Vida de una venerable
Las leyes impidieron durante casi veinte años que entrara en el convento. Antes de tener hábito o congregación propia, ya rezaba, enseñaba y servía a otras mujeres.
Sebastiana Lladó y Sala, después llamada María Rafaela del Sagrado Corazón de Jesús, nació en Campos, Mallorca, en 1814. Deseaba entrar en las Carmelitas de Palma. Sin embargo, entre 1833 y 1852 las leyes anticatólicas vigentes impedían a los conventos recibir nuevas vocaciones. Durante diecinueve años la puerta institucional permaneció cerrada por una circunstancia ajena a ella.
No sabemos qué pensó en cada aniversario ni debemos imaginar conversaciones interiores que las fuentes no conservan. Sí conocemos la orientación que tomó por consejo de su confesor: vivió en medio del mundo una existencia retirada de oración y servicio al prójimo. La imposibilidad de entrar en clausura no la obligó a posponer toda respuesta hasta que las leyes cambiasen.
En 1844, el Ayuntamiento de Campos le confió la enseñanza en una escuela de niñas. Más adelante intensificó el trabajo con jóvenes de toda condición, especialmente las pobres, enseñándoles religión, lectura y escritura. También organizó ejercicios espirituales para mujeres y acompañó a muchas jóvenes en un tiempo en que la dirección espiritual estaba reservada habitualmente a clérigos.
Con el paso de los años impulsó asociaciones de mujeres que deseaban vivir una entrega religiosa en sus propias casas. En 1878, con el consentimiento del obispo de Mallorca, comenzó una asociación de hermanas terciarias carmelitas. Profesó en la Tercera Orden en 1884, emitió votos perpetuos con sus compañeras en 1886 y fue elegida superiora.
Finalmente, el 24 de enero de 1891 nació la Congregación de las Hermanas de los Sagrados Corazones de Jesús y María. Tenía setenta y siete años. Dedicó sus últimas fuerzas a consolidar el instituto y murió en 1899. El papa Francisco reconoció la heroicidad de sus virtudes en 2016. La forma definitiva llegó muy tarde, pero la vocación ya llevaba décadas haciéndose servicio.
No llames años perdidos a los años en los que todavía no puedes vivir tu vocación en la forma que imaginabas. Quizá una puerta legítima siga cerrada y sea necesario esperar sin forzarla. Eso no impide comenzar hoy a amar, aprender, servir y dejarse acompañar como la persona que quieres llegar a ser. Los diecinueve años no fueron una sala de espera vacía: ya estaban llenos de vocación.
01
Lo que parecía
Que no poder entrar en el convento durante diecinueve años dejaba su vocación detenida y su vida verdadera para más adelante.
02
Lo que descubrimos
Que aquellos años ya contenían oración, enseñanza, acompañamiento y servicio, y prepararon una forma de entrega que culminó mucho después.
03
Para tu vida
No declararé inútil el presente solo porque aún no puedo vivir mi llamada como la imagino. Sin forzar puertas cerradas, empezaré hoy a formarme, amar y servir con las posibilidades reales que tengo.
Oración
Una oración para hoy
Señor Jesús, por intercesión de la venerable María Rafaela del Sagrado Corazón, enséñanos a habitar con fecundidad las esperas largas. Que ninguna puerta cerrada nos impida amar hoy. Santa María, mujer de la espera y del servicio, condúcenos siempre a Cristo. Amén.
Origen y referencias
Origen de esta meditación: Vida de una venerable. La etiqueta ayuda a distinguir la Escritura, la memoria de una vida, una tradición y la reflexión editorial, sin presentar unas como si fueran las otras.
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