Nuestra Señora de Pellevoisin
Europa · Francia
Qué sucedió
Estelle Faguette (1843-1929) era una sencilla empleada doméstica de la región de Berry, en la diócesis de Bourges (departamento de Indre), que servía a una familia en Pellevoisin. En 1875, con poco más de treinta años, enfermó gravemente —los informes posteriores hablan de tuberculosis peritoneal— y fue desahuciada por los médicos. Era el único sostén de sus padres ancianos y de una sobrina enferma. Confiada hasta el final, escribió una carta a la Virgen María suplicándole la curación y apoyándose en su misericordia; ese gesto humilde, conservado por la memoria del santuario, está en el origen de todo lo que vino después.
El mensaje de la Virgen
El corazón del mensaje de Pellevoisin es la misericordia. La Virgen se presentó como Madre de toda misericordia y orientó siempre la gracia hacia Cristo: la propia Estelle estaba convencida de que la curación la había obtenido de su Hijo, a quien se atribuye todo. De ahí brotaron tres acentos. Primero, la confianza filial en la misericordia de Dios y de María. Segundo, la devoción al Sagrado Corazón por medio del escapulario blanco que la Virgen mostró, signo del amor de Cristo. Y tercero, la humildad y la coherencia de vida, recogida en frases transmitidas por Estelle como «Yo elijo a los pequeños y débiles para mi gloria» y «Si quieres servirme, sé sencilla, que tus palabras concuerden con tus actos». En 2024, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe resumió que estas expresiones dejan entrever una acción del Espíritu Santo en el conjunto de esta experiencia espiritual.
El santuario hoy
El Sanctuaire Notre-Dame de Pellevoisin, dedicado a Nuestra Señora de toda Misericordia, es un santuario mariano diocesano de la diócesis de Bourges, con culto estable, peregrinaciones y vida sacramental regular. Por su importancia regional como lugar de gracia y conversiones se le llama a menudo «la Lourdes de Berry». Se conserva la habitación de Estelle, convertida en capilla desde finales del siglo XIX, con culto público autorizado desde 1877. La memoria de Nuestra Señora de la Misericordia se celebra el 13 de febrero. En 2020, la diócesis obtuvo de la Conferencia Episcopal Francesa la apertura del proceso de beatificación de Estelle Faguette, signo de que la Iglesia local considera su vida un ejemplo de virtud cristiana.
El reconocimiento de la Iglesia
El reconocimiento eclesial de Pellevoisin se construyó en etapas. En 1892, León XIII concedió indulgencias a los peregrinos. El 8 de septiembre de 1893, el arzobispo de Bourges reconoció oficialmente la curación de Estelle como milagrosa, con el consentimiento del entonces Santo Oficio. En 1900, León XIII reconoció oficialmente el escapulario del Sagrado Corazón mostrado a Estelle, y en 1922 se autorizó una Misa votiva de la Virgen el 9 de septiembre. En 1983, el arzobispo de Bourges, Mons. Paul Vignancour, declaró de nuevo oficialmente milagrosa la curación, tras un estudio histórico-médico renovado. Finalmente, en 2024, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, con aprobación del Papa Francisco, dio su consentimiento para que el arzobispo de Bourges promulgara un decreto de nihil obstat sobre la devoción a Nuestra Señora de la Misericordia de Pellevoisin: no hay objeciones doctrinales ni morales, y los fieles pueden dar su asentimiento de manera prudente.
Una gracia que conmueve
La gracia que está en el origen de Pellevoisin es la curación de la propia Estelle Faguette, y lo que la hace tan conmovedora es que no fue un destello pasajero: la mujer desahuciada en 1875 vivió todavía hasta 1929, más de cincuenta años de recuperación duradera. La Iglesia no se limitó a constatar el hecho, sino que lo examinó con seriedad y lo reconoció dos veces como milagroso: en 1893 con el consentimiento del Santo Oficio, y de nuevo en 1983, tras un nuevo estudio histórico-médico, como el «gran milagro» de Pellevoisin. Pocas gracias marianas cuentan con un reconocimiento tan reiterado y meditado por la autoridad eclesiástica.
Vínculo con el Rosario
Como toda auténtica devoción mariana, la de Pellevoisin conduce a confiarse a María mediante la oración sencilla y perseverante. La Madre de toda Misericordia, que pidió pequeñez y coherencia de vida, enseña en el Rosario ese mismo camino humilde: meditar con ella los misterios de Cristo y prolongar la confianza filial que sanó a Estelle Faguette.
