Marijos pamaldumas
Senovės Dievo Motina
La Virgen de la rosa blanca · Catedral de Sevilla
En una capilla propia de la girola de la Catedral de Sevilla se venera la Virgen de la Antigua, un gran fresco mariano que la tradición liga a la conquista de la ciudad por Fernando III. De ella partió una devoción que cruzó el mar hasta América y Asia.
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Según la tradición sevillana, la imagen era una pintura mariana muy antigua, conservada en la mezquita aljama de Isbiliya; se cuenta que, antes de la conquista cristiana, habría sido tapiada para protegerla y que el rey Fernando III de Castilla la descubrió al derribarse el tabique. Esta leyenda, recogida en crónicas devocionales como la de Antonio de Solís (siglo XVIII), presenta a la Antigua como una presencia mariana ligada a los orígenes cristianos de la ciudad.
Históricamente, la imagen que se venera es un fresco o pintura mural bajomedieval, probablemente vinculado a una advocación castellano-leonesa difundida en la Edad Media. Tras la conversión de la mezquita en Catedral, la devoción se consolidó y se le dedicó una capilla propia en la girola. Desde la imagen sevillana, la advocación de la Antigua se extendió por América —es patrona de Panamá y de la diócesis de Apartadó (Colombia)— y llegó incluso a Asia.
El relato del descubrimiento por Fernando III pertenece a la tradición. La fecha exacta de fiesta propia en Sevilla y una posible coronación canónica no constan con certeza en las fuentes consultadas.
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