posible, pasara de Él aquella copa. No disfrazó el sufrimiento ni presentó la confianza como insensibilidad. Mientras tanto, sus amigos se dormían y Él volvía a orar.
En su súplica añadió: «No se haga como yo quiero, sino como quieres tú». Lucas relata su agonía y la asistencia de un ángel, sin convertirla en ausencia de dolor. Después Jesús se levantó, encontró de nuevo a los discípulos y afrontó la llegada de quienes iban a arrestarlo. El cáliz no se apartó, pero su oración mostró una obediencia que había expresado antes toda la verdad del deseo y de la angustia. El Evangelio no ofrece aquí un porqué para cada sufrimiento humano. Nos permite pedir que el dolor desaparezca y, sin negar lo que sentimos, ponernos en manos del Padre.
01
Lo que parecía
Que confiar en el Padre exigía no sentir angustia, no desear otra salida o callar la petición de que el sufrimiento desapareciera.
02
Lo que descubrimos
Que Jesús une súplica sincera y abandono: expresa plenamente lo que desea y, sin inventar una explicación al dolor, se entrega al Padre.
03
Para tu vida
Hoy puedo pedir con toda verdad que este dolor pase y después decir: «Padre, sigo poniéndome en tus manos».
Oración
Una oración para hoy
Señor Jesús, getsemaní — confiar sin dejar de pedir. Sostén mi fe cuando no comprenda, enséñame a recibir tu luz y a responder hoy con verdad y amor. Amén.
Origen y referencias
Origen de esta meditación: Sagrada Escritura. La etiqueta ayuda a distinguir la Escritura, la memoria de una vida, una tradición y la reflexión editorial, sin presentar unas como si fueran las otras.
- Evangelio según san Mateo 26,36-46
- Evangelio según san Lucas 22,39-46
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