Vida de un santo
Quería servir como sacerdote y trató de estudiar, pero no pudo continuar aquella formación. La puerta cerrada no dejó sin forma su entrega: comenzó a servir como el Hermano Pedro.
Pedro de San José Betancur nació en Vilaflor, Tenerife, en 1626. A los veintitrés años dejó su isla y emprendió el viaje hacia América. Tardó cerca de dos años en llegar a Guatemala. Allí sufrió una grave enfermedad que lo puso en contacto directo con la pobreza y el desamparo de muchos enfermos; se recuperó y quiso prepararse para el sacerdocio.
Intentó cursar los estudios eclesiásticos, pero no pudo continuarlos. Las fuentes oficiales no autorizan a convertir aquella dificultad en falta de fe ni en una vocación fingida. El dato es más sencillo y más doloroso: la forma concreta con la que había imaginado servir —ser sacerdote— no llegó a realizarse.
Pedro no se proclamó sacerdote por su cuenta ni trató como inferior cualquier otra forma de entrega. Profesó como terciario franciscano y permaneció laico. Sirvió como custodio y sacristán en la iglesia del Calvario, visitó hospitales y cárceles y llevó ayuda a pobres, emigrantes sin trabajo, estudiantes y niños necesitados.
Después abrió una casa para acoger a niños, una escuela, una enfermería, un lugar para convalecientes y un hospicio para viajeros y sacerdotes. Aquella obra tomó el nombre de Belén. En torno a ella comenzó una familia religiosa que, después de su muerte, sería reconocida como la Orden de los Betlemitas.
Murió en Antigua Guatemala en 1667 y san Juan Pablo II lo canonizó allí el 30 de julio de 2002. Guatemala lo recuerda como el Hermano Pedro. Ese nombre no disimula un sacerdocio que faltó: expresa la identidad real desde la que se hizo hermano de quienes carecían de escuela, cuidados, hogar o compañía.
No alcanzar el título con el que imaginabas servir no vuelve menor el servicio que todavía puedes ofrecer. Hay puertas que deben aceptarse como cerradas sin llamar fracaso a toda la vida. Pedro no pudo ser el sacerdote que había pensado; pudo convertirse, sin fingir otro lugar, en hermano concreto de una multitud.
01
Lo que parecía
Que no poder completar los estudios eclesiásticos cerraba la forma verdaderamente fecunda de su vocación y de su misión en Guatemala.
02
Lo que descubrimos
Que permaneció laico y, como terciario franciscano, hizo de la fraternidad una misión concreta entre niños, enfermos, pobres, presos y viajeros.
03
Para tu vida
Si no alcanzo el título o la función con la que imaginaba servir, no inventaré que nada importa ni abandonaré mi deseo de entrega. Preguntaré qué bien concreto puedo hacer desde el lugar real que sí tengo.
Oración
Una oración para hoy
Señor Jesús, por intercesión de san Pedro de San José Betancur, acompaña a quienes ven cerrarse la forma con la que imaginaban servir. Muéstrales a quién pueden cuidar desde su lugar real y hazlos hermanos de los pobres y olvidados. Santa María, llévalos siempre a tu Hijo. Amén.
Origen y referencias
Origen de esta meditación: Vida de un santo. La etiqueta ayuda a distinguir la Escritura, la memoria de una vida, una tradición y la reflexión editorial, sin presentar unas como si fueran las otras.
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