Vida de una santa
Había crecido trabajando con una fuerza física poco común. Después del tifus ya no pudo volver al campo y tuvo que aprender desde el principio un oficio que terminaría abriendo su vida a muchas jóvenes.
María Dominica Mazzarello nació en Mornese, en el Piamonte italiano, en 1837, dentro de una numerosa familia campesina. Desde joven trabajó en el campo junto a su padre y destacó por una fortaleza física poco habitual. El trabajo agrícola no era una ocupación secundaria: formaba parte de su aportación a la familia, de su identidad cotidiana y de la manera concreta en que sabía ser útil.
En 1860 una epidemia de tifus alcanzó el pueblo. Su párroco le pidió que atendiera a unos familiares enfermos. María aceptó conociendo el riesgo y terminó contagiándose. Sobrevivió, pero la enfermedad la dejó profundamente debilitada. Cuando terminó la convalecencia comprobó que ya no poseía la fuerza necesaria para regresar a las labores del campo.
No debemos decir que Dios le envió el tifus para conducirla a otra misión. La enfermedad pudo haberle costado la vida y le quitó una capacidad real. Tampoco apareció inmediatamente una obra preparada para recibirla. María se encontró con una pregunta mucho más elemental: qué podía hacer ahora con unas manos acostumbradas a un trabajo que su cuerpo ya no resistía.
Junto con su amiga Petronila decidió aprender costura y abrió un pequeño taller para las muchachas de Mornese. No se limitó a cambiar de oficio para ganarse la vida: convirtió el aprendizaje en un espacio de educación, acompañamiento y formación cristiana. Al taller se añadieron un oratorio festivo y después una casa para niñas que no tenían familia. La limitación no desapareció; cambió el tipo de trabajo que podía ofrecer.
En 1864 conoció a san Juan Bosco. El grupo de jóvenes que ya trabajaba con ella terminó siendo la base del Instituto de las Hijas de María Auxiliadora, iniciado oficialmente en 1872. María Dominica fue su cofundadora y primera superiora, y acompañó su rápido crecimiento y las primeras misiones fuera de Europa. Murió en 1881, con cuarenta y cuatro años, y Pío XII la canonizó en 1951.
Cuando una enfermedad te impide volver al oficio, ritmo o responsabilidad que conocías, tienes derecho a lamentar esa pérdida y a buscar recuperación y tratamiento. Pero no midas todas tus posibilidades futuras con la fuerza que tenías antes. Quizá el siguiente paso no sea descubrir de inmediato una gran misión, sino aceptar que vuelves a ser aprendiz y preguntar qué bien concreto pueden aprender ahora a realizar tus manos.
01
Lo que parecía
Que perder la fuerza necesaria para el campo significaba perder también la forma de trabajar, ayudar a su familia y ofrecer algo útil a los demás.
02
Lo que descubrimos
Que, al aceptar ser aprendiz de un oficio nuevo, pudo transformar un pequeño taller en un espacio educativo del que nació una obra mucho mayor.
03
Para tu vida
Lamentaré sin culpa la capacidad que he perdido y buscaré la ayuda y el tratamiento necesarios. Después no compararé cada posibilidad con mi antigua fuerza: aceptaré volver a aprender y buscaré el bien concreto que todavía pueden realizar mis manos.
Molitva
Una oración para hoy
Señor Jesús, por intercesión de santa María Dominica Mazzarello, acompaña a quienes una enfermedad ha apartado de su trabajo o de la capacidad que los hacía sentirse útiles. Dales cuidado, paciencia para aprender de nuevo y personas con quienes descubrir un servicio posible. Santa María, Auxilio de los cristianos, condúcenos a Cristo. Amén.
Origen y referencias
Origen de esta meditación: Vida de una santa. La etiqueta ayuda a distinguir la Escritura, la memoria de una vida, una tradición y la reflexión editorial, sin presentar unas como si fueran las otras.
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