Vida de un santo
Tras acompañar la muerte de una madre rechazada por los hospitales, no obtuvo una explicación del sufrimiento, pero descubrió una responsabilidad concreta.
El 2 de septiembre de 1827, José Benito Cottolengo, sacerdote respetado en Turín, acompañó la muerte de una madre francesa, embarazada y enferma. Ningún hospital la había admitido. Murió rodeada de sus hijos mientras él asistía, impotente, a una escena terrible. No era una dificultad abstracta, sino una persona concreta a la que las instituciones no habían dado acogida.
Entonces fue directamente ante el Santísimo. Benedicto XVI conserva el movimiento de su oración: «Dios mío, ¿por qué? ¿Qué quieres de mí? ¡Hay que hacer algo!». Cottolengo no recibió una explicación que hiciera necesaria o buena aquella muerte. La pregunta por el sufrimiento permaneció abierta; lo que cambió fue la dirección de su mirada, desde una causa que no podía conocer hacia una respuesta que sí podía ofrecer.
Después comenzó la obra de la que nacería la Pequeña Casa de la Divina Providencia, conocida como el Cottolengo, dedicada a acoger a quienes quedaban desatendidos. No comprendió por qué murió aquella mujer, y nosotros tampoco debemos inventarlo. Comprendió qué podía hacer ante una realidad así. Su episodio enseña una esperanza sobria: algunas preguntas no se resuelven con explicaciones, pero pueden transformarse en cuidado, organización y una puerta abierta para quien antes no la encontró.
01
Lo que parecía
No comprendía por qué había tenido que contemplar aquella muerte terrible y su propia impotencia.
02
Lo que descubrimos
No descubrió por qué murió aquella mujer; descubrió qué podía hacer él ante una realidad semejante.
03
Para tu vida
Cuando no encuentre explicación, me preguntaré con honestidad: «Ante esto que he visto, ¿qué puedo hacer yo ahora para cuidar a alguien?»
Oración
Una oración para hoy
Señor Jesús, recibe mis preguntas sin respuesta y conviértelas, cuando sea posible, en compasión lúcida y ayuda concreta. Amén.
Origen y referencias
Origen de esta meditación: Vida de un santo. La etiqueta ayuda a distinguir la Escritura, la memoria de una vida, una tradición y la reflexión editorial, sin presentar unas como si fueran las otras.
- Benedicto XVI, Audiencia General, 28 de abril de 2010
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