El Rosario y la bomba atómica: Hiroshima y Nagasaki

Cúpula de la Bomba Atómica (Genbaku Dome), Hiroshima
Foto: Dan Smith · CC BY-SA 2.5 · Wikimedia Commons

Hiroshima: los ocho que el Rosario protegió

El 6 de agosto de 1945, la primera bomba atómica arrasó Hiroshima. A poco más de un kilómetro del hipocentro estaba la casa parroquial de los jesuitas, junto a la iglesia de la Asunción (barrio de Noboricho). Todo en kilómetros a la redonda quedó pulverizado… pero los ocho jesuitas de aquella casa —entre ellos los padres Hubert Schiffer, Wilhelm Kleinsorge, Hugo Lassalle y Hubert Cieslik— sobrevivieron casi ilesos, con heridas leves de los cristales.

Lo asombroso vino después: los médicos advirtieron que la radiación recibida les causaría lesiones, enfermedad y muerte. Nunca ocurrió. No sufrieron los efectos de la radiación y vivieron muchos años; fueron examinados y entrevistados —el P. Schiffer dijo que más de 200 veces— por científicos que no lograban explicarlo. Su respuesta era siempre la misma:

«Creemos que sobrevivimos porque vivíamos el mensaje de Fátima. Cada día rezábamos el Rosario en aquella casa.» — P. Hubert Schiffer, SJ
Ruinas de la catedral de Urakami, Nagasaki, tras la bomba atómica
Foto: Masoud Akbari · CC BY-SA 3.0 · Wikimedia Commons

Nagasaki: el convento de san Maximiliano Kolbe

Tres días después, el 9 de agosto de 1945, la segunda bomba cayó sobre Nagasaki. En las afueras, en la ladera del monte Hikosan, estaba el convento franciscano Mugenzai no Sono («el Jardín de la Inmaculada»), fundado en 1931 por el polaco san Maximiliano María Kolbe, apóstol incansable de la Inmaculada y del Rosario. El convento quedó en pie e intacto, resguardado por el monte, cuando gran parte de la ciudad fue destruida.

Kolbe había elegido aquel emplazamiento, al otro lado de la montaña, por humildad y pobreza; sus hermanos lo vieron después como una protección providencial. Su comunidad, fiel al Rosario diario y a la consagración a la Inmaculada, siguió desde allí anunciando a María. (Por honestidad: no es cierto que Kolbe «profetizara» la bomba; lo que consta es que el lugar, tras el monte, salvó el convento.)

En el infierno de fuego de 1945, dos casas marianas quedaron en pie. No las salvó la suerte: las habitaba la oración humilde y constante del Rosario, escudo de la Madre.

Aprende a rezar el Rosario · 15 příslibů růžence

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