San Alonso Rodríguez — Perdió a su familia, quebró su negocio y no pudo ser sacerdote; una portería se convirtió en su misión

Alonso Rodríguez, hermano jesuita mayor, abre la puerta del colegio de Montesión y acoge a un estudiante atribulado, con discreta memoria de su antigua vida familiar y comercial.
Representación artística original creada para esta meditación.

Vida de un santo

Quedó viudo, murieron sus tres hijos y quebró el negocio familiar. Después intentó prepararse para el sacerdocio, pero la edad, la salud y su formación insuficiente cerraron ese camino. Fue admitido como hermano jesuita.

Alonso Rodríguez nació en Segovia en 1533. La muerte temprana de su padre interrumpió sus estudios y lo llevó a sostener el negocio familiar. A los veintisiete años se casó con María Suárez y tuvieron tres hijos.

En apenas nueve años murieron su esposa y sus tres hijos. El negocio familiar también acabó en la ruina. Las fuentes jesuitas recuerdan que Alonso quedó desorientado y con una dolorosa impresión de fracaso personal. No sabemos por qué se acumularon aquellas pérdidas y no debemos convertirlas en un mecanismo necesario para explicar su vocación posterior.

Buscó orientación espiritual y pidió entrar en la Compañía de Jesús con la intención de ser sacerdote. Lo consideraron demasiado mayor, con salud frágil y formación insuficiente. Se trasladó a Valencia y pasó dos años intentando adquirir los estudios necesarios, pero una nueva evaluación llegó a la misma conclusión: no podía seguir aquel camino.

Alonso aceptó otra forma de pertenecer a la Compañía. En 1571, con treinta y siete años, fue admitido como hermano coadjutor y enviado al colegio de Montesión, en Palma de Mallorca. Allí trabajó durante más de cuarenta años, principalmente como portero.

Abría la puerta, recibía visitas, buscaba a quien llamaban, llevaba recados, distribuía limosnas y escuchaba a personas atribuladas. Aquella tarea sin púlpito lo convirtió en rostro público y acogedor de la comunidad. Estudiantes y vecinos acudían a pedirle consejo; entre ellos estuvo el joven Pedro Claver, a quien animó en su vocación misionera.

Alonso fue canonizado en 1888 y es patrono de los hermanos jesuitas. No sustituyó a su esposa ni a sus hijos, ni transformó sus muertes en algo bueno. Tampoco llegó a ser el sacerdote que había imaginado. La nueva luz apareció en otro lugar: su capacidad para amar no había terminado con la vida que perdió ni dependía del ministerio que no pudo recibir.

01

Lo que parecía

Que la muerte de toda su familia, la ruina económica y la imposibilidad de ser sacerdote habían dejado su vida hecha únicamente de pérdidas y caminos cerrados.

02

Lo que descubrimos

Que podía comenzar de nuevo sin borrar su historia y entregar una vida profundamente fecunda desde una vocación no sacerdotal y un oficio cotidiano de acogida.

03

Para tu vida

No llamaré fracaso a toda mi vida porque hayan terminado el proyecto familiar, el trabajo o la vocación concreta que imaginaba. Buscaré qué forma real de amar permanece abierta, aunque no tenga el nombre ni la visibilidad que esperaba.

Oración

Una oración para hoy

Señor Jesús, por intercesión de san Alonso Rodríguez, acompaña a quienes han perdido familia, trabajo o proyectos y muéstrales la forma concreta de amar que todavía permanece abierta. Santa María, intercede por nosotros y llévanos a Cristo. Amén.

Origen y referencias

Origen de esta meditación: Vida de un santo. La etiqueta ayuda a distinguir la Escritura, la memoria de una vida, una tradición y la reflexión editorial, sin presentar unas como si fueran las otras.

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Una invitación a detenerse, orar y volver la mirada a Jesucristo.

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