حكايات عن مريم العذراء
مياه بحيرة سانت آن العلاجية
Cerca de Edmonton, en Alberta, hay un lago al que cada verano acuden miles de personas: la peregrinación de Lac Ste. Anne, uno de los mayores encuentros católicos indígenas de Canadá. Aunque está dedicada a Santa Ana, la abuela de Jesús, late en ella una hondura mariana, porque Santa Ana es la madre de la Virgen, y entre aquellos peregrinos el Rosario nunca falta.
La historia documentada arranca en 1844, cuando el padre Jean-Baptiste Thibault dedicó el lago a Santa Ana y empezó a organizar peregrinaciones. A finales del siglo XIX y comienzos del XX el lugar se convirtió en punto de encuentro de Primeras Naciones, metis e inuit, con una participación masiva que continúa hasta hoy. Los peregrinos se acercan al agua del lago para beberla o bañarse, convencidos de la intercesión de Santa Ana; abundan los testimonios de sanaciones físicas y espirituales. La Iglesia los recoge como relatos de fe, sin proclamar milagros concretos como oficiales.
Hay aquí, además, una verdad delicada y hermosa: los historiadores y la propia Archidiócesis de Edmonton reconocen que el lago ya tenía un significado espiritual para los pueblos originarios antes de la evangelización, y que la devoción a Santa Ana se fue superponiendo a aquella sacralidad anterior, en un verdadero proceso de inculturación. Durante la peregrinación se reza el Rosario en procesiones y vigilias nocturnas, a veces en lenguas indígenas como el cree o el dene.
Un signo reciente lo subraya: el 26 de julio de 2022 el papa Francisco rezó junto al lago y habló de él como lugar donde tantos indígenas han encontrado «sanación interior» y consuelo, sobre todo tras las heridas de la colonización y las escuelas residenciales. Un reconocimiento del valor espiritual de este santuario, donde el agua, la oración y una Madre y una abuela siguen consolando a su pueblo.
🌹 زهرة للعذراء
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