聖母マリアに関する逸話
母と「静止した足」の声
Los bilbaínos llaman a su Virgen con una palabra que lo dice todo: la Amatxu, «la madrecita». Nuestra Señora de Begoña, patrona de Bilbao y de Bizkaia, reina desde su colina sobre la ría y la villa. Y su nombre, según la etimología popular, guarda una preciosa leyenda. La tradición oral sitúa la aparición de la imagen en una encina del bosque de Artagan; otra formulación muy difundida cuenta que la imagen «no quería moverse» de aquel lugar y que se habría oído pronunciar «Bego-oña», interpretado como «estése el pie quedo», origen popular del topónimo.
Conviene la honradez del buen editor. Esta explicación del nombre -recogida también como «¿Begoña? ¡bai, ona!»- es una etimología popular muy repetida en el ámbito devocional, pero no consta una confirmación filológica académica que permita darla por segura. Lo documentado es que la imagen es una talla románico-gótica de madera policromada, fechada por la propia basílica en los siglos XIII-XIV, y que ya desde comienzos del siglo XIV se veneraba en una pequeña ermita en la colina de Artagan, donde luego se levantaría la basílica.
La devoción a la Amatxu ha sido siempre cálida y agradecida. Entre los milagros que la tradición le atribuye, la prensa local recuerda el de 1534, cuando se le acredita haber salvado de una tempestad al bilbaíno Andrés de Bermeo y a sus naves: un favor muy propio de una villa marinera que confía sus barcos a la Madre. El 11 de octubre se celebra su fiesta principal, y el 15 de agosto concentra también gran afluencia de peregrinos.
Sobre el Rosario, seamos prudentes: en las fuentes consultadas no consta un vínculo específico y documentado de Begoña con una cofradía del Rosario o con un hecho rosariano concreto. Sí consta, en cambio, su intensa vida devocional y peregrina, en la que el Avemaría late, como en toda piedad mariana, en labios de quienes suben a saludar a la Amatxu.
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