Einsiedeln: la capilla que Cristo consagró en persona

Einsiedeln: la capilla que Cristo consagró en persona

Einsiedeln, Schwyz, Suiza · Año 861 – 948 d.C.

San Meinrad, el ermitaño martirizado

Todo comenzó con un monje benedictino llamado Meinrad, nacido hacia el año 797 en la noble familia de los condes de Hohenzollern. Formado en la abadía de Reichenau, en el lago de Constanza, Meinrad sintió la llamada a la vida eremítica y en el año 835 se retiró a una cueva en el bosque del cantón de Schwyz, llevando consigo una pequeña imagen de la Virgen María que ya había obrado curaciones entre los enfermos que le visitaban.

La fama de sus milagros y de su santidad atrajo a multitud de peregrinos, lo que paradójicamente le perturbó la soledad que tanto buscaba. El 21 de enero del año 861, dos ladrones se presentaron en su ermita con la intención de robar los exvotos y ofrendas que los fieles dejaban ante la imagen de la Virgen. Lo asesinaron, pero —según la tradición— dos cuervos que Meinrad criaba siguieron a los asesinos hasta Zurich, donde su comportamiento inusual delató a los criminales y estos fueron ajusticiados. Los cuervos son el símbolo heráldico de Einsiedeln hasta hoy.

La fundación de la abadía

Tras el martirio de Meinrad, la ermita fue ocupada sucesivamente por otros ermitaños. A principios del siglo X, Eberhard —antiguo preboste de Estrasburgo— llegó al lugar y decidió fundar una comunidad monástica. En 934 erigió la abadía benedictina de Einsiedeln sobre el solar de la ermita, convirtiéndose en su primer abad. El emperador Otón I confirmó la fundación en 947.

En 948, el obispo Konrad de Constanza acudió para consagrar solemnemente la capilla de la Virgen. La noche anterior a la ceremonia, el obispo escuchó una voz que le anunciaba que la consagración ya había tenido lugar: en la noche del 13 al 14 de septiembre, el mismo Cristo, asistido por los cuatro evangelistas, san Pedro y san Gregorio Magno, había consagrado personalmente la capilla dedicada a su Madre. El papa León VIII investigó el prodigio y lo confirmó; varios de sus sucesores ratificaron la confirmación pontificia.

«Cesa, hermano; cesa. Esta capilla ha sido consagrada por Dios.»— Voz escuchada por el obispo Konrad de Constanza en la noche del 13 al 14 de septiembre del año 948, según la crónica de la abadía

La Virgen Negra y el millón de peregrinos

La imagen que hoy se venera en la Gnadenkapelle (Capilla de la Gracia) es una Virgen negra del siglo XV, de unos 70 centímetros, ricamente ataviada con mantos bordados. El color oscuro proviene en parte de siglos de humo de cirios, aunque también existe la teoría de que fue intencionalmente oscurecida para representar el versículo del Cantar de los Cantares: «Negra soy, pero hermosa».

Einsiedeln recibe cada año más de un millón de peregrinos, convirtiéndola en el santuario más visitado de Suiza. En el siglo XV fue rival en peregrinaciones de Roma, Loreto y Santiago de Compostela. El santo Nikolaus von Flüe —patrón de Suiza— peregrinó a Einsiedeln; también lo hizo el humanista Erasmo de Rotterdam. Y fue en Einsiedeln donde, en 1493, nació el médico y alquimista Paracelso, en cuya familia la devoción a la Virgen del lugar era profunda.

«Virgen de los Ermitaños, que acogiste a Meinrad en soledad
y a Cristo en tu capilla, acógenos también a nosotros.»

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