Vida de un santo
Después de décadas reconstruyendo la obra hospitalaria, llegó a ser superior general. Un año más tarde renunció entre incomprensiones y problemas de salud; el último cargo no midió toda su fecundidad.
Benito Menni nació en Milán en 1841 e ingresó en la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios. En 1867 Pío IX lo envió a España con una misión enorme para un religioso joven: restaurar una Orden que había sufrido las consecuencias de las supresiones y devolver estabilidad a su servicio de los enfermos.
La tarea ocupó décadas. Benito abrió y consolidó obras hospitalarias, formó comunidades y, en Ciempozuelos, fue cofundador de las Hermanas Hospitalarias del Sagrado Corazón de Jesús junto a María Josefa Recio y María Angustias Giménez. Esta última fundación ya aparece en la colección desde la historia de María Josefa; aquí el protagonista y el arco son distintos: qué ocurrió cuando Benito perdió el gobierno al final de su trayectoria.
Entre 1909 y 1911 ejerció como visitador apostólico de la Orden. En 1911 san Pío X lo nombró superior general. Parecía la culminación lógica después de haber reconstruido una parte decisiva de la presencia hospitalaria. Sin embargo, el cargo duró alrededor de un año. La documentación vaticana habla de incomprensiones y motivos de salud; la Orden recuerda también acusaciones y conflictos que precipitaron la renuncia.
En 1912 dejó el gobierno general. No lo recuperó. Pasó sus dos últimos años retirado en Francia, lejos de la dirección de aquello que había ayudado a levantar. No necesitamos dictar desde el presente una sentencia simple sobre todas las personas implicadas ni convertir la renuncia en un triunfo oculto. El final fue doloroso y no coincidió con la culminación que humanamente cabía esperar.
Murió en Dinan en 1914 y san Juan Pablo II lo canonizó en 1999. Las instituciones hospitalarias que impulsó continuaron atendiendo a personas con enfermedad física y mental. Su fecundidad anterior no quedó anulada porque el último capítulo lo encontrara sin autoridad, enfermo y sometido a incomprensiones.
No midas el valor de toda una obra por el puesto que ocupas cuando llega el último capítulo. Puedes haber servido profundamente a algo y terminar sin dirigirlo. Perder el cargo puede exigir aclaraciones, justicia y duelo; no exige entregar también la verdad del bien que ya hiciste ni reducir toda tu historia a cómo terminó.
01
Lo que parecía
Que renunciar al gobierno general después de tantas décadas podía convertir su último fracaso institucional en la medida de toda su vida.
02
Lo que descubrimos
Que la obra hospitalaria construida y el servicio prestado conservaron su fecundidad aunque sus últimos años transcurrieran lejos del gobierno.
03
Para tu vida
Si termino una etapa sin el cargo o el reconocimiento esperados, separaré con verdad el dolor del desenlace y el bien realmente realizado. No permitiré que el último puesto reescriba por sí solo toda mi historia.
Molitva
Una oración para hoy
Señor Jesús, por intercesión de san Benito Menni, acompaña a quienes terminan una obra entre incomprensiones o lejos del gobierno. Dales verdad, justicia y libertad para no medir toda su entrega por el último cargo. Santa María, consuelo de los afligidos, condúcelos a Cristo. Amén.
Origen y referencias
Origen de esta meditación: Vida de un santo. La etiqueta ayuda a distinguir la Escritura, la memoria de una vida, una tradición y la reflexión editorial, sin presentar unas como si fueran las otras.
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