聖母マリアに関する逸話
聖母マリアが天から降りてくる:トレドの聖イルデフォンソの祭服

Entre todas las tradiciones marianas de España, pocas son tan hermosas como la Descensión de Nuestra Señora en la catedral de Toledo. La protagoniza san Ildefonso, arzobispo de Toledo en el siglo VII (m. 667), uno de los grandes Padres de la Iglesia hispana, que había escrito un tratado encendido, De la virginidad perpetua de Santa María, defendiendo a la Madre de Dios frente a quienes la negaban.
Cuenta la tradición que, una noche, al entrar Ildefonso en su iglesia para los oficios, la halló bañada en una luz del cielo: la Virgen María en persona, sentada en la cátedra episcopal, rodeada de ángeles y vírgenes. Y que María, en premio por haber defendido su honor, le impuso con sus propias manos una casulla —una vestidura sagrada para celebrar la Misa—, diciéndole que la usara en las fiestas dedicadas a ella. Aquel descenso del cielo a la tierra es lo que se llama la «Descensión».
En la catedral de Toledo se conserva, junto a la puerta del Reloj, la Capilla de la Descensión, y en ella una piedra que la devoción venera como el lugar exacto donde la Virgen posó su pie. El episodio ha inspirado a los más grandes: El Greco lo pintó en La imposición de la casulla a san Ildefonso, y la escena se repite en retablos por toda España. Toledo celebra la Descensión cada año, y la Virgen del Sagrario es su patrona.
Conviene decirlo con claridad: la Descensión y la casulla pertenecen a la tradición piadosa, transmitida desde la Edad Media, no a la crónica documental. Pero lo que sí es historia cierta es el corazón del relato: que san Ildefonso amó y defendió a María con todas sus fuerzas, y que la Iglesia ha visto en él el modelo del hijo que honra a su Madre. La leyenda no hace sino poner en imágenes una verdad: que quien defiende y ama a la Virgen es revestido por ella con la gracia de Dios.
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