Advocación mariana
Nuestra Señora de Guadalupe de Sucre, patrona de la ciudad de Sucre y de la arquidiócesis
Advocación mariana de Sucre (Chuquisaca)
Según la historia documentada, la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe de Sucre fue pintada por el monje jerónimo Fray Diego de Ocaña en 1601. La obra llegó a la entonces ciudad de La Plata (hoy Sucre) en el contexto de la expansión de la devoción a la Virgen de Guadalupe de Extremadura hacia América, entre los siglos XVI y XVIII. En 1602 se construyó una primera capilla por orden del obispo Alonso Ramírez de Vergara, y en 1617 fue ampliada y destinada específicamente al culto de la Virgen de Guadalupe por Fray Gerónimo Méndez de la Tiedra. Desde sus orígenes, la población veneró esta imagen como una presencia maternal cercana.

Datos principales
Origen e historia
Según la historia documentada, la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe de Sucre fue pintada por el monje jerónimo Fray Diego de Ocaña en 1601. La obra llegó a la entonces ciudad de La Plata (hoy Sucre) en el contexto de la expansión de la devoción a la Virgen de Guadalupe de Extremadura hacia América, entre los siglos XVI y XVIII. En 1602 se construyó una primera capilla por orden del obispo Alonso Ramírez de Vergara, y en 1617 fue ampliada y destinada específicamente al culto de la Virgen de Guadalupe por Fray Gerónimo Méndez de la Tiedra. Desde sus orígenes, la población veneró esta imagen como una presencia maternal cercana.
La tradición popular recoge también relatos piadosos sobre la llegada de la imagen. Una leyenda muy difundida narra el hallazgo de una mula extraviada que transportaba un gran cajón; al abrirlo, las autoridades y miembros del cabildo eclesiástico habrían encontrado en su interior la imagen de la Virgen de rostro moreno con el Niño en brazos, identificada como la Virgen de Guadalupe. Este relato forma parte de la memoria devocional del pueblo, pero se apoya sobre todo en la tradición oral, mientras que los datos sobre el autor (Fray Diego de Ocaña) y las fechas de pintura y construcción de la capilla proceden de fuentes históricas y eclesiales.
En el transcurso del siglo XVIII, el creciente culto y la generosidad de los devotos llevaron a reforzar el lienzo original con una plancha de plata y oro que cubre el manto de la Virgen, de modo que solo quedaron visibles de la pintura original el rostro de la Virgen, el Niño y las manos. Esta intervención, realizada en 1748 según algunas fuentes y en 1784 según otras, refleja el deseo de honrar a la Patrona con materiales preciosos y proteger al mismo tiempo el soporte pictórico.
La imagen y el santuario
La imagen es una pintura sobre tabla o lienzo (las fuentes emplean el término “lienzo”) atribuida a Fray Diego de Ocaña (1601), inspirada en el modelo iconográfico de la Guadalupe de Extremadura. Representa a la Virgen María con el Niño Jesús en brazos, de rostro moreno, en actitud solemne pero cercana. El cuadro se encuentra hoy casi completamente recubierto por un manto metálico de plata repujada y oro, que dibuja el contorno del vestido y el manto de la Virgen y del Niño; sobre esta plancha se han ido añadiendo numerosas joyas, piedras preciosas, perlas y adornos ofrecidos por autoridades eclesiásticas, personalidades civiles y sencillos fieles. De la pintura original quedan a la vista principalmente el rostro de la Virgen, el del Niño y las manos. La imagen es conocida cariñosamente como la “Mamita de Guadalupe” o “Gualala”.
La Virgen se venera en la Capilla de la Virgen de Guadalupe, anexa a la Catedral basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, también conocida como Catedral Metropolitana de Sucre – Primada de Bolivia, situada en la Plaza 25 de Mayo de la ciudad de Sucre. La catedral es un edificio de origen colonial cuya construcción comenzó hacia 1551 y se prolongó durante casi un siglo, combinando elementos renacentistas y barrocos. Ha sido declarada patrimonio cultural municipal de Sucre. En un sector del templo funciona un museo de arte sacro considerado uno de los más importantes de Bolivia, con relevantes piezas de los siglos XVI al XVIII.
