Vida de una venerable
Después de cuidar a su madre enferma trabajó en la casa de un médico. Allí fue descubriendo a quienes sufrían sin ayuda suficiente en sus propios hogares.
María Gay Tibau perdió a su padre siendo muy pequeña. En 1850 acompañó a su madre gravemente enferma en el hospital de Santa Caterina de Girona hasta su muerte. No convertimos aquella pérdida en una explicación providencial de su obra posterior.
María permaneció en Girona y entró al servicio de la familia del médico Emeri Ros. Los enfermos acudían al domicilio y ella empezó a conocer no solo sus dolencias, sino las necesidades escondidas dentro de sus casas.
Durante aproximadamente veinte años empleó noches y tiempo libre en visitar y velar enfermos pobres a domicilio. No siempre podía curarlos; podía quedarse, aliviar, escuchar y evitar que atravesaran solos la noche.
En 1870, junto con Carmen Esteve, inició una asociación estable de veladoras. De ella nació el Instituto de Religiosas de San José de Gerona, dedicado a cuidar enfermos en hogares y hospitales.
Francisco reconoció sus virtudes heroicas en 2013. La muerte de su madre no necesitaba convertirse en algo bueno para que María aprendiera a reconocer la soledad de otros enfermos y organizara una respuesta que llegara hasta sus habitaciones.
01
Lo que parecía
Que no haber podido conservar la vida de su madre dejaba el cuidado sin fruto y la enfermedad encerrada en una experiencia privada.
02
Lo que descubrimos
Que conocer la enfermedad de cerca podía ayudarla a ver a miles de personas ocultas en sus casas y acompañarlas durante la noche.
03
Para tu vida
Preguntaré quién está atravesando una enfermedad con poca compañía y ofreceré una presencia concreta, prudente y respetuosa.
Molitva
Una oración para hoy
Señor Jesús, por la intercesión que pedimos a la venerable María Gay Tibau, acompaña a los enfermos que pasan la noche solos y fortalece a quienes los cuidan. Santa María, llévanos a Cristo. Amén.
Origen y referencias
Origen de esta meditación: Vida de una venerable. La etiqueta ayuda a distinguir la Escritura, la memoria de una vida, una tradición y la reflexión editorial, sin presentar unas como si fueran las otras.
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