Vida de una beata
Se había entregado al cuidado de niñas con tuberculosis hasta enfermar. El traslado de Mar del Plata a Vallenar parecía apartarla de su misión; en Chile ayudó donde era necesaria.
María Angélica Pérez nació en 1897 en la provincia de Buenos Aires. Entró en las Hijas de María Santísima del Huerto, tomó el nombre de María Crescencia y dedicó sus primeros años religiosos a enseñar labores y catequesis a niñas.
Después fue enviada al Sanatorio Marítimo de Mar del Plata. Durante tres años cuidó y educó a niñas afectadas por tuberculosis ósea. Su entrega suscitó admiración, pero el esfuerzo y un clima inadecuado para su constitución frágil fueron perjudicando seriamente su salud.
En 1928 sus superioras decidieron trasladarla a Vallenar, en el norte de Chile, donde esperaban que un clima más benigno la ayudase. Dejar Argentina, su familia religiosa y a las niñas que atendía no fue una recompensa ni una misión elegida por comodidad: fue una medida motivada por su deterioro físico.
En el hospital de Vallenar descubrió que servir a los enfermos no dependía de conservar exactamente la tarea anterior. Ayudó a sus hermanas en maternidad, farmacia, cocina, capilla y catequesis: allí donde aparecía una necesidad concreta.
Su salud continuó empeorando y en 1930 contrajo tuberculosis de los pacientes. Murió en Vallenar en 1932, con 34 años. Benedicto XVI la presentó como modelo de dulzura evangélica y fue beatificada en 2012. No afirmamos que Dios le enviara la enfermedad: contamos cómo respondió cuando la enfermedad cambió el lugar y la forma de su servicio.
01
Lo que parecía
Que ser enviada lejos por motivos de salud significaba abandonar a los enfermos y perder la misión a la que ya se había entregado.
02
Lo que descubrimos
Que no podía conservar aquella tarea sin límites, pero sí reconocer en otro país muchas formas concretas de cuidar: una maternidad, una farmacia, una cocina, una capilla o una clase.
03
Para tu vida
Si mi salud obliga a dejar una tarea, no llamaré fracaso a todo el servicio anterior ni me exigiré demostrar mi entrega destruyéndome. Buscaré, con ayuda y límites reales, qué forma de bien sigue siendo posible.
Oración
Una oración para hoy
Señor Jesús, por la intercesión de la beata María Crescencia Pérez, acompaña a quienes deben dejar o cambiar una tarea por su salud; enséñanos a cuidar sin destruirnos y a reconocer el bien posible en cada nueva etapa. Santa María, Salud de los enfermos, intercede por nosotros y llévanos a Cristo. Amén.
Origen y referencias
Origen de esta meditación: Vida de una beata. La etiqueta ayuda a distinguir la Escritura, la memoria de una vida, una tradición y la reflexión editorial, sin presentar unas como si fueran las otras.
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