La capilla de la Virgen, concluida en su forma ampliada en 1617, alberga de manera estable la imagen de la Patrona. Desde esta capilla y la catedral se articula la vida litúrgica y devocional en torno a Nuestra Señora de Guadalupe, así como las principales celebraciones de septiembre.
Patronazgo y coronación
Nuestra Señora de Guadalupe es patrona de la ciudad de Sucre; diversas fuentes señalan explícitamente que la imagen pintada por Fray Diego de Ocaña es venerada como tal. Es también patrona espiritual muy arraigada en todo el departamento de Chuquisaca y se la reconoce como un signo mariano destacado en la vida de la arquidiócesis de Sucre, aunque no siempre se explicita formalmente el título de patrona arquidiocesana en las fuentes consultadas.
En cuanto a la coronación canónica, en las fuentes revisadas (Wikipedia, información local sobre la capilla y la catedral, documentación de la UNESCO sobre la fiesta y notas de prensa católica) no consta de manera clara y documentada una fecha ni un decreto específico de coronación canónica pontificia. Por tanto, conforme a la instrucción de no inventar datos, se debe indicar: no consta una coronación canónica documentada.
Fiesta y devoción
La fiesta principal de Nuestra Señora de Guadalupe en Sucre se celebra en torno al 8 de septiembre, coincidiendo con la fiesta de la Natividad de la Virgen María. Ese día y los días cercanos la catedral se llena de flores y se organizan numerosas procesiones por la ciudad, además de una multitudinaria noche de velas. La devoción a la “Mamita de Guadalupe” es descrita como una de las manifestaciones de fe más convocantes de la región, con una participación muy numerosa de fieles.
La Fiesta de la Virgen de Guadalupe, patrona de Sucre, ha sido reconocida por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, en tanto expresión en la que se entrelazan fe, historia y cultura. Según la descripción del patrimonio inmaterial, la festividad se inicia con el traslado de la imagen dentro del ámbito de la catedral y la capilla, seguido de oraciones diarias, procesiones con velas, espectáculos musicales y celebraciones públicas, coordinadas conjuntamente por la Iglesia Católica y la Asociación de Grupos Folclóricos.
La fiesta integra de manera orgánica la liturgia y la religiosidad popular: misas solemnes, novenas, rezos comunitarios, peregrinaciones urbanas y despliegue de música y danzas tradicionales. La imagen, ricamente recubierta de joyas, se convierte en centro de unidad para creyentes de distintos estratos sociales, quienes continúan la tradición de ofrecer exvotos y alhajas como expresión de gratitud e intercesión.
Vínculo con el Rosario
Las fuentes consultadas sobre Nuestra Señora de Guadalupe de Sucre (capilla, catedral, UNESCO y notas de prensa) no mencionan de forma expresa una relación específica con el rezo del Rosario, como pudiera ser una cofradía histórica del Rosario, un título ligado a esta oración o prácticas propias que la destaquen en este aspecto. Por tanto, debe afirmarse con rigor que no consta una vinculación particular documentada entre esta advocación y una forma propia de devoción al Rosario.
Sin embargo, en el marco de la espiritualidad mariana de la Iglesia, el Rosario acompaña de modo natural la devoción a Nuestra Señora de Guadalupe. Al contemplar los misterios de la vida de Cristo con María, los fieles de Sucre encuentran en el Rosario un medio para profundizar la relación filial con la “Mamita de Guadalupe” y poner bajo su protección los gozos y sufrimientos cotidianos. En el contexto de la fiesta de septiembre, el rezo del Rosario —especialmente en las novenas, procesiones y vigilias— se integra en el conjunto de las prácticas devocionales, como oración sencilla y constante que dispone el corazón a acoger el mensaje evangélico qu
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