Sor Lucía: «No hay problema que el Rosario no pueda resolver»
Sor María Lucía de Jesús y del Corazón Inmaculado · Coímbra, 2005
La testigo de Fátima
Sor Lucía dos Santos (1907–2005) fue la última vidente de Fátima. Francisca y Jacinta —sus primos— murieron en 1919 y 1920 respectivamente, siendo niños, víctimas de la gripe española. Lucía vivió 97 años, los últimos 57 como carmelita descalza en el convento de Coímbra (Portugal). Fue testigo de todo el siglo XX: las dos guerras mundiales, la guerra fría, el Concilio Vaticano II, el pontificado de Juan Pablo II, los atentados del 11-S.
La frase que resume su vida
En las numerosas cartas y entrevistas que Sor Lucía concedió a lo largo de su vida, hay una frase que aparece una y otra vez, expresada de formas distintas pero con el mismo contenido: «No hay problema en el mundo, por grande que sea, que el Santo Rosario no pueda resolver.» No era una frase piadosa de circunstancias: era la convicción forjada en décadas de oración y en el testimonio de haber visto las consecuencias del rosario rezado o no rezado.
Las visiones de Pontevedra y Tuy
Antes de entrar en el carmelo, Sor Lucía fue dorotiense. En Pontevedra (1925) se le apareció la Virgen con el Corazón Inmaculado y el Niño Jesús, y pidió la devoción de los Cinco Primeros Sábados. En Tuy (1929), una aparición eucarística —de la Santísima Trinidad, la Virgen y varias figuras— reveló el texto de la consagración de Rusia al Corazón Inmaculado de María.
El papa Juan Pablo II la visitó en su convento de Coímbra el 13 de mayo de 1982 (aniversario del atentado del año anterior) y en mayo de 2000. Cuando el papa le leyó el texto del Tercer Secreto de Fátima que se haría público ese año, Sor Lucía dijo en voz baja: «Eso es lo que la Virgen me mostró».
La última testigo
Sor Lucía murió el 13 de febrero de 2005, a los 97 años, en el convento de Coímbra. Su causa de beatificación fue abierta en 2008. El papa Francisco permitió la dispensa de los cinco años de espera reglamentarios, dado el carácter excepcional de su testimonio.
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