Vida de una venerable
La enfermedad cerró Perú y puso delante de ella a otras personas necesitadas de lo que quería entregar.
Isabel Méndez Herrero nació en una familia de agricultores de Salamanca. Participó en Acción Católica, catequesis y acompañamiento de jóvenes obreras, mientras crecía su llamada misionera. En 1944 ingresó en las Siervas de San José. Profesó en 1947 y se ofreció para ir a Perú. Entonces su sueño de servicio tenía un destino claro.
Apareció la tuberculosis y Perú desapareció del horizonte. No afirmamos que Dios enviara la enfermedad ni sabemos por qué enfermó. Entre 1948 y 1950 estuvo ingresada en un sanatorio de Salamanca. Allí comenzó a evangelizar entre las camas vecinas: promovió Acción Católica y adoración, visitó enfermas graves, enseñó a rezar y acompañó a alejadas de los sacramentos.
El Dicasterio la llama «misionera desde el lecho del dolor». Comprendió que Perú era el lugar imaginado para su misión, no la misión misma. Delante había personas que necesitaban lo que deseaba entregar. Murió en 1953 con veintinueve años. Su camino invita a no confundir el escenario soñado con el servicio: aunque una tierra quede fuera de alcance, la entrega puede hacerse concreta junto a quien ya está cerca.
01
Lo que parecía
No comprendía por qué una enfermedad volvía imposible su claro sueño misionero en Perú.
02
Lo que descubrimos
Comprendió que Perú era el lugar imaginado, no la misión misma, y sirvió a las personas del sanatorio.
03
Para tu vida
No confundiré el lugar donde soñaba servir con aquello para lo que quería servir; miraré quién necesita hoy lo que puedo entregar.
Oración
Una oración para hoy
Señor, cuando se cierre el lugar imaginado, ayúdame a reconocer a quien puedo servir hoy. Amén.
Origen y referencias
Origen de esta meditación: Vida de una venerable. La etiqueta ayuda a distinguir la Escritura, la memoria de una vida, una tradición y la reflexión editorial, sin presentar unas como si fueran las otras.
- Dicasterio para las Causas de los Santos, venerable Isabel Méndez Herrero
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