Vida de una santa
Soñaba con marcharse de misionera; un accidente cambió radicalmente el lugar de su entrega.
Anna Schäffer, joven alemana de familia humilde, soñaba con ser misionera y trabajaba para reunir la dote necesaria. Un gravísimo accidente le produjo quemaduras incurables en las piernas y quedó postrada durante el resto de su vida. Dios no provocó aquel accidente, y su historia no ofrece una explicación de por qué ocurrió. Entonces Anna vio derrumbarse la forma concreta de misión que había imaginado: ¿cómo marcharse, servir lejos y entregar la vida si ya no podía salir de su habitación? Benedicto XVI explicó en la homilía de su canonización que luchó para aceptar su situación. Esa lucha importa: no pasó de inmediato del daño a una serenidad sin conflicto. Con el tiempo, su cama se convirtió en lugar de oración, consuelo y apostolado. Desde allí acompañó a otras personas y sostuvo su entrega a Cristo. Después comprendió que su vocación misionera no había desaparecido, aunque ya no pudiera tener el lugar, el movimiento ni las tareas que había previsto. Este nuevo sentido no vuelve bueno el accidente ni permite presentarlo como un medio querido por Dios. Muestra la respuesta libre de Anna ante un mal que no había elegido: todavía podía amar, rezar y recibir a quienes necesitaban consuelo. La misión cambió de forma y llegó hasta su habitación.
01
Lo que parecía
No comprendía cómo cumplir una vocación misionera cuando el accidente le impedía incluso salir de su habitación.
02
Lo que descubrimos
Comprendió que su entrega a Cristo y el acompañamiento de otros no habían desaparecido, aunque la misión tuviera otra forma.
03
Para tu vida
Si pierdo el lugar donde pensaba entregar mi vida, no concluiré por ello que he perdido necesariamente la misión.
Oración
Una oración para hoy
Señor Jesús, sostén a quienes viven postrados y a quienes ven truncado su proyecto. Líbranos de atribuirte el mal y muéstranos el amor posible hoy. Amén.
Origen y referencias
Origen de esta meditación: Vida de una santa. La etiqueta ayuda a distinguir la Escritura, la memoria de una vida, una tradición y la reflexión editorial, sin presentar unas como si fueran las otras.
- Benedicto XVI, homilía de canonización, 21 de octubre de 2012
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