Vida de un santo
Una dependencia del opio que no lograba superar fue interpretada como falta de arrepentimiento. Durante unos treinta años no recibió la absolución ni la Eucaristía, pero siguió perteneciendo y terminó dando la vida por Cristo.
Marcos Ji Tianxiang nació en 1834 en la provincia china de Hebei. Era médico, especializado en medicina tradicional y acupuntura, además de esposo, padre y abuelo. Atendía a ricos y pobres con el mismo cuidado y trataba gratuitamente a quienes no podían pagarle. Su vida cristiana transcurría dentro de una familia y de una profesión ordinarias.
Hacia los cuarenta años sufrió una enfermedad grave. Un médico le prescribió opio, entonces utilizado como tratamiento. Marcos se recuperó de aquella dolencia, pero desarrolló una dependencia. Intentó dejar la sustancia y no lo consiguió. No hace falta juzgar con categorías actuales cada decisión médica del siglo XIX para reconocer lo esencial: una medicina se había convertido en una adicción que él no dominaba.
Su confesor interpretó las recaídas repetidas como señal de que no existía propósito real de enmienda. Llegó un momento en que dejó de darle la absolución y, por tanto, Marcos tampoco recibía la Eucaristía. Aquella situación se prolongó durante unos treinta años. Debe contarse dentro de su contexto: hoy conocemos mejor la adicción como enfermedad compleja, y esta historia no autoriza a negar los sacramentos a una persona únicamente porque siga luchando con una dependencia.
Marcos, sin embargo, no dejó de ir a Misa ni abandonó la comunidad cristiana. En 1900, durante la persecución de los bóxers, fue detenido con varios miembros de su familia. Pudo salvarse renegando de la fe y no lo hizo. Murió mártir a los sesenta y seis años. San Juan Pablo II lo canonizó el 1 de octubre de 2000 junto con los demás mártires de China.
Su martirio no convierte la adicción en algo bueno, no demuestra que necesitara morir para compensarla y tampoco vuelve acertada toda la comprensión pastoral que recibió. Revela algo más preciso: la dependencia que no había conseguido vencer no contenía la verdad completa sobre su fe, su libertad ni su pertenencia a Cristo. La santidad no fue el premio por haber llegado a ser invulnerable.
Quizá llevas años peleando con una adicción, recayendo o sintiéndote indigno de volver. No ocultes el daño ni renuncies al tratamiento: busca ayuda médica y psicológica especializada, apoyo seguro y acompañamiento pastoral. Pero tampoco conviertas una recaída en la sentencia definitiva sobre quién eres. No confundas seguir necesitando ayuda con haber dejado de pertenecer. Marcos permaneció junto a Cristo incluso cuando otros, y quizá él mismo, no alcanzaban a comprender toda su lucha.
01
Lo que parecía
Que no conseguir vencer su dependencia demostraba que su arrepentimiento y su pertenencia cristiana no eran verdaderos.
02
Lo que descubrimos
Que una adicción persistente no contenía toda la verdad sobre su fe: siguió buscando a Cristo y, llegado el momento, no renegó de Él.
03
Para tu vida
Buscaré tratamiento y ayuda concreta sin convertir una recaída en mi identidad completa. Seguir necesitando ayuda no significa que haya dejado de pertenecer ni que deba alejarme de Cristo.
Molitva
Una oración para hoy
Señor Jesús, por intercesión de san Marcos Ji Tianxiang, sostén a quienes luchan con una adicción y a sus familias. Dales acceso a un tratamiento competente, comunidades que acompañen con verdad y misericordia, y la certeza de que necesitar ayuda no los expulsa de tu amor. Santa María, Madre de la Esperanza, condúcenos siempre a Cristo. Amén.
Origen y referencias
Origen de esta meditación: Vida de un santo. La etiqueta ayuda a distinguir la Escritura, la memoria de una vida, una tradición y la reflexión editorial, sin presentar unas como si fueran las otras.
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