Vida de un santo
Veía necesaria una renovación profunda y encontró graves resistencias. No eligió entre rendirse e imponerla: perseveró hasta recibir aprobación y normas de la Iglesia.
Juan Bautista de la Concepción nació en Almodóvar del Campo, Ciudad Real, en 1561. Profesó en la Orden de la Santísima Trinidad y fue sacerdote y predicador. Con el tiempo llegó a convencerse de que la Orden necesitaba recuperar una observancia más austera de su regla y de su espíritu primitivo.
Una convicción personal, aunque naciera de la oración y buscara un bien, no bastaba para cambiar por sí sola la vida de una comunidad religiosa. Su proyecto encontró contradicciones y pruebas graves, también dentro de la estructura que deseaba renovar. Podía abandonar la idea por cansancio o separarse para realizarla sin más. No escogió ninguno de esos extremos.
Juan Bautista viajó a Roma para solicitar el discernimiento y la autorización de la Iglesia. El proceso fue difícil. Finalmente, el papa Clemente VIII aprobó la reforma trinitaria. El santo regresó a España y aplicó cuidadosamente las normas recibidas de la Santa Sede, sin presentar la aprobación como permiso para actuar sin límites ni para despreciar a quienes habían pensado de otro modo.
La reforma se consolidó y aumentaron las vocaciones. Pablo VI, al canonizarlo en 1975, subrayó que no hay renovación auténtica sin renovación interior, obediencia y aceptación de la cruz. La comunión no fue para Juan Bautista un obstáculo añadido al proyecto; formó parte del modo cristiano de discernir y construir aquello que consideraba necesario.
Su historia tampoco enseña que toda demora institucional sea justa ni que nunca haya que señalar errores. Enseña algo más exigente: estar convencido de un bien no vuelve buenas todas las maneras de alcanzarlo. La impaciencia puede disfrazarse de fidelidad, y el deseo de reformar a otros puede evitar la conversión propia.
Una demora de la Iglesia no convierte automáticamente la impaciencia en obediencia a Dios. Entre renunciar a una convicción e imponerla existe un tercer camino: perseverar, argumentar, aceptar correcciones, buscar una decisión legítima y cuidar la comunión durante el proceso. Juan Bautista no tuvo que romper la Orden que amaba para ayudarla a renovarse.
01
Lo que parecía
Que los obstáculos internos lo obligaban a elegir entre abandonar una reforma necesaria o realizarla rompiendo la comunión.
02
Lo que descubrimos
Que pudo perseverar, buscar el discernimiento de la Iglesia y aplicar después una reforma aprobada sin separar renovación y obediencia.
03
Para tu vida
No convertiré una convicción sincera en autorización para cualquier método. Buscaré el bien con paciencia, verdad, corrección fraterna y comunión, dejando que también yo sea reformado durante la espera.
Oración
Una oración para hoy
Señor Jesús, por intercesión de san Juan Bautista de la Concepción, concede a tu Iglesia renovadores humildes, autoridades prudentes y comunidades capaces de discernir. Líbranos de la pasividad y de la ruptura impaciente. Santa María, Madre de la Iglesia, mantennos unidos a Cristo. Amén.
Origen y referencias
Origen de esta meditación: Vida de un santo. La etiqueta ayuda a distinguir la Escritura, la memoria de una vida, una tradición y la reflexión editorial, sin presentar unas como si fueran las otras.
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