Vida de un santo
Era jurista y juez, había recibido la tonsura, pero aún no era sacerdote. Consideró que el arzobispado de Lima superaba sus fuerzas; después de aceptar, tuvo que seguir formándose mientras comenzaba una misión inmensa.
Toribio Alfonso de Mogrovejo nació en España hacia 1538. Se formó como jurista en Salamanca y ejerció como juez en Granada. Había decidido consagrarse al Señor y recibido la tonsura, pero todavía no era sacerdote cuando Felipe II lo propuso al Papa Gregorio XIII para el arzobispado de Lima.
La arquidiócesis era enorme y atravesaba una situación muy difícil. La fuente vaticana señala que Toribio consideró aquella misión superior a sus fuerzas y experimentó dificultad para aceptar. Finalmente reconoció el nombramiento pontificio y recibió sucesivamente la ordenación diaconal, sacerdotal y episcopal antes de partir hacia América.
Fue un itinerario excepcional. No puede usarse para despreciar la formación habitual ni para pensar que una persona debe aceptar cualquier responsabilidad solo porque otros la consideran capaz. En su caso existieron un nombramiento de la Iglesia, un proceso de ordenación y una misión concreta. Incluso después de aceptar, no actuó como si ya supiera todo lo necesario.
Al llegar al Perú comenzó a aprender quechua para acercarse a los pueblos confiados a su cuidado. Recorrió caminos difíciles, defendió la dignidad de los indígenas, promovió hospitales y el primer seminario de aquella Iglesia, y convocó concilios y sínodos. El tercer Concilio de Lima impulsó un catecismo en español, quechua y aimara.
Durante veinticinco años como arzobispo dedicó diecisiete a las visitas pastorales y recorrió aproximadamente cuarenta mil kilómetros. Murió en 1606 durante uno de aquellos viajes y fue canonizado en 1726. La experiencia jurídica con la que llegó no era preparación pastoral completa, pero tampoco era material inútil: aprendió a ponerla al servicio de personas concretas.
Sentirte insuficientemente preparado puede revelar humildad o señalar carencias reales que debes atender; no siempre demuestra que la misión sea equivocada. A veces la respuesta responsable no es fingir que ya estás listo, sino aceptar con discernimiento y convertir el comienzo en una escuela: escuchar, estudiar, pedir ayuda y aprender incluso de quienes has sido enviado a servir.
01
Lo que parecía
Que un jurista todavía no ordenado no podía estar preparado para pastorear una arquidiócesis inmensa al otro lado del océano.
02
Lo que descubrimos
Que aceptó dentro del discernimiento de la Iglesia, recibió la ordenación y siguió aprendiendo durante la misión, incluso las lenguas de su pueblo.
03
Para tu vida
Si recibo una responsabilidad que me supera, no esconderé lo que me falta ni fingiré seguridad. Discerniré con ayuda competente y, si debo aceptarla, la convertiré en una escuela de escucha, formación y servicio concreto.
Oración
Una oración para hoy
Señor Jesús, por intercesión de santo Toribio de Mogrovejo, acompaña a quienes reciben responsabilidades mayores que sus fuerzas. Dales humildad para formarse, cercanía con las personas y valentía para defender su dignidad. Santa María, estrella de la evangelización, llévanos a Cristo. Amén.
Origen y referencias
Origen de esta meditación: Vida de un santo. La etiqueta ayuda a distinguir la Escritura, la memoria de una vida, una tradición y la reflexión editorial, sin presentar unas como si fueran las otras.
Guardado anónimo y local: no se crea una cuenta ni se envía este dato al servidor.
