Vida de unos santos
Antonio y Juan eran apenas adolescentes cuando su sí como intérpretes y catequistas fue truncado por la violencia.
Antonio y Juan tenían unos doce o trece años cuando aceptaron acompañar como intérpretes y catequistas a misioneros dominicos en una expedición hacia Oaxaca. Su edad podía hacer pensar que la evangelización era asunto exclusivo de adultos formados y que su ayuda sería secundaria. Ellos conocían el peligro y dijeron sí.
Durante la misión fueron asesinados. No comprendieron en vida por qué una disponibilidad nacida del Evangelio encontraba una muerte tan temprana, y la Iglesia no presenta el riesgo ni la violencia como bienes queridos por Dios. En aquel momento parecía que la misión había perdido a sus colaboradores más jóvenes antes de que pudieran dar fruto.
Después, su memoria mostró una verdad que san Juan Pablo II subrayó al beatificarlos: la evangelización pertenece a todo el pueblo de Dios, también a los niños. Su conocimiento de las lenguas y su fe no eran adornos; permitían que otros escucharan. Canonizados en 2017 junto con Cristóbal, Antonio y Juan siguen corrigiendo una mirada que confunde pequeñez con inutilidad.
El capítulo siguiente reveló que su sí había hablado durante siglos, aun cuando la expedición pareció truncarlo.
01
Lo que parecía
Que dos niños eran demasiado pequeños para una misión peligrosa y que su muerte temprana volvía inútil el servicio que habían ofrecido.
02
Lo que descubrimos
Que el bautismo hacía real su responsabilidad misionera y que su sí siguió anunciando a Cristo mucho después de ser violentamente interrumpido.
03
Para tu vida
No diré «soy demasiado pequeño» para servir: hoy pondré mi palabra y mi capacidad concreta al alcance del Evangelio.
Oración
Una oración para hoy
Señor Jesús, por intercesión de Santos Antonio y Juan, sostén mi fe cuando no comprenda el camino. Enséñame a recibir tu luz y a responder hoy con una entrega concreta, humilde y verdadera. Amén.
Origen y referencias
Origen de esta meditación: Vida de unos santos. La etiqueta ayuda a distinguir la Escritura, la memoria de una vida, una tradición y la reflexión editorial, sin presentar unas como si fueran las otras.
- San Juan Pablo II, homilía de beatificación de Cristóbal, Antonio y Juan, Ciudad de México, 6 de mayo de 1990.
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