Vida de un beato
Se entregaba tanto como enfermero que sus superiores temieron por su salud. Lo enviaron de portero a Deusto y aquella tarea aparentemente menor se convirtió durante cuarenta y un años en un lugar de acogida para miles de personas.
Francisco Gárate nació en 1857 cerca de Loyola y entró como hermano coadjutor en la Compañía de Jesús. En 1877 fue destinado al colegio de La Guardia, en Pontevedra, como enfermero y sacristán. La Universidad de Deusto conserva un dato muy concreto: cuando había un enfermo, el hermano se entregaba hasta el punto de apenas comer o dormir. Sus superiores comprendieron que aquel ritmo podía perjudicarlo.
La decisión fue retirarlo de la enfermería. Después de sus últimos votos, en 1888 llegó con un pequeño equipaje a los Estudios Superiores de Deusto. Su nuevo oficio era vigilar y atender la portería. Comparado con el cuidado directo de enfermos, aquel destino podía parecer una reducción: una puerta, recados, llamadas y el movimiento repetido de cada jornada.
Permaneció allí cuarenta y un años. Por la entrada pasaron estudiantes, profesores, empleados, familias y personas pobres. Francisco los recibía con la misma delicadeza, subía y bajaba escaleras llevando avisos, alentaba a jóvenes en momentos difíciles y buscaba alimento o ropa para quien acudía necesitado. La portería no cambió de tamaño; cambió la profundidad con la que él la habitó.
La propia Universidad recuerda la paradoja: por Deusto pasaron jesuitas notables por su ciencia, pero aquel humilde portero quedó especialmente grabado en la memoria de los estudiantes. San Juan Pablo II lo beatificó en 1985 y habló de su vida entregada en la portería, donde la bondad de Dios se hacía visible mediante un servicio callado y humilde.
No fue apartado de una misión para quedar sin misión. Tampoco necesitó convertir su trabajo en algo llamativo. Cuidó el encuentro que tenía delante, una persona cada vez. Su historia enseña que una responsabilidad menos visible no es necesariamente menos fecunda: existen puertas aparentemente pequeñas por las que, con los años, termina pasando medio mundo.
01
Lo que parecía
Que pasar de la enfermería a una portería podía reducir su posibilidad de servir.
02
Lo que descubrimos
Que una puerta atendida con bondad podía convertirse durante décadas en lugar de escucha, consuelo y ayuda.
03
Para tu vida
Recibiré hoy con atención a la persona que llegue a mi puerta, aunque interrumpa mi plan y nadie vea ese servicio.
Oración
Una oración para hoy
Señor Jesús, por intercesión del beato Francisco Gárate, enséñanos a servir con delicadeza en los trabajos escondidos. Que sepamos acogerte en cada persona que llama y que María nos conduzca siempre hacia Ti. Amén.
Origen y referencias
Origen de esta meditación: Vida de un beato. La etiqueta ayuda a distinguir la Escritura, la memoria de una vida, una tradición y la reflexión editorial, sin presentar unas como si fueran las otras.
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