Anekdoten über die Jungfrau Maria
Pjöngjang, das verlorene Jerusalem des Ostens

Antes de la división de la península, Pyongyang era llamada la «Jerusalén de Oriente» por la densidad de su vida cristiana. Está documentado que, hasta 1945, la ciudad fue uno de los grandes centros cristianos de Corea, con una presencia protestante muy fuerte y una comunidad católica creciente. Hay que ser honestos: el célebre sobrenombre se asocia sobre todo a la Pyongyang protestante, y no consta que se aplicara específicamente a la Pyongyang católica. Pero la fe católica también echó raíces allí, dentro de una circunscripción eclesiástica joven y vigorosa.
La cronología de esa Iglesia es clara y verificable: en 1927 se erigió la Prefectura Apostólica de Pyongyang, confiada a misioneros; en 1939 pasó a Vicariato Apostólico; y en la reorganización de la jerarquía coreana, en 1962, fue elevada a diócesis de pleno derecho, sufragánea de Seúl. De aquellos años queda memoria de templos y de una comunidad activa, aunque sobre el nombre y la advocación exactos de la antigua catedral de Pyongyang no consta información fiable en las fuentes accesibles.
Con la llegada del régimen comunista, esa vida quedó casi aniquilada. Los cristianos fueron clasificados como «clase hostil»; obispos y sacerdotes desaparecieron en las décadas de 1940 y 1950. De la figura de monseñor Hong Yong-ho, último obispo residencial, las fuentes recuerdan su encarcelamiento y su desaparición; la fecha exacta de su muerte no consta, y por eso mismo la Santa Sede nunca consideró extinta la diócesis: sigue existiendo jurídicamente, aunque vacante e impedida, administrada desde Seúl.
Heute ist in Pjöngjang keine historische Kathedrale mehr in Betrieb. Die Marienverehrung dieser Stadt lebt fort, weniger in Steinen oder Prozessionen, sondern vielmehr in der schmerzlichen Erinnerung der Gläubigen im Süden, die vom „verlorenen Jerusalem des Nordens“ sprechen, und in den heimlichen Bräuchen der verbliebenen Christen. Es gibt keine belegbaren Berichte über „versteckte Rosenkränze“ mit Namen und Daten – jede derartige Behauptung wäre eine Vermutung, keine Tatsache –, doch die koreanische Kirche vertraut diese Erinnerung der Fürsprache Mariens an.
Deshalb wird der Rosenkranz für Pjöngjang gebetet wie einer, der eine Flamme hütet: auf dass die Mutter, die die Aussaat dieses Glaubens begleitet hat, ihn im Stillen bewahren und ihn eines Tages dem Licht zurückgeben möge.
🌹 Eine Blume für die Jungfrau
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