حكايات عن مريم العذراء
"أنا سوداء، لكنني جميلة: مادونا تينداري"
En lo alto de un promontorio que mira al mar Tirreno, sobre las ruinas de la antigua Tyndaris, en Sicilia, se venera a la Madonna Nera de Tindari, Nuestra Señora de Tindari, una imagen de Virgen negra que sostiene al Niño. El lugar, de paisaje sobrecogedor, es uno de los santuarios marianos más queridos de la isla.
La tradición más célebre del santuario es la de una mujer que, al ver la imagen oscura de la Virgen, se sorprendió o desdeñó su rostro negro, diciendo que la suya, en su tierra, era más hermosa. En ese momento, según el relato, su pequeño hijo cayó desde el acantilado; al invocar a la Virgen, una lengua de arena emergió milagrosamente del mar y recibió al niño, salvándolo. Aquella playa en forma de laguna, que se ve hasta hoy al pie del promontorio, se asocia en la devoción popular a este prodigio. A los pies de la imagen, una inscripción recoge las palabras del Cantar de los Cantares: «Nigra sum, sed formosa» —»Negra soy, pero hermosa».
Conviene distinguir tradición e historia. El relato de la mujer, el niño y la arena que lo salvó pertenece a la leyenda piadosa del santuario, transmitida de generación en generación; no es una crónica histórica documentada, y sus pormenores deben presentarse como tradición. En cambio, la antigüedad del culto a la Madonna Nera en Tindari y la existencia del santuario sobre el antiguo enclave griego están ampliamente atestiguadas. Donde no hay certeza documental, es honesto decir que no consta.
El Rosario acompaña la devoción mariana de Tindari como en cualquier santuario, sin que conste un episodio singular que lo ligue de modo específico al origen de esta advocación.
🌹 زهرة للعذراء
اشكروا مريم العذراء على محبتها. صلّوا صلاة السلام عليكِ يا مريم متذكرين هذه القصة.
صلِّ صلاة السلام عليك يا مريم¿Falta la advocación de la Virgen María de tu pueblo?
Si no encuentras la advocación mariana de tu ciudad o pueblo, cuéntanosla: la investigaremos para ubicarla y darla a conocer en este mapa del amor de la Madre por el mundo.
Proponer una advocación →