La Inmaculada Concepción, Patrona de los Estados Unidos
El voto de Baltimore antes del dogma · Baltimore, Maryland · 13 de mayo de 1846
Un gesto profético antes del dogma
El 10 de mayo de 1846, el arzobispo Samuel Eccleston reunió en Baltimore a veintidós obispos de los Estados Unidos para la apertura de la Primera Sesión del VI Concilio Provincial de Baltimore. Tres días después, el 13 de mayo de 1846, los prelados adoptaron un decreto de una significación teológica e histórica excepcional: eligieron por unanimidad a la Santísima Virgen María, «concebida sin pecado», como Patrona de los Estados Unidos de América. Lo hicieron ocho años antes de que la Inmaculada Concepción fuera declarada dogma de fe, adelantándose a la proclamación solemne del papa Pío IX en la bula Ineffabilis Deus del 8 de diciembre de 1854. Esta audacia teológica de los obispos americanos se considera uno de los factores que animaron al papa a actuar.
La aprobación de Roma y el dogma
El 7 de febrero de 1847, el papa Pío IX aprobó formalmente la elección de los obispos americanos. Cuando, en 1854, el mismo Pío IX proclamó el dogma de la Inmaculada Concepción, los Estados Unidos ya llevaban ocho años bajo el patrocinio de ese misterio mariano. El nexo entre la Iglesia americana y la Inmaculada es, por tanto, anterior al dogma mismo. Esta relación se expresa hoy de manera arquitectónica en la Basílica del Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción en Washington D.C., la iglesia católica más grande de América del Norte, construida entre 1920 y 1961.
Una nación confiada a María
La devoción a la Inmaculada Concepción en suelo norteamericano hunde sus raíces en los primeros misioneros franciscanos y jesuitas del siglo XVII. El decreto de Baltimore no fue una invención, sino la cristalización solemne de una piedad centenaria. Cada 8 de diciembre, fiesta de la Inmaculada Concepción y día festivo de precepto en los Estados Unidos, los católicos americanos celebran a su patrona nacional en miles de parroquias, muchas de las cuales llevan su nombre.
tú que fuiste preservada del pecado desde el primer instante,
intercede por esta nación que te confió sus primeros pasos
y guíala hacia la verdad y la justicia. Amén.
