Sagrada Escritura
Saulo caminaba hacia Damasco con autorización para apresar discípulos de Jesús. El encuentro que lo derribó no terminó en una experiencia privada: tuvo que dejarse conducir, recibir a Ananías y entrar en la comunidad que había perseguido.
Saulo respiraba amenazas contra los discípulos del Señor. Pidió cartas para las sinagogas de Damasco con el propósito de llevar encadenados a Jerusalén a los miembros del Camino que encontrara. El relato no suaviza su responsabilidad ni lo presenta como un buscador desorientado sin víctimas: avanzaba con intención concreta de perseguir a hombres y mujeres.
Cerca de Damasco lo envolvió una luz, cayó al suelo y oyó que lo llamaban por su nombre. Al preguntar quién hablaba, recibió una respuesta decisiva: era Jesús, a quien él perseguía. Cristo se identificó con los discípulos atacados. Saulo se levantó sin poder ver y sus compañeros tuvieron que llevarlo de la mano. Durante tres días permaneció ciego y sin comer ni beber.
En Damasco, el Señor llamó en visión a un discípulo llamado Ananías y le pidió ir a buscarlo. Ananías expresó una objeción razonable: conocía el mal que Saulo había causado y la autoridad con que llegaba. El Señor no le reprochó tomar en serio el peligro, pero le confió una misión. Ananías fue, entró en la casa y se dirigió a él como hermano antes de imponerle las manos.
Saulo recuperó la vista, fue bautizado, tomó alimento y recobró fuerzas. Se quedó algunos días con los discípulos y empezó a anunciar que Jesús es el Hijo de Dios. Quienes lo escuchaban se asombraban porque recordaban su conducta anterior. La conversión cambió realmente su dirección, pero no obligó a la comunidad a borrar la memoria ni convirtió automáticamente la confianza prudente en ingenuidad.
El Catecismo describe la conversión como obra de la gracia que hace volver el corazón a Dios y apartarse del pecado. En Saulo, la iniciativa de Cristo produjo obediencia, dependencia de otros, sacramentos, comunidad y misión. La ceguera no fue un método para justificar cualquier sufrimiento como enviado por Dios; pertenece a este acontecimiento bíblico singular y no es una fórmula que debamos aplicar a cada enfermedad.
Cambiar de dirección exige más que sentir algo intenso. Puede requerir detener una conducta, escuchar a quienes sufrieron sus consecuencias, aceptar supervisión, recibir formación y caminar con una comunidad. También quien acompaña puede expresar temores como Ananías y tomar medidas de seguridad. La gracia no llama bueno al camino anterior: hace posible levantarse y aprender otro.
01
Lo que parecía
Que la autoridad, la convicción y el impulso de Saulo confirmaban su rumbo, mientras los discípulos solo podían esperar su llegada con miedo.
02
Lo que descubrimos
Que Cristo se identificó con los perseguidos, detuvo a Saulo y lo condujo hacia Ananías, el bautismo, la comunidad y una misión opuesta a la violencia anterior.
03
Para tu vida
Revisa una convicción que esté dañando a otros. Detén la conducta, escucha una objeción fundada y acepta el acompañamiento necesario para que el cambio sea verificable.
Oración
Una oración para hoy
Señor Jesús, detennos cuando nuestra seguridad hiere a otros. Danos humildad para dejarnos conducir, verdad para cambiar de rumbo y perseverancia para que la conversión produzca frutos concretos. Amén.
Origen y referencias
Origen de esta meditación: Sagrada Escritura. La etiqueta ayuda a distinguir la Escritura, la memoria de una vida, una tradición y la reflexión editorial, sin presentar unas como si fueran las otras.
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