Anekdoter om Jungfru Maria
"Jungfrun av Ocotlán: vattnet som läker och den brinnande tallen"

En el barrio de Ocotlán, en la ciudad de Tlaxcala, se levanta una de las basílicas marianas más hermosas de México, hogar de Nuestra Señora de Ocotlán, patrona de las diócesis de Tlaxcala y Puebla. Su nombre mismo evoca el prodigio que la tradición le atribuye: del náhuatl ocotl, ocote, y tlatla, arder, «el ocote que arde».
La tradición piadosa, recogida bastante después del siglo XVI, cuenta que en 1541, mientras una peste mortal azotaba la región, un joven indígena recién convertido, Juan Diego Bernardino, que servía a los franciscanos y cuidaba enfermos, subía la ladera del cerro cuando se le apareció la Virgen. Con ternura le prometió llevarlo a otra agua con la que sanarían los enfermos, y lo condujo a una fuente hasta entonces desconocida, el actual «Pocito», asegurándole que con una sola gota recobrarían la salud.
La Virgen pidió a Juan Diego que avisara a los frailes; al regresar al bosque de ocotes descubrieron un árbol que ardía sin consumirse, irradiando luz, y al abrirlo con hachas encontraron en su tronco la imagen que sería venerada como Nuestra Señora de Ocotlán.
Conviene la honradez histórica. La primera mención escrita conocida sobre la Virgen de Ocotlán es de 1685, y no hay menciones explícitas en los cronistas franciscanos del siglo XVI. Por tanto, la aparición a Juan Diego Bernardino, la fuente milagrosa y la imagen hallada en el ocote son tradición local recogida tardíamente; no consta documentación contemporánea. En cambio, está documentada la existencia del culto, el crecimiento del santuario y el reconocimiento del patronato: en 1755 declarada patrona de Tlaxcala, confirmado por Clemente XIII en 1764. No consta un vínculo fundacional específico con el Rosario.
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