Rogad al Dueño de la mies
El Rosario por las vocaciones sacerdotales
Jesús mismo nos mandó pedir obreros para su mies. Rezar el Rosario por los sacerdotes, los seminaristas y todas las vocaciones es poner esa súplica en manos de María, la Madre del Sumo y Eterno Sacerdote. Es el mismo Rosario de siempre, pero ofrecido, misterio a misterio, por quienes Dios sigue llamando.
«La mies es mucha, pero los obreros pocos; rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies».EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 9, 37-38 (cf. Lucas 10, 2)
Por qué rezar el Rosario por las vocaciones
La Iglesia ha leído siempre estas palabras de Jesús como un mandato permanente de orar por las vocaciones apostólicas, y de modo particular por las vocaciones sacerdotales y religiosas, que prolongan en el tiempo el envío de Cristo y de los apóstoles. No es un consejo: es una orden del Señor que pide nuestra oración perseverante.
Y esa oración encuentra en María su cauce más natural. El sacerdote queda configurado con Cristo Cabeza y Pastor; y María, Madre de Cristo, es venerada también como Madre de los sacerdotes. San Juan Pablo II, en la exhortación Pastores dabo vobis, la presenta como «Madre y modelo de los sacerdotes», e invita a vivir el ministerio en íntima comunión con la Madre del Sumo y Eterno Sacerdote. Por eso, cuando rezamos el Rosario por las vocaciones, lo ponemos confiadamente en sus manos.
Nota. «Madre de los sacerdotes» y «Reina del Clero» son títulos del lenguaje devocional, coherentes con la fe de la Iglesia (María, Reina de los apóstoles y Madre de la Iglesia), aunque no se trate de definiciones dogmáticas. Lo esencial es la intención del corazón: pedir, con María, «los obreros que el Señor quiera enviar».
Una intención para cada misterio
Por el Papa y los obispos
Para que, dóciles al Espíritu Santo, guíen a la Iglesia y promuevan y cuiden las vocaciones que el Señor suscita.
Por los sacerdotes
Por todos los que ya ejercen el ministerio: que vivan con fidelidad, alegría y corazón puro su entrega a Cristo y al pueblo de Dios.
Por los seminaristas y novicios
Por quienes están en formación, en seminarios y noviciados: que perseveren con generosidad en la llamada recibida.
Por los jóvenes que disciernen
Por tantos jóvenes que sienten la inquietud de la llamada: que no tengan miedo y respondan con un «sí» valiente, como el de María.
Por las familias cristianas
Por los niños y las familias, primera «cuna» de las vocaciones: que sean tierra buena donde la semilla de la llamada pueda germinar.
Cómo rezarlo, paso a paso
- Comienza con la señal de la cruz y un breve acto de contrición o el Credo.
- Ofrece el Rosario entero por las vocaciones sacerdotales y religiosas (puedes nombrar a un sacerdote, un seminarista o una persona concreta).
- Reza el Padre nuestro, tres Avemarías (por la fe, la esperanza y la caridad de los llamados) y el Gloria.
- Anuncia cada misterio del día (gozosos, luminosos, dolorosos o gloriosos) y une a él una de las cinco intenciones de arriba.
- En cada decena: Padre nuestro, diez Avemarías y Gloria, manteniendo presente la intención de esa decena.
- Al terminar, reza la Salve y una oración por las vocaciones, invocando a María, Madre de los sacerdotes, y a san Juan María Vianney, patrono de los sacerdotes.
Oración final por las vocaciones
envía obreros a tu mies y no permitas que falten en tu Iglesia
sacerdotes santos, religiosos y religiosas generosos, almas entregadas a tu Reino.
Concede a los jóvenes la valentía de responder a tu llamada.
María, Madre de la Iglesia y Madre de los sacerdotes, ruega por las vocaciones. Amen.
Para vivirlo en comunidad. La Iglesia dedica a esta intención la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, el cuarto domingo de Pascua (Domingo del Buen Pastor). Muchas parroquias añaden, los jueves, adoración eucarística y el Rosario por los sacerdotes, recordando el Jueves Santo, día de la institución de la Eucaristía y del sacerdocio.
